La música en el exilio español en México.

El fenómeno del destierro manifiesta en este arte resultados que difícilmente se igualan en otros aspectos de la cultura. Acerca de esta compenetración ejemplar. José Antonio Alcaraz, en una entrevista concedida a Josefina Estrada en 1979, opinaba que la aportación musical de los españoles refugiados era fundamental y fructífera, particularmente en el nivel de la enseñanza:

“La música mexicana -dice el escritor-, sin lugar a duda influencio a los españoles en formas muy variadas, lo mismo por aceptación que por rechazo, por interés directo que por confrontación. Habría que analizar cada una de las cosas para saber como fue esto: de lo que si estoy seguro es que ellos se volvieron importantes dentro de la vida musical mexicana”.

Llego a México una generación de músicos que provenían de los mas intensos centros culturales de España: Madrid y Barcelona. La mayor parte iniciados a la vida artística en los años veinte, experimentaron aquí una extraordinaria evolución de su vida profesional. Así, entre los que llegan a México Simón Tapia, Rodolfo Halffter, Adolfo Salazar, por mencionar algunos.

La industria cinematográfica, en los años cuarenta, estaba en México en un periodo de auge, ofrecía múltiples oportunidades de trabajo a músicos, escritores, escenógrafos. Entre los compositores que escribieron música de fondo para diversas películas están Gustavo Pittaluga, Rodolfo Halffter y etc.

La actividad de los músicos españoles en México ha sido muy variada. Se perfila así mismo en diferentes niveles: desde la música popular hasta la música clásica y la música experimental, tanto en el aspecto individual como el colectivo.

 

 

Referencia bibliográfica: Libro “El exilio Español en México. 1939-1982 -Música y Danza, Arturo Souto- ”

 

“Un mal día”. Golpe de Estado del 18 de julio de 1936

El 18 de julio de 1936 un grupo de militares perpetró su ansiado golpe de Estado contra el Gobierno democrático de la Segunda República Española. Secciones del ejército encabezadas por los generales fascistas se levantaron en armas. Los golpistas pensaban que triunfarían rápidamente y desde el inicio intentaron tomar la capital española para controlar el país, pero se encontraron con una defensa férrea que no esperaban. El pueblo español salió a las calles para salvaguardar la República de las fuerzas fascistas e hizo de la consigna “¡No pasarán!” el lema internacional de la lucha contra el fascismo. La Guerra Civil duró tres años, de 1936 a 1939.

Texto: Ramón Troncoso, en La Segunda República Española, surgimiento, caída y exilio, Ateneo Español de México, México, 2017.

Imágen: Fidel Cuesta Ruiz, “Un mal día. Alzamiento nacional”, 2017.

Los hermanos Mayo

Hacia los años veinte, Francisco Mayo se había iniciado en España como fotógrafo de aviación en el aeródromo militar de Cuatro Vientos. Sus ideas liberales y su pasión por la fotografía lo llevarían a ser testimonio objetivo de las grandes crisis históricas que culminarían en la guerra de 1939, como fue por ejemplo la sublevación de Asturias en 1934. Envuelta España al poco tiempo en la Guerra Civil, Francisco Mayo, a quien se unirían sus hermanos julio y Cándido como corresponsables grafico de guerra, captaría mediante sus fotografías muchos más de los dramáticos episodios del frente de Madrid.

El desenlace adverso de la guerra para el Gobierno Republicano, llevo a los hermanos mayo a los campos de concentración franceses, de los que fueron liberados por la ayuda de México.

Para México en el campo de la fotografía, la aportación de los hermanos Mayo es una de las mas importantes entre las realizadas en México por los refugiados españoles. Corresponsales gráficos de El popular y La Prensa durante la primera Fase de su estancia en México, ampliaron después sus actividades a un gran numero de revistas y diarios. Sus fotografías han aparecido en el Tiempo, Esto, Mañana, El Día, los múltiples diarios de la cadena García, Valseca, hasta llegar a convertirse en un registro documental de primer orden para quien quiera conocer la historia grafica de México de esos entonces.

Tan importante fue el papel que desempeñaron en el desarrollo de la fotografía mexicana que el año 2007 fueron declarados Premio Nacional de Periodismo de México en la categoría de trayectoria periodística.

El exilio republicano español en México

Embarque de Refugiados desde Francia, 1939. Salida desde el puerto Séttes a bordo del Sinaia, en el que viajo hacia México la primera expedición masiva. Archivo General de la Nación (México) Colección Promotora Cultural Fernando Gamboa. Fotografía tomada del libro “El exilio español en la Ciudad de México”.

 

La República en guerra solo contó con la solidaridad de hombres y mujeres antifascistas de diversas procedencias, como lo fueron, la Unión Soviética y tres países de América Latina; Chile, República Dominicana y México.

De ellos, México abrió las puertas y ofreció su ayuda material y diplomática de manera generosa. El presidente Cárdenas dio muy pronto instrucciones a sus representantes diplomáticos en Francia para que se ocuparan de los refugiados y prepararán su emigración a México. Las instrucciones que recibió el embajador en Francia, Narciso Bassols, fue que el 60% de los emigrantes deberían ser agricultores, el 30% artesanos y técnicos calificados y el 10% intelectuales por convenir así la realidad de la época.

La estancia de los refugiados en la Ciudad de México puede dividirse en dos etapas, el exilio provisional y el exilio organizado. “Provisional” por que en ella prevaleció la convicción de que el destierro seria transitorio. Y “organizada” por que durante este periodo desempeñaron un papel fundamental los organismos de ayuda que se encargaron de dar a los recién llegados techo, comida y subsidios, de crear empresas para ofrecerles empleo y de fundar instituciones que cubrieran muchas de sus necesidades.

El establecimiento de los refugiados en México fue afortunado para ambos. La mayoría de estos españoles encontraron en el país, además de paz y libertad, un terreno fructífero que les perito desarrollar sus múltiples capacidades. Y México, el desarrollo de diversos aspectos de la vida mexicana, tanto en las actividades productivas como en los ámbitos de cultura, la ciencia y el arte.

 

Referencia bibliográfica: Libro “El exilio español en la Ciudad de México” Documento que puedes adquirir en el Ateneo Español de México.

La España que sí estuvo en la creación de la ONU

 

Fotografía cedida por la ONU donde aparece el ex ministro de la República española, Julio Álvarez Del Vayo (d), y Herbert Vere Evatt, de Australia (c), mientras hablan con otras personas durante una celebración del aniversario del Pacto anglo-ruso el 25 de mayo de 1945 en el Hotel Mark Hopkins en San Francisco, California (EE.UU.). EFE

Eldiario.es

Hace justo 75 años, 50 naciones se dieron cita en San Francisco para firmar el tratado fundacional de la ONU. Allí no estaba España, bajo el franquismo, pero sí el exilio republicano, que aunque logró aislar temporalmente a la dictadura, nunca vio cumplirse las grandes expectativas que había puesto en la histórica cita.

Con la Alemania nazi y la Italia fascista derrotadas, aquellos eran los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial y los Aliados se preparaban para forjar un nuevo orden internacional, que tendría a Naciones Unidas en su centro.

Para las autoridades republicanas españolas, San Francisco debía ser el principio del fin del régimen de Francisco Franco, al que señalaban como una “creación” de Hitler y Mussolini, y por tanto, enemigo natural de los vencedores de la Guerra.

La ciudad californiana se convirtió durante unas semanas en el centro absoluto de la política internacional, con una reunión multilateral sin precedentes: 850 delegados, unas 3.500 personas participando directamente en la cita y más de 2.500 periodistas y observadores de distintas organizaciones.

Allí desembarcaron también las principales figuras del exilio: Indalecio Prieto, Álvaro de Albornoz, Félix Gordón Ordás, Antonio María Sbert, Juan Negrín y Julio Álvarez del Vayo, entre otros, formaron parte de una amplia delegación en la que estaban representadas casi todas las tendencias.

FRANCO, FUERA DE LA ONU

Sus argumentos eran claros: si la ONU iba a ser el hogar de todas las naciones amantes de la paz, en ella no tenía cabida la España de Franco, pero sí una España liberada de la dictadura.

“España -la auténtica, cuya representación no puede ostentar el actual Gobierno tiránico, impuesto por armas extranjeras- es un pueblo amante de la paz. Si estuviese libre, colaboraría con tanta sinceridad como quien más en la desaparición de las causas políticas, económicas y sociales de la guerra. El problema, pues, para que esa colaboración pueda ser efectiva, consiste en que España recobre su libertad”.

Así lo explicaba en un amplio memorando preparado de cara a la Conferencia de San Francisco la Junta Española de Liberación (JEL), la alianza del exilio republicano que había sido fundada en 1943 en México.

La JEL -con el respaldo de las autoridades mexicanas, con amplias simpatías alrededor del mundo y con una efectiva campaña de comunicación en Estados Unidos- fue capaz de influir de forma muy importante en San Francisco.

La Conferencia aprobó la llamada moción Quintanilla -por el nombre del delegado mexicano en la reunión- en la que, sin mencionar directamente a España, los países de la ONU acordaron vetar el ingreso de regímenes totalitarios implantados con el apoyo de “Estados que combatieron a las Naciones Unidas”.

“Este es el principal triunfo de la delegación republicana en la Conferencia de San Francisco”, explica a Efe el actual embajador español ante Naciones Unidas, Agustín Santos.

El primer objetivo del exilio republicano estaba conseguido, pues Franco no iba a ser admitido en la nueva organización. Era el principio de la llamada “Cuestión española”, bajo la cual durante los siguientes años se buscó desde la ONU aislar al régimen con una incansable labor diplomática de figuras como el socialista Fernando de los Ríos.

En 1946, la Asamblea General llegó a aprobar una resolución que recomendaba la retirada de embajadores de Madrid y vetaba a España el ingreso en organismos creados por Naciones Unidas.

Los éxitos, sin embargo, no fueron mucho más lejos, dado que el exilio republicano no logró un reconocimiento claro por parte del resto del mundo.

Desde Francia, una facción liderada por el Partido Comunista había buscado antes del fin de la Segunda Guerra Mundial abrir una campaña militar contra Franco para poder sentarse a negociar como un aliado más al acabar el conflicto, pero fracasó en su invasión del Valle de Arán. Mientras, la brecha dentro del PSOE entre el Gobierno de Juan Negrín en Londres y la corriente de Indalecio Prieto en México mantuvo abierta una división institucional en el peor momento posible.

DIVISIÓN REPUBLICANA

Esa división republicana es para muchos historiadores la clave que explica por qué las promesas que se abrían en San Francisco -principalmente que los vencedores de la Guerra reconocieran a un Gobierno republicano, forzaran la caída del franquismo y la vuelta de la democracia a España- nunca llegaron a materializarse.

“Para entender el fracaso de los representantes de la España republicana en San Francisco, puede haber otros matices, pero la clave sin duda es la fuerte división entre Prieto y Negrín”, apunta a Efe David Jorge, profesor e investigador del Colegio de México y especialista en la crisis de entreguerras y en la dimensión exterior de la guerra española.

Según recuerda, incluso en San Francisco hubo varios intentos de reunir a los dos líderes socialistas, que finalmente fracasaron por la negativa de Prieto.

A juicio de este historiador español, “el no presentar claramente una posición claramente unitaria al final de la Segunda Guerra Mundial fue trágico para las posibilidades de una restauración republicana”.

El rápido paso a un contexto de Guerra Fría, con España en la zona de influencia Occidental, hizo el resto. Para potencias como Estados Unidos o el Reino Unido, sin Hitler y Mussolini, Franco ya no suponía una amenaza y sí un posible escudo ante el avance del comunismo.

Así, poco a poco fueron buscando un acercamiento con Madrid y en 1950 la Asamblea General de la ONU aprobaba una nueva resolución que daba marcha atrás al veto contra España y a la recomendación de aislarla diplomáticamente que se había aprobado en 1946.

Cinco años después, el 14 de diciembre de 1955, España ingresaba en Naciones Unidas como miembro de pleno derecho.

Natalicio de Antonio Rodríguez Luna

Antonio Rodríguez Luna nace el 22 de junio de 1910 en Montoro, Córdoba, España, desde pequeño desbordo talento e interés por la pintura. A los 10 años se dirigió a Sevilla para estudiar pintura, en 1929 muestra su obra individual en el Ateneo de Madrid y al año siguiente le adquirieron una obra para el Museo de Arte Moderno de Madrid.

La Guerra Civil Española y sus pinturas son dos hilos que se entrelazan de una forma compleja, por un lado, esta una larga línea pintores que forman su educación artística, y por otro el contexto social en el que fueron desarrolladas sus obras. Por lo que a los años 30 se consolida como un gran artista, al expresar una idea social y revolucionaria en cada una de sus pinturas desde una perspectiva surrealista de lo que fue para él la guerra.

En el Ateneo Español de México contamos con algunas de sus obras que fueron donadas por Arregui-Puche.

“Danza de los concheros”, s. f. / Reproducción litográfica, 40 x 31.5 cm / Por Antonio Rodríguez Luna / Obra que forma parte de la colección plástica del Ateneo Español de México.

 

Referencia: “El exilio Español de México 1939-1982.” documento que pertenece a la Biblioteca del Exilio del Ateneo Español de México.

 

 

Apoyo a la comunidad del Colegio Madrid

La pandemia del COVID-19 ha impactado a toda la comunidad del Colegio. Entre otros efectos, el programa de becas se vio severamente afectado por la cancelación de La Verbena y de La Comida de Exalumnos, que cada año generan la mayor parte de los recursos de dicho programa.

Si te interesa ayudar, da clic en la siguiente imagen y obtén mas información:

REDES OFICIALES DEL COLEGIO MADRID

PÁGINA WEB – https://colegiomadrid.edu.mx/
FACEBOOK – https://www.facebook.com/ColegioMadridMX/
INSTAGRAM – https://www.instagram.com/colegiomadridmx
TWITTER – https://twitter.com/ColegioMadridMX
YOUTUBE – Colegio Madrid MX – https://www.youtube.com/channel/UCp56zD8gM2YGJPNCWPRMVvg
LINKEDIN – https://www.linkedin.com/company/colegiomadridmx
MADRID COMUNICA – https://www.madridcomunica.com/

Viaje en el Sinaia. 81º aniversario. 3ra y última parte.

Recibimiento en Veracruz. Foto: Hermanos Mayo. Archivo del Ateneo Español de México.

También se desarrolló entre los pasajeros del Sinaia una vinculación responsable con el pueblo que los acogería, por lo cual tenían la firme decisión de responder a la hospitalidad que México y su Gobierno les otorgaba.

Uno de los tantos instantes emotivos que recuerda Adolfo Sánchez Vázquez es cuando una mañana en la bodega que compartía con Juan Rejano y Pedro Garfias, este último “saltó de su litera y empezó a recitar el poema que había concebido y gestado durante toda la noche”[1] se refería a “Entre España y México”, del cual este filósofo y escritor destacó el siguiente fragmento:

Como en otro tiempo por la mar salada

te va un río español de sangre roja,

de generosa sangre desbordada..

Pero eres tú, esta vez quien nos conquista

y para siempre, ¡Oh vieja y nueva España![2]

En los relatos se repite otro recuerdo y es la escala en Puerto Rico, el día 6 de junio. Se dio la instrucción de no dejar bajar a los pasajeros, excepto a dos, para que fueran entrevistados por unos periodistas, éstos fueron Adolfo Vázquez Humasqué y Antonio Zozaya; a pesar de las prohibiciones de descender, los lugareños les hicieron llegar frutas, caramelos y cigarros, también les realizaron una recepción, “con centenares de miembros del Frente Popular Español de Puerto Rico”[3].

Conforme se iban acercando a su destino las indicaciones para el desembarco comenzaron a proporcionarse, se dio aviso de que todos debían contar con una ficha médica en orden y, si no contaban con las vacunas, tenían que acudir a aplicárselas. También debían llenar sus fichas profesionales y se les comunicó que el descenso se realizaría por familias con la ya mencionada ficha médica y su pasaporte en mano.

Por lo tanto, en tierras mexicanas también se encontraban organizando los preparativos para el arribo de los pasajeros del Sinaia y su destino en territorio mexicano; Francisco Méndez Aspe, miembro del Gobierno de Negrín, traía instrucciones y recursos económicos para este grupo de refugiados.

Para ocuparse de los detalles de la admisión, desembarque y alojamiento provisional, se creó el Comité Técnico de Ayuda a los Refugiados Españoles, para trabajar en conjunto con las autoridades mexicanas para el registro de los pasajeros, además de proporcionar medios para su manutención y alojamiento y así no generar un gasto económico al gobierno de México.

El buque Sinaia entró a la bahía de Veracruz a las cinco de la mañana el día 13 de junio de 1939, tapizado con carteles que proclamaban Viva México, Viva España, ¡Viva Cárdenas! ¡Viva Negrín!, ¡Negrín tenía razón!, La Juventud Española saluda a México[4], a las seis horas el buque atracó en el muelle, a las nueve de la mañana subió el doctor Negrín, quien estuvo con ellos alrededor de tres horas, a las diez de la mañana le siguió Vicente Lombardo Toledano, presidente de la Confederación de Trabajadores de México, junto con Fernando Casas Alemán, gobernador de Veracruz; el secretario de gobernación Ignacio García Téllez y Alejandro Gómez Maganda quien iba en representación del presidente Lázaro Cárdenas[5].

A las 11 de la mañana se inició el descenso. Sánchez Vázquez recuerda el momento de pisar tierra firme, sentir la emoción en todo el cuerpo al ver y escuchar a los miles de obreros que saludaban desde el muelle agitando sus brazos, alzando sus estandartes y pancartas y lanzando entusiastas consignas[6] “para recibir a los heroicos defensores de la República”[7]. Se inició un mitin en el puerto que culminó en el Palacio Municipal, plaza en la cual se dio la recepción oficial, García Téllez, Gómez Maganda y Lombardo Toledano dirigieron a los recién llegados discursos de bienvenida, la Agrupación Musical Madrid (Antigua Banda del Quinto Regimiento Español), interpretó los himnos de España y México, piezas mexicanas como la Adelita, la Cucaracha. El acto culminó pasada la una de la tarde, momento en el que comenzó la distribución para alojar a los refugiados, en la bodega La Terminal los hombres solos, en la Escuela Naval familias de personas con profesiones intelectuales; en la escuela Prevocacional, en la Escuela Cantoral y en el Vapor Manuel Arnus, otras familias. Dada la organización previa, estos lugares ya se encontraban adaptados para albergar a los exiliados con agua potable, servicios sanitarios y camas[8].

Según la información que refiere el Documento Quintanilla, el estado civil de los pasajeros fue de 847 casados, 452 solteros, 253 menores, 44 viudos y 3 divorciados; con un sorprendente índice de analfabetismo de 1.1%; de las más diversas profesiones entre las cuales podemos mencionar médicos, abogados, químicos, veterinarios, peritos, agrónomos, profesores y catedráticos, siendo estos últimos la cantidad mayor de profesionistas que vinieron en esta embarcación con 88 personas. En cuanto a otros oficios, hubo de igual forma una gran variedad: ebanistas, alpargateros, carniceros, militares, pescadores y, en mayor cantidad, los agricultores, con 172 personas.[9]

Es así como la llegada del Sinaia a Veracruz marcó el comienzo de la larga marcha del exilio en México. Paradójicamente, un final y un comienzo, ya que este viaje significó la esperanza ante el porvenir, pero también significó el abandono de su patria[10] para empezar una vida nueva en otro territorio, reivindicar los ideales republicanos, mantener una cohesión como comunidad para enaltecer su cultura hispánica.

Investigación: Ariadna Lilián Rodríguez Argueta, responsable de Archivo y Biblioteca del Ateneo Español de México.

[1] Sánchez Vázquez, Adolfo, “Recordando al Sinaia” en: Del Exilio en México. Recuerdos y reflexiones, Grijalbo, México, 1991, p. 26.

[2] Ibídem.

[3] Matesanz, José Antonio, “Con México presente en la esperanza” en: Raíces del exilio. Mexico ante la guerra civil española 1936-1939, Colmex – UNAM, México, 1999, p. 422.

[4] Ibíd., p. 446.

[5] Ibíd., p. 447.

[6] Sánchez Vázquez, Ibíd., p. 26-27.

[7] Ibíd., p. 446.

[8] Ruiz Funes, Concepción y Tuñón, Enriqueta, Palabras del Exilio. Final y comienzo Sinaia, INAH – SEP, México, 1982, p. 188.

[9] “Llegada del Vapor Sinaia” en Quintanilla, Patricio, Memoria de las Actividades realizadas por la Delegación de Veracruz. Comité Técnico de Ayuda a los Españoles en México, México, 1939. Fondo Histórico del Ateneo Español de México, caja 29, fojas 32-38.

[10] Ruiz Funes y Tuñón, Op. Cit. p. 14.

Viaje en el Sinaia. 81º aniversario. 2da Parte.

“Sinaia” por Germán Robles. Colección Plástica del Ateneo Español de México.

Como lo mencionó Adolfo Sánchez Vázquez, el riesgo de una travesía tan prolongada, en las circunstancias dolorosas en que se llevó acabo, sumadas al tedio y la monotonía, acrecentaron los recuerdos amargos y la nostalgia, lo que en algunos provocaba depresión. Poco a poco esto se modificó y los sentimientos se convirtieron en esperanza. Susana Gamboa, pareja del principal ejecutor de la política de asilo y organizador de dicha expedición, Fernando Gamboa, decidió a los tres días del viaje anunciar a los pasajeros que se realizaría una serie de actividades culturales. Se llevaron a cabo conferencias por parte de los profesores, las cuales eran pronunciadas en los altavoces de las cubiertas del buque. Hablaron sobre México, temas de historia, problemas sociales, económicos y políticos del país al cual llegarían, todo esto como una manera de orientarlos en su eventual adaptación a la tierra que los recibiría.

También, por este mismo medio, se promovían actividades como reuniones, fiestas, bailes, exposiciones artísticas, recitales como los que dieron Pedro Garfias y Luis Iniesta, así como concursos literarios y conciertos con la “Agrupación Musical Española” bajo la batuta del maestro Oropeza; para todo ello se formaron comisiones organizadoras. Durante el trayecto había un gran cuidado por los menores y su bienestar, por lo cual se realizaron actividades enfocadas a ellos, tales como clases de gimnasia, cenas especiales o el regalo de dulces; es así como los pasajeros pudieron disfrutar de actos culturales y hacer menos tedioso el viaje.

Otra de las actividades que realizaron fue iniciar la reproducción en mimeógrafo del periódico Sinaia. Diario de la primera expedición de Republicanos españoles a México, a cargo de Juan Rejano, Manuel Andújar (Manuel Culebra Muñoz) y Ramón Peinador, con la colaboración de Ramón Iglesia, Ramón Tarragó Germán Horacio Robles, Juan Varea y José Bardasano. En esta publicación también participaron obreros de diversos oficios y maestros de primera enseñanza; durante la tarde, los miembros de la redacción se reunían en el comedor del puente[1] para organizar los contenidos del día siguiente. Este diario les proporcionó a los pasajeros conocimientos básicos sobre el país al que se dirigían, ente los que se cuentan los artículos “Ideas del presidente Cárdenas”, “Economía agrícola Mexicana”, “Los petróleos mexicanos”, “¿Cómo es la tierra de México?”, “Geografía de México”, “Los corridos de la Revolución Mexicana”[2], entre otros. Abardaban temas como “Lo que pasa a bordo”, sección en la cual anunciaron el nacimiento de una niña que fue nombrada Susana Sinaia Caparrós Cruz y el de un niño llamado Miguel Ochoa Madrid; otra sección informativa era “Lo que pasa en el mundo” en la que anunciaban principalmente la situación de España. Cabe resaltar que este periódico es una gran fuente documental que ha servido para reconstruir la vida a bordo, los intereses de los refugiados y sus preocupaciones, entre las que se encontraba la conservación de la unidad republicana una vez instalados en México.

Con todo esto se da una muestra de la enorme organización que se alcanzó, tanto para la realización de las actividades y la elaboración del periódico, así como para la promoción del orden y respeto de las indicaciones en favor de la óptima convivencia: cuidar el agua, “no hacer demasiadas colas, no estorbar el paso de la tripulación, no hablar a gritos cerca de los dormitorios de los oficiales que hacían turno por la noche y descansaban durante el día”[3], entre otras.

Durante la travesía se fue conformando la manera en que los refugiados españoles iban a desempeñarse en México, ya que desde el principio tuvieron la conciencia del compromiso que adquirían con el país que los acogía, así como el apoyo a la política de Cárdenas, por lo que llegaron a la conclusión de que la forma de retribuir sería a través del “trabajo, la técnica y la mano de obra”[4].

Muchos también tenían la clara idea de que no eran un grupo que se diera por vencido, a pesar de dejar su patria, familia, hogar, pertenencias y haber sido derrotados militarmente. Ello contribuyó a que fueran fuertes moralmente por haber resistido hasta el final con sus ideales republicanos firmes, ya que la defensa y el cumplimiento de estos seguían en pie, tal como se muestra en la siguiente cita:

Vamos a México. El Atlántico, progresivamente, va quedando atrás. Dentro de breves días, tierras para nosotros desconocidas, se abrirán ante nuestros ojos y nos brindaran, su asilo, su fraternidad.

No vamos de turistas; somos, simplemente refugiados políticos acogidos a una generosa hospitalidad.

Por ello, desearíamos que cada uno, particularmente, se trazase una conducta a seguir, basada en el principio de mutua convivencia y de simpatía hacia el pueblo que nos acoge. Pero también queridos compañeros, debemos tener siempre en cuenta, hasta en los detalles más nimios e insignificantes, que nuestra causa sigue en pie, y que; en todo momento aportaremos el grado de colaboración a esa idea, según el comportamiento cívico que desarrollemos a los ojos del Nuevo Mundo[5].

En la embarcación se desarrolló un sentido de cooperación anulando comportamientos egoístas por  intereses personales, este aspecto lo resalta Sánchez Vázquez con una cita de Manuel Andújar: “a pesar del llamado individualismo español, hubo una coordinación y un sentido colectivo que nos mantuvo unidos; los del Sinaia éramos una comunidad”[6] este grupo que cruzaba el Atlántico en los dieciocho días de viaje tuvo este periodo para modificar de ser un conjunto heterogéneo y de familias aisladas, en una verdadera comunidad dispuesta a enfrentar su nuevo rumbo.

Investigación: Ariadna Lilián Rodríguez Argueta, responsable de Archivo y Biblioteca del Ateneo Español de México.

[1] Matesanz, José Antonio, “Con México presente en la esperanza” en: Raíces del exilio. Mexico ante la guerra civil española 1936-1939, Colmex – UNAM, México, 1999, p. 417.

[2] “Diario del Sinaia” en Los barcos de la libertad. Diarios de viaje Sinaia, Ipanema y Mexique (mayo-julio 1939), Colmex, México, 2006, p. 15-139

[3] Matesanz, ibíd. p. 419

[4] Ibídem.

[5] “Diario del Sinaia”, p. 47

[6] Sánchez Vázquez, Adolfo, “Recordando al Sinaia” en: Del Exilio en México. Recuerdos y reflexiones, Grijalbo, México, 1991, p. 24.

Viaje en el Sinaia. 81º aniversario. 1ra Parte.

“La ruta seguida por el vapor Sinaia” en el Documento Quintanilla. Archivo del Ateneo Español de México.

El vapor Sinaia partió del puerto Mediterráneo de Sète, en Francia, a la 1:30 de la tarde del jueves 25 de mayo de 1939. Se distinguió porque fue la primera expedición organizada por el Gobierno mexicano y la República española que por entonces salía al Exilio; los mismos tripulantes la nombraron como la Primera expedición de republicanos españoles a México[1], llevada a cabo gracias al generoso ofrecimiento de asilo del presidente Lázaro Cárdenas, el trabajo conjunto de Juan Negrín y Narciso Bassols, así como el apoyo de las Sociedades Hispanas Confederadas y de los Comités Norteamericano y Británico de Ayuda a España[2]. Esta expedición reflejó en su composición la gran diversidad social, ideológica, política y profesional de la nación española, que estaba saliendo de una Guerra Civil e iniciando una larga dictadura.

La preparación y organización del viaje se inició desde días antes del fin de la Guerra, cuando ya era evidente la necesidad de un plan de evacuación. Con la caída de la República, los combatientes y civiles quedaron desprotegidos en el territorio español, mientras que quienes lograron cruzar la frontera francesa pudieron huir de la opresión franquista, aunque su única opción era ingresar a los campos de concentración.

En esta situación de incertidumbre, llegó a la Embajada de México en Francia el mensaje de Lázaro Cárdenas. No solo era un comunicado para mostrar solidaridad con la causa del pueblo español —de la cual México había dado muestras reiteradas a lo largo de la Guerra Civil—, sino como lo mencionó el filósofo Adolfo Sánchez Vázquez,un ofrecimiento de ayuda generosa y tangible como la que representaba abrir las puertas de país a los que no podían volver a su patria”[3].

Antes de que terminara el conflicto español, el presidente Cárdenas comunicó a Julio Álvarez del Vayo que el embajador de México en París, Narciso Bassols, llevaba instrucciones para los españoles que deseaban ir a México. En el cumplimiento de esas instrucciones hubo otro personaje de relevancia: se trata de  Fernando Gamboa, quien tuvo un papel muy importante en la organización y estricto cumplimiento de estas indicaciones.

Desde el 24 de mayo, en el puerto francés de Sète, ya había un grupo de personas esperando. La otra parte de los pasajeros llegó al siguiente día en trenes donde fueron separados los hombres de las mujeres, todos procedentes de diversos refugios o campos de concentración de Francia. Según testigos, se respiraba un ambiente de duda, dolor y sentimientos encontrados; traumatizados por las horribles vivencias, la mayoría con los bolsillos vacíos, unos cuantos sin documentación migratoria, otros más con la incertidumbre de llegar a un país completamente desconocido, ya que la mayoría sabía muy poco acerca de México. Otros estaban profundamente tristes por dejar España y, en muchos casos, a sus familias, aunque un tanto felices de dejar atrás la Guerra y con el sentimiento de ir hacia la libertad.

Según testimonio de Angelines Dorronsoro, ella y su familia, llegaron el 24 de mayo a las diez de la mañana a Sète y el barco ya estaba ahí. Menciona que Fernando y Susana Gamboa hicieron una labor increíble, porque fueron ellos mismos quienes los embarcaron; relata que estuvieron largas horas esperando zarpar, todos hambrientos, cansados; particularmente, los niños estaban ya desesperados. A la una de la madrugada el Comité Británico repartió té y galletas, lo que fue un gran alivio para todos[4].

En entrevista con Enriqueta Tuñón, el profesor Emilio Rodríguez Mata recordó que al abordar todo era confusión, los comenzaron a acomodar según su familias, edad, sexo, estado civil y filiación política y social. Señaló que fue la señora Susana Gamboa quien realizó esta selección[5].

A la una de la tarde del 25 de mayo de 1939, los 1599 pasajeros salieron al mar. La señora Josefa Santamaría rememoró que el puerto estaba lleno de franceses que habían acudido a despedirlos mientras que una orquesta tocaba los himnos[6].

Como ya se mencionó, el acomodo de los pasajeros se realizó por familias. A los que tenían hijos les daban camarotes solos, mientras que a los solteros los instalaron en la bodega[7]. Otros relataron que el alojamiento era muy malo, ya que el buque no era de pasajeros si no de carga y lo adaptaron para transportar a los refugiados. Era un “barco destartalado”[8], donde no había ventilación y el calor era sofocante en algunas áreas.

La travesía del Sinaia duró dieciocho días en los que fueron constantes las incomodidades y carencias. Pero esto, comparado con las penurias sufridas durante tres largos años de combate y en los campos de concentración, eran “pequeñas molestias” para los pasajeros.

El 26 de mayo cruzaron el estrecho de Gibraltar, donde sucedió uno de los momentos más emotivos y que quedó en la memoria de la mayoría de los pasajeros, no obstante la ilusión de que pronto volverían a pisar su tierra. Cuando cruzaban por ahí y veían a España por última vez, el escritor y periodista Antonio Zozaya (quien días después, el 3 de junio, cumpliría 80 años a bordo del Sinaia), pronunció un poema desde el altavoz:

Mirad a los lejos aquella quebrada línea oscura que se alza sobre el mar. Al contemplarla desde la cubierta del buque nos lleva a otras tierras, al luminoso México, que generosamente nos dispensa un acogimiento fraternal, al Nuevo Mundo, a donde llevamos el peso de tantas amarguras, se nos oprime el corazón. Es la patria amada que se aleja, que pronto se disipará ente las brumas oceánicas y que, hoy sepultada en negras cenizas humeantes, solloza bajo el yugo opresor… ¡Qué pena tan honda!  ¡Cuántos de nosotros volveremos a pisar su suelo sagrado! ¿Cuántos podrán encontrarla redenta, emancipada, gozando de las venturas de una verdadera democracia, en que todos los hombres sean hermanos y en que todos comulguen en las ideas de paz, de progreso y de libertad?….Tu España, resurgirás, más deslumbrante y poderosa que nunca… ¡Adiós, Patria que te alejas, adiós![9]

 

Investigación: Ariadna Lilián Rodríguez Argueta, responsable de Archivo y Biblioteca del Ateneo Español de México.

 

[1] Matesanz, José Antonio, “Con México presente en la esperanza” en: Raíces del exilio. Mexico ante la guerra civil española 1936-1939, Colmex – UNAM, México, 1999, p. 416.
[2] Ibíd., p. 416
[3] Sánchez Vázquez, Adolfo, “Recordando al Sinaia” en: Del Exilio en México. Recuerdos y reflexiones, Grijalbo, México, 1991, p. 20.
[4] Entrevista a Angelines Dorronsoro en: Ruiz Funes, Concepción y Tuñón, Enriqueta, Palabras del Exilio. Final y comienzo Sinaia, INAH – SEP, México, 1982, p. 68
[5] Entrevista a Emilio Rodríguez Mata, en ibíd., p. 69
[6] Entrevista a la señora Josefa Santamaría, en ibídem.
[7] Entrevista a la señora Juana Francisca Rubio por Elena Aub en ibíd, p. 70.
[8] Entrevista a la señora Teresa Armendares realizada por Enriqueta Tuñón, en ibíd, p. 81.
[9] “Diario del Sinaia” en: Los barcos de la libertad. Diarios de viaje Sinaia, Ipanema y Mexique (mayo-julio 1939), Colmex, México, 2006, p. 19.

El Ateneo Español de México publica la ‘Memoria del Ateneo Español de México, 1949-2019’

Esta obra es la culminación de los actos conmemorativos del ochenta aniversario del exilio español y de los setenta años de la entidad cultural.

Por Begoña Ayuso
Diario España Exterior

Ernesto Casanova

El 4 de enero de 1949 nació el Ateneo Español de México con el fin de “promover la cultura y la ciencia española en México y fomentar la expresión de ideas, sin sectarismos y en beneficio de la humanidad”. Hoy, 71 años después, se publican las Memorias 1949-2019, de esta institución emblemática que resguarda uno de los archivos más importantes del exilio español.

La idea surgió el año pasado, explica su actual presidente Ernesto Casanova, al coincidir dos efemérides muy significativas: los ochenta años del exilio republicano español y los setenta años de la fundación del Ateneo Español de México. “La conmemoración tuvo un gran alcance porque tanto en México como en España se formaron comisiones exprofeso encargadas de organizar actividades para recordar a los miles de españoles que tuvieron que salir al exilio al finalizar la Guerra Civil”, explica Casanova.

Entre las instituciones que formaron parte de esta conmemoración, el Ministerio de Justicia de España tuvo una participación singularmente activa, ya que gracias a su apoyo fue posible llevar a cabo diversas actividades como: exposiciones, el montaje de una obra teatral y la publicación de algunos libros, entre ellos, la reedición actualizada de la presente Memoria del Ateneo Español de México, escrita por José María Espinasa, gran conocedor del tema y coordinador de Museos de la Ciudad de México.

Portada del libro sobre la historia del Ateneo Español de México.

 

“Como muchos saben, nuestra asociación civil se fundó con la intención de ser un espacio abierto y plural para todos los exiliados, independientemente de su ideología o filiación política, por lo que su historia está estrechamente emparentada con la memoria histórica del exilio español y con la promoción de los valores de la democracia, la paz y la justicia, los cuales son un legado de la república española. Como descendientes de los refugiados españoles, es nuestra responsabilidad seguir preservando y divulgando esta memoria, demostrando que el exilio es una historia viva que sigue dando mucho de qué hablar, como se demostró en los importantes actos en los que participamos el año pasado”, señala el presidente del Ateneo.

Y adelantó que, una vez que pase esta situación de crisis sanitaria, se ha contemplado llevar a cabo la presentación de esta reedición actualizada de la Memoria del Ateneo Español de México, publicada en 2012, y que es la culminación de las celebraciones realizadas el año pasado, las cuales iniciaron con la visita del presidente de España, Pedro Sánchez a sus instalaciones; continuaron en los siguientes meses con una serie de actos en el puerto de Veracruz, con altos funcionarios tanto mexicanos como españoles; y en ambas cámaras legislativas (diputados y senadores) en donde se organizaron sesiones solemnes para el festejo, e incluso se colocó en el Muro de Honor del H. Congreso de la Unión, la inscripción en letras de oro ‘Al Exilio Republicano Español’, debajo del nombre del general Lázaro Cárdenas, a quien se le rindió homenaje en un acto que se realizó en septiembre en el Salón de Cabildos de la Ciudad de México. Como cierre, en noviembre depositaron una cápsula del tiempo en el Colegio de México, con el fin de que sea abierta en el centenario del exilio, en el año 2039.

Finalmente, Casanova aprovechó para destacar la participación de Cuauhtémoc Cárdenas, quien fue nombrado por el Gobierno de México como presidente de la Comisión Organizadora de Actos Conmemorativos por los 80 años del exilio republicano español, y que participó en muchos de los eventos realizados a lo largo del año y quien, en agradecimiento por su labor y apoyo, será nombrado Socio de Honor del Ateneo Español de México.

Una historia que vale la pena conocer y no olvidar

Memoria del Ateneo Español de México, 1949-2019, está disponible en versión digital en la web del Ateneo.

Es una edición actualizada de la publicada en 2012, realizada con el apoyo del Ministerio de Justicia de España, en donde se muestra el largo recorrido de esta institución clave no solo en la historia del exilio español en México, sino en la vida cultural del país. “Es una memoria que quiere tener algo de álbum de familia y de testimonio colectivo, de homenaje y de celebración”, se indica en el volumen.

Fundado en 1949 por iniciativa del exilio republicano español, el Ateneo se transformó pronto en un pequeño pero influyente núcleo sintetizador del pensamiento y la cultura hispano-americana. Allí se reunieron los hombres más distinguidos de las letras, el arte, la música, la ciencia y el pensamiento contemporáneo, tanto de México como de España. Los beneficios fueron muchos.

Sin embargo, el inicio no fue fácil. Tuvo que contar con la colaboración de distintos gremios del exilio –los médicos que se habían agrupado en el Ateneo Ramón y Cajal y los escritores de la revista Las Españas, entre muchos otros–, que se organizaron en la primera sede, ubicada en la calle de Morelos, en donde se mantuvo más de 35 años. A ella siguieron la de Bolívar y la actual en la calle de Hamburgo, en la Ciudad de México. Actualmente es la única institución no escolar creada por el exilio que sobrevive y se mantiene activa.

En los primeros años se crearon la biblioteca y el archivo, dos vertientes fundamentales del Ateneo Español en México. La primera contiene una de las más valiosas colecciones de impresos –revistas y libros– del exilio español, y el segundo constituye una de las fuentes documentales más importantes para el estudio del exilio, de su interacción con la cultura mexicana y la evolución de sus intereses; un archivo que custodia documentos de primera mano que son únicos.

Una tercera vertiente se desarrolló con singular fortuna: una colección pictórica que es a un tiempo la mejor pinacoteca del exilio y muestra de generosidad de pintores y personas que, con sus donaciones, contribuyeron a crear este valioso acervo.

Retos de futuro

El Ateneo Español en México es una institución consolidada y en crecimiento. “Nuestra base de asociados prácticamente se ha duplicado en los últimos años y hemos firmado una serie de convenios interinstitucionales que nos han permitido ofrecer algunos beneficios a nuestros asociados, así como expandir la participación del Ateneo en la sociedad, al poder contribuir con instituciones que se dedican a temas educativos, como Fundación Telefónica, con quien colaboramos en la administración de algunos de sus proyectos”, explica el presidente de la asociación.

Gracias a esto y a la presencia de los asociados protectores, han podido construir una base económica estable que les permite preservar los valores que dan sentido a la existencia de la institución, principalmente “mantener viva la memoria histórica del exilio republicano español”, señala Ernesto Casanova.

Pero como todos, tiene retos por delante. “Uno de los más grandes es la incorporación de las nuevas generaciones a nuestra labor, lograr suscitar el interés en estos temas y sumar su participación, por lo que tenemos que pensar nuevas estrategias para lograr atraer a estos públicos”, señala Casanova.

Otro propósito que sigue siendo muy importante, afirma el directivo, es la preservación y la divulgación de esta memoria del exilio a través de los importantes acervos documentales que se resguardan en su archivo y biblioteca. “Contamos con una colección única en el mundo de materiales especializados en la II República española, guerra civil y exilio, la cual seguimos alimentando con la incorporación de fondos personales, bibliografía, hemerografía y otros documentos que sirven para que los estudiosos del tema cuenten con fuentes valiosas y de primera mano”.