LEONORA CARRINGTON, MAGA Y MARTIR DEL SURREALISMO

Tomamos prestado el siguiente artículo de la Revista de Occidente, publicada por la Fundación Ortega y Gasset

http://www.ortegaygasset.edu/publicaciones/revistadeoccidente

LEONORA CARRINGTON, MAGA Y MARTIR DEL SURREALISMO

Por Javier Martín-Domínguez

“Vacilo, lo confieso, en dar este salto,

tengo miedo de caer

en lo desconocido sin límites”

 André Breton. L´ámour fou

            La joven de larga cabellera está sentada en el centro de la estancia sobre una butaca azulada y roja cuyas patas semejan zapatos de tacón puntiagudos. Mira fijamente al frente, con una mirada desafiante. Tiene posada su mano derecha en el sillón y la izquierda levantada a media altura- con sus dedos en posición de sortilegio -dirigida a una hiena que está a su lado. No es el único animal. Colgado en la pared, aparece un caballito de cartón infantil cuyo balancín parece atravesarle la cabeza por su situación a su espalda; y por la ventana historiada con un cortinaje amarillo podemos ver otro caballo, también blanco, que corre al galope entre arboles alejándose de la escena, sugiriendo huida y libertad. Ella viste unos pantalones blancos ajustados de montar, camisa marrón y chaqueta verde. El resto de la estancia está vacía, sin muebles,  y su suelo compuesto por baldosas donde se proyectan las sombras de la joven y la hiena.

Así se retrató Leonora Carrington, como una maga, protagonista de su Inn of the down horse, Autorretrato en la posada del caballo del alba. Parecen los elementos de un sueño para interpretar, las claves de una personalidad no revelada, los deseos por cumplir y el futuro por conquistar. Podría ser un exorcismo en marcha o una acción mágica. La artista tenía poco mas de veinte años cuando plasmo tan expresivo retrato de si misma. Vivía en una casa de campo al sur de Francia en Saint Martin d´Árdeche, junto a su amante, el pintor alemán Max Ernst, uno de los mas reconocidos en el mundo del arte europeo a mediados de los años treinta. Realizado en un momento de estabilidad y felicidad de la pareja, el cuadro ya muestra algunas de la líneas maestras de la obra de Leonora Carrington: su carácter biográfico, la  estructura clásica en la composición y disposición de los elementos pictóricos, su gusto por los animales y el color, y especialmente el aire enigmático resultante de la suma de los elementos presentados y la composición. La obra invita a cuestionar que pasa ahí, que quiere expresarse en este tableau vivant, que secreto esconde esta historia pintada.

Este revelador autorretrato, que hoy cuelga de las paredes y formar parte de la colección del Metropolitan Museum de Nueva York, estuvo a punto de desaparecer cuando Max Ernst fue confinado en un campo de concentración por la invasión nazi de Francia. Ante el peligro que acechaba, Leonora decidió abandonar la casa que compartían y con la ayuda de unos amigos viajar a España en busca de un salvoconducto para Max en el año 40, recién terminada la Guerra Civil. En su precipitada huida, Leonora dejó su obra y varias mas de Max Ernst en la casa de Árdeche. Al escapar del segundo campo donde estuvo internado, fue Max  quien paso de nuevo por la casa, ya ocupada por otras personas, y rescató las obras. Hay un testimonio fotográfico de los cuadros de la pareja colgados de un árbol en Villa Air Bel, en Marsella, donde el grupo surrealista y otros artistas e intelectuales esperaban la salida hacia el exilio huyendo de los nazis con la ayuda de Varian Fry.

Sola, mágica y vital. Así encontré a Leonora casi setenta años mas tarde, en su última casa, la de la calle Chihuahua en la colonia Roma de Ciudad de México, donde accedió a recibirme, a conversar durante días y a sentir la fuerza de su personalidad y respirar el aire surrealista que la envolvía. En el piso bajo, a continuación del salón de nuestra reunión primera, se abre una puerta a la cocina donde su cuidadora Yolanda prepara el agua para el té. Es amplia, con una mesa redonda de madera a juego con el aparador donde se ven fotos de sus antiguos gatos y de la Reina de Inglaterra sujetas entre los cristales. Guiños a su país de cuna. Subimos a la primera planta por la escalera desdoblada en dos tramos y en otro salón abierto con chimenea de obra veo desplegados varios de sus cuadros, destacando La Giganta. Me muestra dos grandes telas hilvanadas con hilos de oro que representa dos imágenes que parecen dragones también obra suya. “Para estos me ayudó Chiki”. Hablamos de su marido, el fotógrafo intimo de Robert Capa, con el que escapó de Hungría cuando sus ideas socialistas hacían peligrar su vida.  Al final del pasillo abierto, una puerta de cristal da paso a su estudio. “Tengo otro arriba, pero este es mas calentito” Sin rogarle, se dispone a subir los peldaños metálicos de la escalera de caracol que conducen al piso alto y me abre el otro lugar de trabajo. Con cara de niña traviesa abre un armario y me muestra el que dice es su ultimo cuadro. “Ya no puedo pintar mas, los pinceles ya no obedecen a estas manos” Y culminamos la subida a la azotea, donde unos viejos cacharros componen una escultura orgánica que sin duda ha salido de la imaginación de esta mujer que sigue mirando de tú a tú a su jacaranda que lo llena todo, el espacio y los ojos, como una grácil prisionera entre muros, pero satisfecha de su destino trepando hasta el cielo. Estamos como subidos a las ramas, alcanzado a tocar las hojas pequeñas, estiradas y sutiles de este árbol que parece una plantita agrandada. El tronco ya se ha hecho poderoso y deja adivinar unas raíces solidas y profundas. Pero su gracia esta sin duda en este entramado de ramas que parecen bailar con la escasa brisa y agitar sus hojas suavemente rozándose con el aire del atardecer. Desde este ultimo piso de la casa de Leonora dan ganas de irse por las ramas de la jacaranda; y subir o bajar por ellas como peldaños hacia un pozo de las maravillas.

Solo un árbol puede hacer un paraíso. La jacaranda, que apenas tenía un palmo cuando se plantó, se ha aupado hasta el cielo sujeta en sus raíces solidas y extendiendo sus gráciles brazos y  sus leves hojas recortadas por el patio de luces. Está protegida y hace vida de interior, como su dueña, pero desparramando su belleza por el aire. Tras recorrer el mundo, en un largo viaje, presa de desazón o de ganas de libertad, el paraíso de Leonora puede ser el de una casa cerrada a cal y canto con vistas a un interior verde y luminoso. De Inglaterra a México, de Paris a Madrid y Santander, de  Lisboa a Nueva York,… Un largo y tortuoso camino entre la luz y el sobresalto, poblado de aventuras, risas y lagrimas, hasta poder parar y levantar las murallas que protejan a la flor. El paraíso encerrado, con vista interior de la ultima surrealista, Leonora Carrington. La hiena de aquella habitación recreada en la juventud se ha convertido ahora en una serie de personajes antropomórficos salidos de la imaginación de Leonora y solidificados en una fundición. Constituyen su ultimo trabajo, el final de su legado artístico, que entronca con toda su obra previa poblada por espíritus, animales, plantas…ordenadas /desordenadas en torno a un plan interno perfectamente definido y controlado por su creadora. Como si hubiese exorcizado por fin todos sus demonios, materializándolos en formas humanoides con rasgos animales.

Sentados a la mesa y entre humos de té, despliego mi regalo llevado desde España para Leonora: Un libro de caballos, representaciones artísticas a lo largo de la historia de la pintura. Esa figura que siempre despliega su poderío, pero mantiene una belleza que le hace casar con lo femenino. Le ilusiona verlo. No es un regalo casual. Mas allá de la cortesía, lo que quiero explorar es esa intrigante identificación de Leonora con “el caballo” que aparece de forma tan clara en su cuadro pintado en Saint Martin bajo la mirada de su amado Max. Y que seguirá repitiéndose una y otra vez en su obra. ¿Fascinación y/o identificación?. “Eso es lo que pensé yo de chiquita, sí…que era un caballo” Leonora montaba a caballo desde muy niña, al contrario que sus hermanos a los que no les interesaba en absoluto la equitación. Quizás fue su forma de escapar de la educación rígida y “de mujer” que recibió, en contraposición a la que le dieron a sus hermanos. Sin duda en el caballo, Leonora encontró su libertad, y al trote recorrió el mundo como en una escapada que nunca se llegaba a culminar. Se niega a darle una lectura simbólica en la imaginería creada por ella en su obra. “Para mi no era símbolo de nada. Era el caballo. El caballo es un caballo, no busque mas lejos, no busque símbolos. Yo no voy a ofender a los caballos usándoles de símbolo de nada. Yo quería a los caballos” Aun así, se mostró muy contenta con el libro, se abrazó a él, haciendo feliz al visitante o informándole gestualmente de que los caballos si estaban cerca de su corazón. Poderosa y al galope. Ella, caballo…sería un titulo idóneo para una biografía sin parar en busca de la libertad, la carrera de la novia del viento.

Fue otro libro el que cautivó a Leonora entroncándola con la corriente surrealista. “Si, fue amor a primera vista al contemplar el libro de Herbert Reed, un critico inglés muy inteligente y muy cortés. En la portada había un cuadro titulado “Deux enfants menacés par un rosignol” (Dos niños amenazados por un ruiseñor). Es un Max Ernst. Es fantástico, es maravilloso ¿lo conoce? Un cuadro maravilloso” insiste Leonora. El libro se lo enseñó su madre y unos días después unos amigos le presentaron al artista alemán que exponía en Londres.  Quizá haya que verlo como algo premonitorio sobre el futuro  que aguarda a el pájaro superior ( Max) y la novia del viento (Leonora). Se conservan unos bellas fotos de la escapa al campo de un grupo de amigos que unió a la joven con deseos escapistas y al ya maduro artista. En una de ellas, Leonora aparece junto a Lee Miller, Ady Fidelin, y Nush Eluard en Cornwall, todas con los ojos cerrados, con un aire de ensoñación, en pose surrealista… Fue un flechazo.  Surrealismo y sueño. Leonora, que ya había estudiado pintura en Italia y Francia, escaparía de Inglaterra y del corsé familiar para reunirse con Max en Paris.

El paraíso de los artistas era Paris. Y allí se instaló Leonora con su querido Max que andaba perseguido por su esposa que le llegó a abofetear el público. Conoció al Picasso que pintaba reiteradamente a su Dora Maar. Instalada en Saint Germain de Prés sus armas pictóricas unidas a la filosofía del surrealismo, con Bretón como maestro, Leonora parecía haber encontrado su sitio. Pero el amor y la necesidad de tiempo para la pareja les llevo hacia el Sur. Ya todo sería camino hacia el sur. Max eligió un pueblecito en la zona de Ardeche, donde el rio del mismo nombre hace requiebros entre rocas creando paisajes inauditos. La madre de Leonora puso el dinero y se compraron una casita en las afueras, donde amar y pintar fue solo una cosa. “Max hizo unos murales escultóricos, que creo que aun están en pie” Lo comenta como de pasada porque aquel tiempo de la felicidad escondía un final mas que tortuoso. Allí pintó su conocido autorretrato buceando en lo mas hondo de su personalidad, tanteando la vía surrealista que es la de la introspección sin limites.

Muchas de las obras de Leonora están referidas a esta hora del día, que puede ser el ocaso, en que resucitan los muertos, salen los espíritus del bosque, los humanos pueden transformarse en animales y viceversa. Los árboles cobran vida también. Los animales son humanos. Una mujer se puede transformar en un caballo. El caballo puede cobrar alas, como una mariposa. Es el encuentro con el espíritu, con el verdadero ser y donde la materia adopta la morfología de este espíritu. Y tal morfología puede ser tan insólita como puede ser el espíritu”. Luis Carlos Emerich, que organizó su gran retrospectiva mexicana, lo explicaba así, en la larga conversación que mantuvimos analizando el trabajo de Leonora en casa de las hermanas Pecanins, galeristas hippies y gemelas, gemelas y hippies a partes iguales, de una cordialidad y generosidad sin limites. Fueron mis primeras anfitrionas en este viaje al territorio de Leonora. Nos citaron en su galería situada frente a la copia de la fuente de las Cibeles madrileñas que hay en el Distrito Federal. Al llegar a la cita fui a pagar el taxi y eche de menos mi cartera. Noooo! El síndrome del turista burlado en solo unas horas en la ciudad se apoderó de mi. Mi compañera de viaje Paz Bilbao se quedó para cumplir con el horario y yo regresé al hotel, donde felizmente mi cartera reposaba encima de la mesilla. Me uní a la comida en el restaurante contiguo a la galería y quede fascinado ante la visión de las gemelas, con sus largos pelos con vetas blancas, sus manos anilladas al limite y sus atuendos sesenteros. “Que tomas?”. Dije que lo mismo que ellas estuvieran bebiendo, y empezó la fiesta de “los tequilitas” que duraría durante toda la estancia. Creo que me aliviaron los nervios y me preservaron el estomago de cualquier venganza que planeara Moctezuma. El ritual del tequila nos perseguiría en cada cita. También en la galería de Inés Amor, que ya a mediodía nos ofreció el elixir mexicano para hablar de las primeras obras que había expuesto Leonora en esta Galería de Arte Mexicano (GAM) que con su madre Carolina sin duda proyectó a los mas grandes de México durante los años pioneros y difíciles para la credibilidad del arte y los artistas en estos pagos.

Aunque los surrealistas terminarían llegando a México bajo aquel lema de que era el verdadero país del surrealismo– lo que aún hoy parece cierto -, ni a Leonora, ni a muchos de sus colegas parisinos se les ocurrió nunca que este fuera su destino. De no ser por los avatares del mundo en crisis, del avance nazi sobre Europa, el paraíso encontrado para Leonora y para Max estaba en Ardeche. Allí se establecieron e hicieron de su casa un lugar de peregrinaje para los mejores artistas de la época. Lee Miller se encargó de retratarlos con una Leonora bella y pletórica pasando su brazo por encima del hombro de Max. Vestida con una chaqueta de cascabeles, alegres como ella misma. O con un Max abrazado, rendido ante ella, cubriendo con las manos  sus pechos al sol, en una foto para la posteridad.

Luis Carlos Emerich, un hombre muy sensible, analizaba así su relación: “Hay un retrato que pintó ella al alimón con Max Ernst, que es un retrato de Max congelado como en el polo norte. Yo no se si desde entonces Leonora congeló la imagen del hombre aunque fue una persona que amó profundamente, hasta el último de sus días, a Max Ernst. Lo quiso, lo adoró. Siempre ha hablado de él con mucho cariño. Fue un hombre determinante en su vida.  Pero curiosamente estaba congelado. Max Ernst encaneció muy joven, entonces se veía como el abuelo de Leonora Carrington. De alguna manera también representó alguna autoridad, pero digamos que era la autoridad más amable y comprensiva. Una autoridad perfectamente identificable porque el abrió todo un mundo. Fue a través de Max Ernst que entró al grupo surrealista” Pero quien de verdad le agregó al grupo, sin relación amorosa por medio, fue el patriarca del mismo, André Bretón que entendió la pulsión mágica de Leonora, su radicalismo sentimental, su profunda verdad surrealista. El sería quien la publicó sus textos en la Antología del humor negro, y quien defendería su pertenencia a un grupo en el que se era surrealista no por obra, sino “por nacimiento” como siempre creyó ella.

Pero la tragedia estaba apunto de asomarse a la vida de Leonora, de Max, de los surrealistas y del mundo entero. El avance nazi sobre Europa tocó a las puertas de Francia y desbarato las vidas de todos ellos. Sus destinos se separaron. El amor y la felicidad rotos. Huir, de nuevo huir como cuando era niña y se escapaba de casa. Emerich destaca que “la huida también es esta forma de transformación en su obra. Ir de un país a otro es transfigurarse. Me imagino que no la aguantaban, porque la ponían en un colegio y se escapaba al otro día. Y se iba de un país a otro, siendo muy joven”. Hay un cuadro destacado con ese titulo que tiene como fondo el gran caserón donde vivía la familia y un camino ondulado por donde una figura se da a la escapada. La situación era ahora sin duda mas tensa e imprevisible. Con sus amigos y en coche atraviesan Andorra y entran en la España del año cuarenta recién terminada la Guerra Civil.

 

Sentados en la penumbra de su salón, resulta difícil sonsacarle a Leonora una descripción de aquellos días. Distancia y dolor le crean una tensión mental que hace muy delicado plantear estas cuestiones. “España estaba bien, excepto que no había puentes. Íbamos en coche, ya lo habían destruido en la Guerra Civil, porque era poco después. Teníamos que dar rodeos para poder pasar los ríos, porque habían volado todos los puentes durante la guerra. Fuímos  lo mas rápido que pudimos hasta Madrid. Queriamos dejar atrás a los alemanes Yo estaba muy asustada todo el tiempo. Y evitando siempre a los alemanes. No estuve mucho tiempo, iba mucho a El Prado. Tienen una de las mejores colecciones de El Bosco y de Breughel”.  Estos pintores son referencia clave en su obra pictorica. Su sentido narrativo, la relación de paisaje y figuras, incluso las técnicas pictóricas aprendidas en Italia y Francia la emparentan con estos clásicos tan amados por la pintora. Fue el mejor fruto de su rápido paso por Madrid, antes de su episodio mas traumático en tierra española.

 

Lo que yo padecía tenia un nombre, lo llamaban “sindrome de Guerra” o algo parecido. Era miedo a los nazis. Bajo estas condiciones estaba yo en España, figúrate. Era como estar en una prisión. Me hace sentirme mal todo aquello, prefiero no hablar de ello. Me hace sentir muy mal” Se queda Leonora pensando hacía sus adentros, con la mirada extraviada sobre la larga mesa, con el horror zarandeando su memoria. Aquella aventura para intentar conseguir un pasaporte para Max, la llevó a perder al amor de su vida y casi a perder el juicio. La larga mano de su poderoso y adinerado padre llego hasta la capital española. Movilizó al cónsul británico que la localizó después de probablemente haber sido violada en un hotel de Madrid por unos fachas. Con la colaboración de un médico la metieron en un coche, la inyectaron un tranquilizante y la condujeron por carretera hasta Santander. El destino inesperado era la Clínica de los doctores Morales, padre e hijo. Mariano era un reputado psiquiatra, con estudios en Viena, que regentaba un sanatorio para gente adinerada.  En palabras de Luis Carlos Emerich “Ella ya era distinta, y entonces la gente distinta, como ella, era condenada por la propia sociedad. Como Leonora se ha sentido siempre, condenada por la sociedad y un poco repudiada por su familia, por ser libre. Tuvo un ataque psicótico al grado que fue hospitalizada en un centro para enfermos mentales, cuya imagen aparece en uno de sus cuadros que se llama precisamente “Down below”.  De aquella experiencia traumática, la caída al pozo de la locura, queda la representación gráfica de ese cuadro, una foto junto al joven doctor Morales  y sobre todo ese libro clave en la historia y el historial de Leonora que es “En bas”, “Down below” o “Memorias de abajo”. Lo escribió originalmente en francés como una catarsis promovida por otro psiquiátrica., Pierre Mabille. “Me dijo que tenia que escribirlo, para liberarme de todo eso. Por eso lo escribí.”

 

Caída al abismo. “Hace exactamente tres años estuve internada en el sanatorio del Doctor Morales en Santander, España, tras declararme irremediablemente loca el Doctor Pardo, de Madrid, y el cónsul británico. Empecé hace una semana a reunir los hilos que pudieron llevarme a cruzar el umbral inicial del conocimiento. Debo revivir toda esa experiencia porque haciéndolo creo que me ayudará en mi viaje más allá de esa frontera a conservarme lúcida. Y me permitirá ponerme y quitarme a voluntad la máscara que va a ser mi escudo contra la hostilidad del conformismo” Así empieza Leonora esa rememoración que, de no ser clínicamente trágica, cumpliría escrupulosamente con un mandato surrealista de introspección hasta lo mas hondo, hasta el límite de uno mismo. Le aplican medicamentos equivalentes a las descargas de electroshock. Ese caballo indomable que Leonora lleva dentro resiste. Su constitución atlética le permite hacer frente a esa apisonadora vital. Su pequeña celda de reposo obligado, empieza a encontrar una ampliación en el jardín del sanatorio. Leonora lo hace propio. Crea una topografía singular, un mapa liberador. Luís Morales, el hijo del psiquiatra, le resulta cercano. Charlan sentados en el banco de tiras de madera. Vuelve el sosiego y por fin, sin que familiar alguna fuera nunca a visitarla, llega a Santander una cuidadora inglesa con la que viaja a Lisboa para devolverla al redil familiar.

Me turba rememorar esta situación con Leonora frente a mi, sentados a la mesa en su casa de la calle Chihuahua. Ni los años pasados mitigan el dolor que traslucen las páginas de hondas memorias escritas por ella poco después de su encierro. Tenía entonces 23 años. Ahora está a punto de cumplir los 90. Podía pensar que España fue un infierno para ella, y que aún lo sentiría como tal. Pero Leonora ama a los españoles. Encontró en el grupo español su gran familia en los años mexicanos. Será por eso que su cordialidad conmigo, frente a todas la voces de alerta que me previnieron antes de verla, es absoluta. Hoy no estamos para ahondar en la herida. “¿Damos un paseo?”. “Pues, claro”, le contesto y salimos por fin de la casa a airearnos por la Colonia Roma. Casi enfrente hay un edificio desvencijado, hundido, por causa del gran terremoto. Como un símbolo de un pasado arruinado.

Memorias de abajo va mas allá del relato biográfico, se trata de uno de los textos mas hondos y brillantes de los surrealistas. El objetivo del movimiento era la total liberación de la mente. Inspirado por Freud, pero desafiante frente a sus teorías, los surrealistas insistían que la represión de cualquier tipo  era mala. Y por tanto la civilización que la promovía. El texto vital de Leonora se corresponde con aquellos principios de  aplastar los limites constrictores del intelecto, asaltaron las fronteras de  la irracionalidad, bebiendo en los mas crudas fuentes de la creatividad. El surrealismo es una condición, una sensibilidad, una actitud política. Para Breton  era “el verdadero proceso de pensamiento, libre del ejercicio de la razón y de cualquier propósito moral o estético”.  Vivir, no racionalizar.

No es que le cueste hablar a Leonora de aquel episodio,  el episodio de los episodios en su biografía; es que su modo de vida es el de “no dar explicaciones”. Leonora no explica sus cuadros, como nunca explicó su comportamiento. No opina; hace. Y cuando repara en algo es en las pequeñas cosas. La flor que nace en un tiesto urbano y que cruzamos en nuestro paseo. Ese sonido que llega de alguna parte. Una sombra. La calidad del aire. La luz. Con los sentidos abiertos y sin prejuzgar nada.

Quede la lectura de sus Memorias de Abajo para calibrar la hondura de su caída al abismo. Pero no hay rastro presente de tensión o desvarío. Todo lo contrario. Como no hay rastro de aquel sanatorio comido por el desarrollo santanderino. Aquella niña grande hizo su excursión surrealista en carne viva, quizá como no la experimentó ningún otro miembro del grupo intelectual. El guardián de la esencia surreal, André Bretón, ya intuyó su profundidad en los días de Paris y sería su defensor también en el tiempo de Nueva York. Leonora es una mujer de un pieza, construida a si misma, con una fortaleza interior a prueba de todo y que solo su sentimentalismo de madre parece abrir un grieta a la inestabilidad. Se salvó a si misma, por ella misma, sin el ungüento del amor.  “La pasión es algo muy variado. Tiene muchos sentidos la palabra pasión, ¿no? Se puede tener un pasión por el cigarro, por ejemplo, o un pasión para la moda, o un pasión por el dinero, o un pasión por una persona. Bueno, hay muchas pasiones. Y también se puede tener una pasión por la pintura. En mi vida el amor más importante, para mi, es el amor para mis hijos, es todo lo que puedo decir. El amor a una persona es

como una borrachera. Y el amor para los hijos es algo que no se quita. La borrachera se quita con un dolor de cabeza, pero el amor de los hijos sigue….”

 

Cuando Leonora dejó el sanatorio y llegó a Lisboa en tren con su dama de compañía, en una café le dio esquinazo para no volver a ser absorbida por su familia y se marchó de inmediato a la Embajada de México. Allí estaba destinado Renato Leduc, al que había conocido en París- y que fue quien la presentó a Picasso –y al que  había visto también en aquel Madrid de estación de paso, como recuerda en sus Memorias de Abajo

En aquel mundo turbulento, había que buscar una salida o engancharse a una tabla de salvación inmediata. Cuando Max escapó del segundo campo de concentration se dirigió a Marsella, encontrando refugio a la espera de salida en la famosa Villa Air-Vel, donde tambien esperaba Bretón y tantos otros intelectuales europeos para escapar del nazismo. Gracias a la labor de Varian Fry acabarían cogiendo barcos con un último destino a America tras atracar en Casablanca o Lisboa. En aquella estación de paso, la coleccionista y millonaria Peggy Gugemheim trabó algo mas que una amistad con Max el mas grande de los pintores del momento. Le hizo suyo. Y así, con la familia de Peggy, niños y exmarido incluidos, llegaron a Lisboa en busca de un avión para Nueva York. Max tuvo que atravesar España en tren en una rocambolesca peripecia, camino de Lisboa y del exilio en America. La sorpresa fue mayúscula para todos, pero especialmente para la antigua pareja de enamorados de Saint Martin: Leonora y Max que habían hecho caminos muy distintos, atravesando calamidades y peligros, se encontraron  sin saberlo de antemano en la capital portuguesa. El destino les unía de nuevo. Pero ninguno de los dos ya estaba solo. Había pasado apenas un año, pero la Gran Guerra y las huídas parecian haber ocupado toda una vida.

Entre los Nazis y el sanatorio psiquiátrico, la relación sentimental se había evaporado. Parece que Max reprochó a Leonora que no se hubiese llevado todos sus cuadros a buen recaudo de la casa de Ardeche. Le preguntó por ellos, antes que por su salud. Ahí fué cuando se debió quebrar defintivamenete el vínculo. Max volvió a enloquecer ante los encantos de su joven musa, bajo la mirada celosa de Peggy. Leonora había tomado ya la decision de distanciarse de “su segundo padre” y hacer desaperecer de us vida una fuerza autoritaria- en su relación y/o en su arte –y se casó en la Embajada con el poeta y diplomatica Leduc, un hombrón, fuerte y dicharachero. Rechazaron el ofrecimiento de la millonaria Guggenheim para volar a Nueva York y esperaron a hacer la travesia en barco para entrar por la bahía del Hudson a la ciudad de los rascacielos, el Nuevo refugio del Grupo Surrealista.

Fué breve la estancia americana de la que queda esa constancia fotográfica a modo de notario de presencias con el grupo de los exiliados, desde Max a Duchamp, Ozemphant o Mondrian…agrupados en cuatro filas mirando unos a la derecha, otros a la izquierda. Para no perder su bis surrealista, se dedicaron a los juegos colectivos, que urgaban en lo mas hondo y les permitian olvidar los momentos tan críticos que acababan de vivir en la vieja Europa asolada por el fascismo.

 

Una de las tardes de conversación nos sentamos junto a la larga mesa de madera en el zaguán de la casa, rodeados de sus esculturas sobre animales imposibles. “Contar la vida de uno y que parezca natural es una impostura. ¿Por qué no jugamos…?”. Y con ojos chispeantes y voz arrebatada propone: “¿Jugamos a Si c’était une fleur / Si fuera una flor…?, ¿conoce ese juego? Los surrealistas jugábamos todo el tiempo. Si fuera un insecto… Quiere que juguemos…? Uno sale de la habitación y se decide de quién hablamos. Al volver le preguntamos y tienen que acertar a quién nos referimos. Si fuera una cucaracha, por ejemplo”. Ahora los Ernst, Duchamp, Breton o Man Ray parecen concitados a la mesa de la calle de Chihuahua convertidos en singulares figuras moldeadas por Leonora, “una suerte de maga, de encantadora, de comadre de Merlín”, como la calificaba Carlos Monsiváis en la conversación que mantuvimos solo unos meses antes de fallecer  conel gran almacenador de sabiduría artística de México.Leonora prefirio en su día dejar Nueva York y hacer la aventura de México y allí se quedó hasta el final de sus dias. Se separó de Renato, y abrazó al discreto Chiki Weisz, el hombre de “la maleta mexicana”, reaparecida hace pocos años. En el laboratorio de Paris, donde revelaba los carretes,  rescató las ultimas fotos de su amigo y compatriota Capa, llevandoselas hasta Marsella y dejándolas en manos de un diplomático mexicano.

Leonora respiraba surrealismo por todos sus poros, y lo desparramó desde su casa Mexicana por toda America. Su influencia sobre los artistas, escritores, dramaturgos,… del continente iberoamericano ha sido profunda  y extensa.  Carlos Fuentes, Garcia Marquez, Buñuel, Jodorowski,…todos y cualquier de los mas grandes pasaron por su manos. Tambien ella se ha transfigurado en “artísta latinoamericana” (así la catalogan hoy expertos, galerias y museos) revalorizandose su obra considerablemente y destacandose su aportación en el contexto de las mujeres artistas del continente, integrando un grupo clave para el arte contemporaneo. En el grupo tambien tiene nombre propio su amiga del alma, la española asentada en México Remedios Varo.

Con el surrealism bien hundido en sus entrañas y con los ojos llenos del color y del folklore mexicano, ellas supieron combiner el mundo lúdico que se les habría alrededor con la expresion de sus mas íntimas verdades para crear obras tan bellas como expresivas.  Superado el martirio de la persecución, el encierro y otras presiones, acabaron como dos grandes magas que siguen descargando sus pocimas sobre el tiempo presente. Leonora, martir y maga,  es la última flor del surrealismo, que sigue creciendo.

Javier Martín-Domínguez

Pablo Casals de Balbino Giner

PABLO CASALS
Autor: Balbino Giner
Tinta sobre papel, 37 x 31 cm, 1950.

Pablo Casals, con su música y extraordinaria sensibilidad representó durante muchos años el espíritu de la música libre en los escenarios del mundo, y fue una de las figuras más queridas del exilio republicano.

Antonio Machado, por Cristóbal Ruiz

Retrato de Antonio Machado, por Cristóbal Ruiz.
Este cuadro ha estado presente en el Ateneo Español de México en sus tres sedes. El poeta autor de “Los Complementarios” se volvió así un símbolo de la institución.
Machado murió en 1939, pocos días después de haber cruzado la frontera, en Colliure, Francia.

Óleo sobre tela, 2.23 x 1.66, 1923.

RECORDAMOS AL GENERAL LÁZARO CÁRDENAS, AMIGO DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA, EN SU NATALICIO

No podemos aceptar que haya un hombre en el mundo que carezca de un lugar donde vivir. Existe el derecho de gentes y muchas razones para acudir en auxilio de ese hombre.

Lázaro Cárdenas

El 21 de mayo de 1895 nació el general Lázaro Cárdenas del Río, presidente de México y uno de los personajes más destacados en la historia moderna de nuestro país. Durante los años de su mandato, 1934 a 1940, Cárdenas implementó diversas acciones que perfilaron una administración nacionalista con fuerte compromiso social: entre muchas otras, destacan la reforma agraria, la expropiación de las compañías petroleras extranjeras y la creación del Instituto Politécnico Nacional.

En el 123 aniversario de su natalicio queremos recordar el ejemplar proyecto de solidaridad internacional que encabezó al brindar asilo político a quienes debieron abandonar España durante la Guerra Civil y tras la imposición de la dictadura franquista, ocasión histórica en que se presentó la oportunidad de demostrar su grandeza ante el mundo, y por la cual el pueblo español radicado en México y sus descendientes le estarán eternamente agradecidos.

Gilberto Bosques (cónsul de México en Francia y uno de los grandes artífices del proyecto mexicano de solidaridad internacional frente a los totalitarismos europeos en aquellos años) se refería a esta grandeza de Cárdenas en los siguientes términos: “hay individualidades prestigiosas, hay personalidades emergentes y hay personajes históricos. Los grandes acontecimientos obligan en forma excepcional. Son los acontecimientos en que los pueblos miden su estatura y los estadistas su verdad. Acontecimientos que son cartabón y prueba de fuego. Cárdenas, el personaje histórico. La tragedia española, el acontecimiento”[1].

En efecto, el Gobierno de México ejerció un papel único entre todas las naciones al solidarizarse con la causa republicana ante el asalto de los militares sublevados encabezados por Franco. Incluso antes de brindar refugio a los españoles que lo necesitaron, la administración cardenista apoyó la defensa de la Segunda República Española al enviar, a partir del 10 de agosto de 1936, veinte mil fusiles de 7mm y 20 millones de cartuchos, con lo que se cumplió “el deber de protección moral, política y diplomática, y la ayuda material a los estados miembros de la Sociedad de las Naciones”[2] frente a la embestida de la intolerancia y el totalitarismo.

Lamentablemente, la República perdió la Guerra Civil, por lo que miles debieron huir de España para salvar la vida y la libertad. Un gran número de republicanos se exiliaron en el país vecino, Francia, donde fueron recluidos en campos de concentración y sufrieron penurias, hambre y maltrato. En tales circunstancias, el cuerpo diplomático mexicano en Francia, por instrucción de Cárdenas, ayudó a los españoles brindándoles refugio en unos castillos donde pudieron desarrollar temporalmente algunas actividades y, sobre todo, dignificar su situación. El propio Bosques, durante una conferencia pronunciada el 18 de octubre de 1973 en el Fondo de Cultura Económica, expresó que “la protección y el asilo territorial brindado a los españoles refugiados en Francia, tuvo ese fondo de justicia y solidaridad humana que se tradujo en la acción del personal diplomático y consular mexicano”[3].

El apoyo continuó con la gestión de los llamados “Barcos de la libertad”, que pudieron traer a una gran cantidad de personas a nuestro país (se calcula que fueron entre 20 y 30 mil), otorgándoles asilo y, en muchos casos, empleo y un lugar para vivir. De no haber contado con el apoyo del Gobierno de Cárdenas, aquellos españoles hubieran enfrentado una difícil situación en la Francia ocupada por el nazismo; en tanto regresar a España significaba, en muchos casos, la muerte.

Nuestro país fue suelo fértil para el grupo de exiliados, entre quienes se encontraban numerosos y destacados intelectuales, artistas, científicos y humanistas. Recibieron el apoyo de la administración de Cárdenas para fundar diversas instituciones educativas, como La Casa de España, ahora El Colegio de México, o el Instituto Luis Vives, e insertarse en la vida académica y cotidiana. No hubo otro país tan generoso en aquellos tiempos de necesidad; en ese sentido, el caso mexicano fue “único para servir y acoger con entero gesto fraternal a quienes dejaron el suelo profundo de España para guardar indemnes su dignidad, su ideal y su orgullo”[4]. Por ello, no fue Franco sino México el gran ganador de la Guerra Civil española, pues recibió a muchos de los mejores ciudadanos de aquel país y se benefició sobremanera con su copioso legado.

“Aquella actitud del presidente Cárdenas queda allí con su verdad en el sentido de la historia. Formando un todo en su tiempo y para el tiempo. Un todo histórico, como él mismo”[5], concluyó Gilberto Bosques en 1973.

En estos días conviene recordar el ejemplo cardenista ante las profundas crisis migratorias que se viven en distintas partes del mundo (incluyendo Centroamérica y México), las cuales implican que las condiciones de vida de millones de personas atraviesen por situaciones de vulnerabilidad y violación a sus derechos, agravadas por discursos de odio, racismo e intolerancia. Ojalá que en el mundo hubiera más estadistas de la estatura de Lázaro Cárdenas, a quien recordamos con todo respeto y gratitud.

[1] Gilberto Bosques, et. al., Lázaro Cárdenas, Testimonios del Fondo, México, Fondo de Cultura Económica, 1975, p. 9.

[2] Ibid, p. 13.

[3] Ibid, p. 17.

[4] Ibid, p. 18.

[5] Ibid, p. 20.

Conmemoramos el natalicio de Juan José Domenchina

El 18 de mayo de 1898 nació Juan José Domenchina, escritor, crítico y poeta madrileño perteneciente a la generación del 27, quien llegó en 1939 como exiliado a México, país donde radicó hasta su muerte.

Domenchina publicó diversas obras como “Destierro”, “Pasión de sombra”, “Tres elegías jubilares”, “La sombra desterrada” y “Exul Umbra”, las cuales están reunidas en Perpetuo Arraigo, libro que forma parte del acervo bibliográfico de nuestra Biblioteca.

Lo recordamos con uno de sus poemas

Destierro

Es la noche sin fin, la desvelada
noche, que con sus filos de cuchilla
implacable recorta en amarilla
muerte, nuestra silueta enajenada.

Vivir, cuando vivir no vale nada,
equivale a sembrar, con la semilla
infecunda, el dolor, que tanto humilla;
de una existencia rota y postergada.

Y el insomnio repite inexorable
el paso de la vida irrevocable,
que, sin dejarse de sentir, se aleja.

¿Dónde nos llevará, tan sin camino,
tan juguete irrisorio del destino,
nuestra razón destartalada y vieja?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Este y otros escritos se encuentran en nuestra Biblioteca. Les compartimos el reglamento para visitarla: http://www.ateneoesmex.com/inicio/reglamento

 

Se cumplen 107 años del nacimiento de Elvira Gascón

El 17 de mayo de 1911 nació Elvira Gascón, destacada profesora y pintora española exiliada en México, quien colaboró como ilustradora en diversos periódicos como El Nacional y Novedades, así como en numerosos libros publicados por distintas editoriales. Durante sus años en nuestro país, incursionó en la pintura de caballete, el dibujo e, incluso, en la pintura mural.

Tenemos la fortuna de contar con varias de sus obras en nuestra colección de obra plástica, así como algunos documentos resguardados en nuestra Biblioteca. Uno de ellos es el libro 100 Dibujos de Elvira Gascón, editado por Siglo XXI en 1972.

Te invitamos a conocer el reglamento para visitar nuestra Biblioteca: http://www.ateneoesmex.com/inicio/reglamento

¡Feliz día del Maestro!

La calidad de un centro de enseñanza depende en gran medida de la calidad de sus maestros. Esto se puede apreciar perfectamente en las distintas instituciones fundadas por los españoles exiliados en nuestro país, como el Colegio Madrid, el Instituto Escuela o el Instituto Luis Vives, así como en las valiosas aportaciones que este colectivo hizo a través de la Universidad Nacional Autónoma de México, el Instituto Politécnico Nacional o El Colegio de México, por mencionar solo algunos de los centros educativos en las que participaron notables docentes como Joaquín Álvarez Pastor, Joaquín Xirau Palau, Enrique Díez-Canedo, Antonio Ballesteros, Emilia de Ballesteros, María Zambrano, entre muchos otros.

Como decía José Ortega y Gasset, para conocer a los maestros y juzgar su obra, es menester asomarse a las vidas de sus discípulos. En ese sentido, la aportación de los maestros exiliados en México, es innegable.

Hoy, el Ateneo Español de México felicita a todos los maestros por su labor diaria en beneficio de la cultura y la educación de nuestro país.

¡Feliz día del Maestro!

Conmemoramos el centenario de la fundación del Instituto-Escuela

Hoy, jueves 10 de mayo de 2018, conmemoramos el centenario de la fundación del Instituto-Escuela de Madrid, organismo que promovió de manera destacada y con metodologías innovadoras el desarrollo educativo español desde 1918 hasta que desapareció tras la Guerra Civil.

Las raíces del Instituto-Escuela se remontan a la gran obra pedagógica de Francisco Giner de los Ríos: la Institución Libre de Enseñanza (ILE), la cual se definía como “completamente ajena a todo espíritu e interés de comunión religiosa, escuela filosófica o partido político; proclamando tan sólo el principio de la libertad e inviolabilidad de la ciencia y de la consiguiente independencia de su indagación y exposición, respecto de cualquiera otra autoridad que la de la propia conciencia del profesor, único responsable de sus doctrinas”[1].

Durante medio siglo, (1876-1936) numerosos profesores enseñaron en esta institución: Manuel Bartolomé Cossío —quien sucedió a Giner de los Ríos al frente de la ILE—,​ Ricardo RubioPedro Blanco SuárezÁngel do RegoJosé Ontañón AriasPedro Jiménez-Landi, entre muchos otros que la convirtieron en el principal centro de enseñanza en España y en cauce para la introducción de las más avanzadas teorías pedagógicas y científicas extranjeras.

En 1907 se creó la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), que formaba parte del entonces Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de España, y cuyo objetivo era promover la educación y la investigación científica. Con la herencia de las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, la JAE dio un enorme impulso al desarrollo científico y cultural de la España de aquella época, bajo el liderazgo de Santiago Ramón y Cajal.

Un 10 de mayo de 1918, se publicaron los estatutos fundacionales del Instituto-Escuela “con el carácter de ensayo pedagógico, a fin de experimentar nuevos métodos de educación y sistemas prácticos para la formación del personal docente”[2]. Este proyecto, regido por distintos miembros de la JAE, entre ellos Ignacio Bolívar, María de Maeztu, Ramón Menéndez Pidal, Blas Cabrera y el propio José Ortega y Gasset, entre otros, incorporaba las pedagogías más avanzadas de la época; en particular, los principios fundamentales de la ILE: libertad de cátedra, educación laica y científica, y una metodología de enseñanza que trataba de “evitar que los alumnos mejores se crean dispensados de mayor esfuerzo y los menos dotados se desalienten”[3], promoviendo el desarrollo de todos los estudiantes por igual.

En ese sentido, el espíritu del Instituto-Escuela consistía en “la subordinación de todos al éxito de la obra educadora, la conciencia de los defectos, la inquietud por remediarlos, la disposición favorable al ensayo y a la reforma, el deseo de inspección y colaboración […] y la atención especial prestada a las observaciones de las familias”[4], destacando el papel activo de los propios alumnos en su educación en un diálogo permanente con los profesores.

Lamentablemente, tras la Guerra Civil y la imposición de la dictadura, toda esta obra pedagógica fue suprimida, mientras que muchos de sus protagonistas tuvieron que optar por el exilio a diversos países, entre ellos, México. En nuestro país, fue posible apreciar la huella educativa del colectivo de exiliados en todas las instituciones donde fueron recibidos, así como en la fundación de escuelas como el Colegio Madrid, el Instituto Luis Vives o el propio Instituto Escuela del Sur, las cuales perduran hasta nuestros días y mantienen vivo el espíritu de libertad y amor por el conocimiento que le dio vida al Instituto-Escuela hace ya cien años.

[1] Estatutos Fundacionales de la Institución Libre de Enseñanza, art. 15 en: La Institución Libre de Enseñanza. Antonio Jiménez-Landi Martínez, Editorial Taurus, Madrid, 1973, págs. 703-709

[2] “Un ensayo pedagógico. El Instituto-Escuela de Segunda Enseñanza de Madrid (Organización, Métodos, Resultados)”, Madrid, Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), 1925.

[3] Ibidem.

[4] Ibidem.

Edificio del Instituto-Escuela en la Colonia del Viento, Madrid.

Cabe destacar que el Ayuntamiento de Madrid está cambiando los nombres de algunas calles que hacían referencia al franquismo. En ese contexto, una avenida ha recibido el nombre de Institución Libre de Enseñanza, en justa conmemoración de su importante legado pedagógico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Participamos en el Conversatorio “El Ateneo Español de México: el exilio y la construcción de la identidad”, organizado por la FILU-UV

El pasado viernes 27 de abril tuvimos el enorme placer de participar en el segundo Conversatorio organizado por la Feria Internacional del Libro Universitario de la Universidad Veracruzana (FILU-UV), que se realiza en la ciudad de Xalapa, Veracruz, y cuyo país invitado en esta edición 2018 es España.

Con el título “El Ateneo Español de México: el exilio y la construcción de la identidad”, se desarrolló un diálogo entre Josefina Tomé Méndez, vicepresidenta del Ateneo, y Ernesto Vilches Lleó, académico de la UV, en el cual se recordó la generosidad mostrada por el Gobierno del entonces presidente de la República, Lázaro Cárdenas, quien brindó asilo a miles de exiliados a causa de la Guerra Civil española. Muchos de estos refugiados, junto con un grupo de intelectuales mexicanos, fundaron nuestra Asociación Civil en 1949.

Josefina Tomé señaló que ella, como muchos de los exiliados y sus descendientes, construyeron una identidad a partir de la mezcla entre el contexto familiar y escolar, donde se recordaba a la República Española, y su paulatina integración a la cultura de este país, por lo que hoy se consideran tan españoles como mexicanos, y están orgullosos de ambas cosas.

Por su parte, Vilches Lleó comentó sobre su libro Un retrato de ida y vuelta, “ires y venires de un exilio” (exilio español de 1939), publicado por el Ateneo Español de México en 2016, en el cual estudia cómo algunos poetas de la generación hispanomexicana (Ramón Xirau, Tomás Segovia, Federico Patán, Angelina Muñiz-Huberman y Nuria Parés), tuvieron una trayectoria común al escribir, primero sobre la Guerra Civil, después sobre el amor y, finalmente, en el otoño de su vida, volver a sus temáticas originarias.

Cabe destacar que nuestra vicepresidenta señaló que la Biblioteca del Ateneo cuenta en la actualidad con acervos totalmente catalogados y su colección es “uno de los mayores acopios bibliográficos, hemerográficos, artísticos y fotográficos sobre aspectos vinculados a la Segunda República Española, la Guerra Civil y el exilio” (Fuente: https://www.uv.mx/prensa/filu-2018/ateneo-espanol-de-mexico-unica-biblioteca-republicana-en-el-mundo/).

Agradecemos sinceramente al personal de la Universidad Veracruzana por la invitación y por todas las atenciones brindadas durante el desarrollo de este evento. También les enviamos nuestras felicitaciones por la atinada organización de esta edición de la Feria Internacional del Libro Universitario. ¡Enhorabuena!

Ernesto Vilches Lleó y Josefina Tomé Méndez. Foto tomada de: https://www.uv.mx/prensa/filu-2018/ateneo-espanol-de-mexico-unica-biblioteca-republicana-en-el-mundo/

 

Visitamos, con el Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, la exposición “La otra orilla del olvido” de Ricardo Vinós

El pasado miércoles 25 de abril tuvimos el gran gusto de tener una visita guiada a la exposición La otra orilla del olvido del fotógrafo mexicano Ricardo Vinós, en el Museo de Historia de Tlalpan.

En esta visita contamos con la grata compañía del Ing. Cuauhtémoc Cárdenas, así como de María Vinós, hija del fotógrafo, y Marisol Pons, de la editorial Bonilla Artigas. Por parte del Ateneo Español de México estuvo presente Josefina Tomé Méndez, vicepresidenta de la Asociación.

La otra orilla del olvido es una exhibición de fotografías espléndidas que muestran la vida cotidiana de los exiliados españoles en México, comunidad que fue retratada entre 1991 y 2011 por Vinós, quien plasmó “las historias de quienes se quedaron y crearon lazos entrañables en un país que no era el suyo, y los cuales se extendieron a otras generaciones” (referencia: http://cuartoscuro.com.mx/2018/04/la-otra-orilla-del-olvido/ © Cuartoscuro, 2014).

La exposición permanecerá abierta al público hasta el 13 de mayo.

Museo de Historia de Tlalpan: Calle Plaza de la Constitución 10, Centro de Tlalpan, Delegación Tlalpan, C. P. 14000, CDMX

El ing. Cuahtémoc Cárdenas y María Vinós, hija del fotógrafo.

De izquierda a derecha: Marisol Pons, Josefina Tomé, María Vinós, Cuauhtémoc Cárdenas y personal del Museo de Historia de Tlalpan

 

Felicitaciones del Ateneo Español de México al Mtro. Otto Granados Roldán por haber recibido la Gran Cruz del Consejo Rector del IEB

El pasado miércoles 25 de abril, el Ateneo Español de México tuvo el honor de ser el escenario en el que el Mtro. Otto Granados Roldán, Secretario de Educación Pública, recibió la Gran Cruz del Consejo Rector, máximo galardón que otorga el Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), institución adscrita a la Universidad Complutense de Madrid.

En el acto estuvieron presentes D. Álvaro Martínez-Echevarría y García de Dueñas, Director General del IEB, quien hizo entregadel galardón; D. Enrique Cortés de Abajo, Consejero de Educación de España en México; y el Lic. Ernesto Casanova Caloto, Presidente del Ateneo Español de México, A.C.

D. Álvaro Martínez-Echevarría y García de Dueñas, Director General del IEB; el Mtro. Otto Granados Roldán, Secretario de Educación Pública y el Lic. Ernesto Casanova Caloto, Presidente del Ateneo Español de México, A.C.

Casanova Caloto dio las palabras de bienvenida, en las cuales recordó y agradeció el constante apoyo que nuestra Asociación Civil ha recibido por parte del Gobierno de México, particularmente a través de la SEP, institución que ha impulsado la realización de diversos proyectos. Por su parte, en un elocuente discurso, Martínez-Echevarría hizo hincapié en la importante trayectoria académica y política de Granados Roldán, quien finalmente tomó la palabra para referirse a la importante decisión que nuestro país tomará este año electoral, exhortando a emitir un voto fundado en argumentos, certidumbres y datos.

Desde esta tribuna le enviamos nuestras más sinceras felicitaciones al Mtro. Otto Granados Roldán por tan merecido reconocimiento.

Vista de la sede de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), la Consejería de Educación de España en México, el Centro de Estudios de Migraciones y Exilios de la UNED (CEME-UNED) y el Ateneo Español de México, A.C.

Editoriales participantes de la VII Feria del libro “Federico García Lorca”

VII FERIA DEL LIBRO “FEDERICO GARCÍA LORCA”. Conmemoración del 81 aniversario de la proclamación de la Segunda República Española.

Domingo 15 de abril, de 11:00 a 19:00 en el Ateneo Español de México (Hamburgo 6, col. Juárez).

Editoriales participantes: EDUCAL, SEGOB, El Colegio de México, Instituto José Luis Mora, Publicaciones UAM, Artes de México, Mantarraya ediciones, Ediciones Acapulco, Bonilla Artigas Editores, Ediciones Sin Nombre, Dragón Rojo, Editorial Almadía, Tecolote, Malpaís Ediciones, Ateneo Español de México.

Contaremos con área de comida: habrá paella, torta de patata, tacos y bebidas.


VII FERIA DEL LIBRO “Federico García Lorca”

Programa de actividades culturales:

14:00 Tertulia

Héroes del aire. Pilotos republicanos de la Guerra Civil española.

Charla y convivencia con las familias de los pilotos republicanos que participaron en la Guerra Civil española y que vivieron como exiliados en México.

Participan: Maribel Batanero Bastida. Enrique Vilatela, Luis Miguel Vilatela, Manuel López de la Rosa y Alberto López de la Rosa.

Recordamos a: Coronel Manuel López González, Capitán José Bastida, Teniente Enrique Vilatela.

 

16:00   Presentación de libro

Eclipse de siete lunas. Mujeres muralistas en México de Dina Comisarenco Mirkin. Editorial Artes de México.

Presentan: Karen Cordero Reiman, Regina Raull y la autora.
Modera: Margarita de Orellana.

 

18:00   Recital

José Antonio López Tercero. Canciones españolas y mexicanas.

Jose Antonio López Tercero es un artista que alterna su trabajo en teatro con conciertos, locución y modelaje en radio y televisión, y actividades docentes y editoriales en el área de ciencias; continúa su preparación con clases de baile, actuación y canto, con la idea de permanecer en teatro “mientras el cuerpo aguante”.

EDITORIALES PARTICIPANTES:

  • EDUCAL
  • SEGOB
  • El Colegio de México
  • Instituto José Luis Mora
  • Publicaciones UAM
  • Artes de México
  • Mantarraya ediciones
  • Ediciones Acapulco
  • Bonilla Artigas Editores
  • Ediciones Sin Nombre
  • Dragón Rojo
  • Editorial Almadía
  • Tecolote
  • Malpaís Ediciones
  • Editorial Ateneo Español de México

Contaremos con área de comida, habrá paella, torta de patata, tacos y bebidas.

¡Ven con toda tu familia!