Seminario Permanente de Historia Social NUEVA CONVOCATORIA 2021 (con modificaciones)

Se invita a todos los interesados a presentar avances de sus investigaciones en el Seminario Permanente de Historia Social (siglos XIX y XX), que se reúne cada 5-6 semanas en El Colegio de México. El Seminario está abierto a investigadores pre y post doctorales en México y en el extranjero. La entrada es libre.

 

Los temas pueden abarcar el estudio de actores y fenómenos sociales colectivos, su organización, sociabilidad, pensamiento y demás manifestaciones culturales y sus vínculos con el mundo material, con el poder político, con las instituciones, etcétera. Los trabajos, en español, pueden versar sobre México u otras regiones geográficas (América Latina, Europa, Estados Unidos, etcétera), o ser comparativos.

 

Existen dos modalidades de participación:

(1) Los interesados en presentar un texto inédito deberán enviar un título y una breve síntesis del trabajo inédito que desean presentar (1 cuartilla, máximo), planteando el tema, los problemas, así como destacando los aportes originales en historia social y las fuentes consultadas. Asimismo, deberán anexar una breve síntesis curricular (no más de 10 líneas). Las propuestas serán evaluadas y, una vez aceptadas, se requerirá el envío de un texto de no más de 25 a 30 páginas, sin contar la bibliografía, presentado a doble espacio, en letra Arial, tamaño 12 y con un máximo de 300 palabras por página. Una vez aprobado, este texto se distribuirá para su lectura y discusión a un comentarista asignado ad hoc y a todos los demás participantes.

(2) En algún caso especial se invitará a un conferenciante destacado.

 

Si el trabajo presentado en el Seminario se publicara, los autores deberán mencionar que una versión preliminar del texto se presentó en el Seminario Permanente de Historia Social del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.

 

El Seminario no provee apoyos económicos.

 

Para más información, consulte la página electrónica:

https://semhistsoc.colmex.mx/

o escríbanos a semh-soc@colmex.mx

 

Dirigen el Seminario los doctores Clara E. Lida y Mario Barbosa.

Son coordinadores académicos los doctores María Dolores Lorenzo y Diego Pulido.

 

José Luis M. Benlliure y López de Arana

 

José Luis Benlliure fue un Arquitecto, escultor y pintor español, estudio el bachillerato en Londres los cuales interrumpió al estallar la Primera Guerra Mundial para volver a España. Curso la carrera de Arquitectura en la Escuela de Madrid y se tituló en 1927.

En 1937 fue deportado por razones políticas al campo de internamiento de Saint-Cyprien (Pirineos Orientales, Francia), del cual fue liberado tras la intervención del general Petain. En 1939, al final de la Guerra Civil española, emigró a México, donde comenzó su carrera como arquitecto.

En 1948 José Luis Mariano emprendió su viaje de regreso a España con su familia, su mujer Soledad Galán Guerra y sus dos hijos, José Luis Benlliure Galán y Lucrecia Benlliure Galán.

A finales del siglo XIX y principios del XX, sembró calles y plazas de varias ciudades españolas con sus esculturas.

 

 

Referencia bibliográfica: Arquitectos españoles exiliados en México. Por Juan Ignacio del Cueto Ruiz-Funes

Memoria 1958, Amórtegui.

El Ateneo Español de México presenta cada año una Memoria de actividades, donde comparte las actividades culturales que realiza cada año.

El 28 de agosto de 1958  se registro en la Memoria que presento la Junta directiva del Ateneo  en la Asamblea Ordinaria de Socios que se lleva acabo cada año, se presento “Manolete” una lectura de poemas por su autor Octavio Amórtegui.

Amórtegui se destacó como cuentista urbano y psicológico, también fue poeta, escritor y dramaturgo colombiano, Agregado Civil a la Embajada de Colombia.

 

 

La adquisición de estas Memorias es directamente en el Ateneo Español de México.

Presentan en el Ateneo Español de México una obra sobre Federico García Lorca

El libro ‘Romancero Gitano. De la tradición a las vanguardias’ del músico y poeta mexicano Juan Vadillo aborda la relación de ambas expresiones artísticas en la obra del escritor granadino

NOTA ESCRITA POR: CIUDAD DE MÉXICO /21 DE AGOSTO DE 2020/ DIARIO ESPAÑA EXTERIOR 

Juan Vadillo, centro, presentó varias composiciones basadas en la obra de García Lorca.

Un toque de poesía siempre viene bien y más en estos tiempos difíciles que estamos viviendo, especialmente si se trata de un grande como lo es Federico García Lorca (1898-1936). Por eso, con gran éxito se llevó a cabo el pasado 12 de agosto, la presentación del libro Romancero Gitano. De la tradición a las vanguardias, del músico y poeta mexicano Juan Vadillo y que estuvo organizada por el Ateneo Español de México. Una obra que une, a través de un análisis profundo, la poesía con la música.

Angelina Muñiz.

En el formato ya usual de esta nueva normalidad, el evento se llevó a cabo de manera virtual, con la participación de varias personalidades del ámbito literario que comentaron las valiosas aportaciones de la obra de Juan Vadillo, quien a su vez aprovechó para leer tres poemas del Romancero Gitano, acompañado de rumba y bulerías, con música de su autoría, inspiradas en los textos de Lorca. La presentación estuvo moderada por Josefina Tomé, vicepresidenta del Ateneo Español de México.

“La poesía une”, afirmó Angelina Muñiz-Huberman, destacada escritora mexicana, señalando la importancia de este ensayo crítico de Juan Vadillo, lleno de “motivos, símbolos, imágenes, tópicos y temas…que muestran la riqueza musical de la obra del poeta español”.

Por su parte, Sergio Zurita, locutor de radio y dramaturgo, resaltó los “golpes gozosos” que llegan al leer este libro a través de momentos sorprendentes, en donde la palabra clave es la “contradicción”, de García Lorca en su intento por “reconciliarse con el origen” y al mismo tiempo trascender la vanguardia.

El escritor y también académico, Roberto Frías, destacó por su parte el análisis poético y musical que Vadillo hace de la obra de García Lorca y que muestra el oficio poético y musical del autor en un “maridaje que hace de este estudio algo excepcional”.

Finalmente, el crítico literario Fernando Corona, definió el libro como una “obra guía” para entender el mundo del poeta granadino.

Josefina Tomé moderó la presentación.

Así, el Ateneo Español de México, continúa su importante labor en la vida cultural de México, adaptándose a las circunstancias actuales generadas por la pandemia en el mundo. Una actividad que inició un grupo de refugiados españoles e intelectuales mexicanos en 1949, con la idea de crear un espacio destinado al libre intercambio de ideas y la promoción del valioso legado del exilio y que 71 años después está más vivo que nunca.

Federico García Lorca

Federico García Lorca fue un artista múltiple, desde muy temprana edad se interesó por la música y la escritura literaria. Sin embargo, sus dotes de artista tenían múltiples horizontes, a pesar de ser conocido como un gran poeta, dramaturgo y prosista, Lorca también incursiono en las artes plásticas.

Su primer libro en prosa “Impresiones y paisajes”, fue publicado en 1918, una pequeña antología de sus mejores páginas en prosa sobre temas políticos y sobre sus intereses estéticos.

Fue parte de la Generación del 27. Un grupo que se caracteriza por fundir las formas de la poesía tradicional (neopopularismo) con los movimientos de vanguardia; por tratar los mismos temas de una manera similar (la muerte en sentido trágico; el amor como fuerza que da sentido a la vida; preocupaciones sociales como la injusticia, la miseria, etc.), por el uso de la metáfora y la imagen; etc. Se puede decir que la etapa de 1924 a 1927, fue el momento en el que el escritor Federico García Lorca llegó a su madurez como poeta.

En 1934, Lorca mantuvo un elevado ritmo creativo en España, sin embargo, se empieza a vivir una época de violencia e intolerancia. La situación política era insostenible. Estaba a punto de estallar la Guerra civil española. Debido a su amistad con personajes progresistas como Fernando de los Ríos o Alberti, García Lorca fue señalado por una parte de la prensa más conservadora y desde 1935 fue considerado un enemigo de la derecha.

Según el historiador Ian Gibson, se acusaba al poeta de «ser espía de los rusos, estar en contacto con estos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual. Fue trasladado al Gobierno Civil, y luego al pueblo de Víznar donde pasó su última noche en una cárcel improvisada, junto a otros detenidos.

Después de que la fecha exacta de su muerte haya sido objeto de una larga polémica, parece definitivamente establecido que Federico García Lorca fue fusilado a las 4:45 h de la madrugada del 18 de agosto, en el camino que va de Víznar a Alfacar.

 

La escultura del exilio

En comparación con el alto numero de dibujantes y pintores españoles que hallaron refugio en México, fueron pocos los escultores transterrados. Nunca son exactas las estadísticas, pero a falta de mejores datos, se pueden citar el censo clasificatorio del SERE, que en 1939 registran cuatro escultores o el libro de Carlos Martínez, que incluye nueve. En algunos casos, como el de Victor Macho -uno de los mas importantes artistas españoles del siglo XX-, su estancia en México fue breve. Otros por lo contrario y un ejemplo es Julián Martínez, llegaron muy jóvenes y de echo se formaron aquí. Algunos, y entre ello destaca Giménez Botey, se dedicaron también a la pintura. Y no falta arquitectos que incursionaron en el campo escultórico, como es el caso de los Azorín, autores del proyecto y dirección del monumento a Lázaro Cárdenas en el Parque España (1974).

A pesar de las grandes dificultades que impone su particular medio de expresión, y de las condiciones socio económicas del mundo contemporáneo, los escultores españoles transterrados lograron llevar a cabo una obra que se integra al más amplio contexto de la plástica mexicana.

Las influencias recíprocas, siempre existentes y deseables, pasan mucho más del lado mexicano -como era lógico esperar, dada la situación de la escultura española hacia los años treinta- y en todo caso lo que se observa de nuevo es una fuerte tendencia común, y universal, hacia las formas abstractas.

En el caso de los escultores españoles en México, el nuevo horizonte americano les abrió amplias posibilidades. Se puede observar así un variado espectro de inspiración que va desde el realismo tradicional, hasta las tendencias expresionistas o abstractas, de un Rodin o un Maillol a un Henry Moore, con la diferencia de que en México este mosaico multisecular se acrecienta y enriquece con la cultura prehispánica.

Referencia bibliográfica: Escultura, Arturo Souto, El exilio español en México 1939-1982.

La pintura del exilio.

Durante la guerra, los pintores, al igual que los escritores y la sociedad española en su totalidad, se dividen en trincheras enemigas. Se ha dicho ya que, en términos generales, los pintores jóvenes, lo mismo que Picasso y Miró, se alinearon con la República. El Pabellón Español de la Exposición Internacional de París de 1937 es muestra de ello. La parte contraria estaría representada por la Bienal Fascista de Venecia de 1938.

Por el tiempo apropiado en que se inaugura la exposición española en París, dos de los pintores que en ella estaban representados, Arturo Souto y Eduardo Vicente, habían firmado en Venecia una “Ponencia colectiva” del Congreso Internacional de Escritores. SE proponía la unión de las vanguardias en un humanismo revolucionario: “queremos aprovecharnos de todo cuanto en el mundo ha sido creado con esfuerzo y clara conciencia para esforzadamente enriquecer, siquiera sea con un solo verso, con una sola pincelada, con una sola idea, que en nuestros convivir logramos esa claridad creciente del hombre”

Los pintores españoles republicanos, durante la guerra civil, se ven emplazados por un doble compromiso: la necesidad de colaborar en la defensa de la libertad, que no es ya cuestión teórica sino vital, por una parte; por otra, la necesidad de expresar su mas íntima y auténtica conciencia artística. Ambos compromisos fueron cumplidos. El primero, apremiante y apasionado, en la guerra. El segundo en el exilio y en buena parte, en la paz y libertad que en México tuvieron muchos artistas españoles para centrarse en sí mismos y poder meditar sobre la vida y la pintura. No son fortuitas, por ejemplo, las serenas reflexiones de José Moreno Villa, ni las de Ramón Gaya, acerca de la pintura, como no lo son la sabiduría plástica de Climent, el crecimiento intimísimo emotivo de Rodríguez Luna o la incesante búsqueda romántica de Souto.

La España de Franco Por José Bardasano

 

 

 

Referencia bibliográfica: Artes, Arturo Souto, El exilio español en México 1939-1982.

La arquitectura del exilio.

Entre los exiliados de la España republicana llegados a México a partir de 1939, se cuentan un número considerable de arquitectos. Muchos se dedicaron a trabajos a fines, más bien técnicos que artísticos: ingeniería, planeación, empresas constructoras, y otros muchos, tanto privados como oficiales. Hubo algunos que por lo contrario que en México sintieron con mas fuerza la vocación propiamente artística de la arquitectura, inclinándose hacia su vertiente estética. Se hicieron, por ejemplo, pintores, como Roberto Fernández Balbuena, Jesús Martí, Mariano Rodríguez Orgaz, Antonio Peyri, por no citar sino algunos de los mas conocidos.

Existen, además, y esta es una condición común a todos los exiliados españoles, dos promociones: la de los refugiados propiamente dichos, que habían hecho la guerra y estaban ya, al venir a México, humana y profesionalmente formados, y la promoción de sus hijos que habiendo llegado niños de educaron en México, los arquitectos hispanomexicanos son otro ejemplo de aculturación, es decir, de una profunda asimilación. A este grupo pertenece, entre otros, los siguientes: Ángel Azorín, Juan Benito Artigas, José Luis Benlliure, Abel Gassol, Manuel Ordorica, Antonio Peyri, Eduardo Ugarte Arniches, José Antonio Tonda. La mayor parte de ellos fueron educados en colegios que los refugiados fundaron en México y que en cierto sentido reforzaron sus raíces españolas. Su formación como profesionistas, con todo, tuvo lugar en la universidad Nacional o en otros centros mexicanos, de cultura, por lo que de hecho representan un nuevo matizaje espiritual. Sus mayores, en conjunto, se mantuvieron dentro de la tradición cultural española, como era de esperar, pero esta identidad fue sin duda sustancialmente modificada por las nuevas vivencias mexicanas. Un ejemplo es el de Félix Candela, e parte ingeniero, en parte arquitecto que llega en el Sinaia en 1939, formada su personalidad, pero que es en México donde llega a desarrollar sus concepciones estructurales, que le han hecho mundialmente famoso.

Entre los arquitectos que llegaron a México se pueden citar algunos nombres como: Tomás Auñon, Francisco Azorín, José Luis Mariano Benlliure, Tomás Bilbao, Emilio Blanco, Fernando Gay, Bernardo Giner de los Ríos, Cayetano de la Jara, Arturo Sáenz, entre otros.

 

Referencia bibliográfica: Arquitectura, Arturo Souto. El exilio español en México 1939-1982.

El teatro del exilio.

La guerra y el exilio inhibieron el poderoso impulso que llevaba el teatro español hacia 1936. Paralelamente al renacimiento de la lírica que se producía con la generación del 27, en contra del realismo, el teatro de Unamuno, de Valle-Inclán, de Azorín, García Lorca, experimentales y vanguardistas, fueron sin duda una ventana abierta a extensas posibilidades futuras.

A la vez que se presentaban obras escritas para una minoría, se volvía a la secular tradición lopesca de la comedia para el pueblo.

La Barraca fundada en 1931 por García Lorca y Eduardo Ugarte, llevo las obras clásicas del teatro español a los mas apartados pueblos y en muchos casos con efectos sorprendentes en cuanto a la sensibilidad de los que hasta entonces habían sido desperdiciados por la aristocracia intelectual.

Con todo, pasados los horrores de la lucha, del éxodo y de los campos de concentración, parte del impulso inicial logro conservarse en el exilio. En México concretamente, debe recordarse a Cipriano Rivas Cherif, que fundo el Teatro Español de América (1948); a Álvaro Custodio, director del Teatro Clásico de México (1953); a Álvaro Arauz, no solo traductor y adaptador, sino también autor de obras originales. A pesar de todo ello, las dificultades materiales del arte teatral no permitieron la existencia de dramaturgos profesionales dedicados por entero a él.

Los autores mexicanos tenían así mismo grandes problemas para llevar a la escena sus obras. De ahí que en el exilio se haya producido mas de una literatura dramática que teatral y pese a todo, se logro realizar obras considerables, de las que podemos mencionar algunas como: “El Misterio de Quanaxhuata (1943), sobre una leyenda otomí, de Josep Carner; “La Manzana” (1954) y “El Juglarón”  (1957), de León Felipe, así como su versión de Shakespeare: “No es cordero que es cordera”; “La niña Guerrillera”  (1945) de José Bergamín; “Media palabras” (1965), de Álvaro Arauz, primera pieza de una trilogía sobre la Guerra de España; así como las obras con tema mexicano de José María Camps: “ Caseria de un hombre”; “Columbus 1916”; “El gran tianguis. A la abundante ora en prosa de Max Aub, se añade también numerosas obras de teatro.

 

Castelao: Foto tomada de farodevigo.es

 

Referencia bibliográfica: Letras, Arturo Souto: El Exilio Español en México 1939-1982.

El Instituto Hispano-Mexicano Ruiz de Alarcón: Una escuela poco conocida del exilio.

A México vinieron muchos españoles y desde luego muchos de ellos eran maestros y muy pronto de su llegada se fundaron centros de enseñanza como lo fueron el Colegio Madrid, el Instituto Luis Vives y así también el Instituto Hispano-Mexicano Ruiz de Alarcón fundado en 1939, que nace con claridad de propósitos: formar al estudiante y al hombre.

A diferencia de otras escuelas creadas por transterrados, el Ruiz de Alarcón es creado con recursos mexicanos. Lázaro Cárdenas, que tanto ayudó a los republicanos, proporciona los fondos con que se funda el Instituto.

El instituto organizó su estructura en todos los niveles de la enseñanza; jardín de niños, primaria, secundaria, preparatoria y dos secciones especiales: la de estudios jurídicos y la de estudios mercantiles. Contó también con una escuela de música con notables maestros como Jesús Dopico Ferreiro, Manuel Barajas, Rodolfo Halffter y Simón Tapia Colman.

La corta duración del Instituto no impide que puedan verse en la estructura y en los fines que han sido comunes en estos centros de enseñanza.

Referencia bibliográfica: Escuelas maestros y pedagogos, Juan José Reyes . El Exilio Español en México (1939-1982)

Así somos en el Madrid.

En el presente se continua la riquísima obra cultural y educativa que han realizado en México los transterrados, así como el largo trayecto del Colegio Madrid.

En 1941 el Madrid se forma bajo los auspicios de la Junta de Auxilio de los Republicanos Españoles (JARE): Su propósito primordial coincide con el de otras instituciones formadas a raíz del exilio; dar atención a los hijos de los refugiados, por un lado y gracias a esa amplia atención, dar oportunidad a los padres para que puedan integrarse a la vida mexicana.

Desde aquellos primeros días el Madrid posee un nivel académico extraordinario, por lo que atañe a su cuadro de profesores, hoy en día sigue siendo una institución educativa de calidad, pero por la contingencia de la pandemia de CoviD-19 se ha visto afectada ye es por ello por lo que los invitamos a unirse a su campaña “Así somos en el Madrid” y contribuir en su causa educativa.

El Instituto Luis Vives

En agosto de 1939 el Comité Técnico de Ayuda a los Españoles en México funda el Instituto, aunque siempre se ha reconocido como verdadero fundador a Lázaro Cárdenas, en unión de Fabela y Silva Herzog, con un propósito inmediato: convertirse en un centro estable de trabajo para todos aquellos maestros que habían venido de España.

Así como el Ruiz de Alarcón, el Colegio Madrid y la Academia Hispano- Mexicana, el Instituto Luis Vives conto desde su fundación con extraordinarios profesores. Rápidamente el Vives ganó prestigio y se sintió capaz de ir hacia adelante, de ampliar su obra. En 1942 el Instituto podía enorgullecerse de su corto pasado y confiar en un amplio futuro. Dos hechos hacían pensar así a sus autoridades; El aumento de matricula y el excelente profesorado que tenían y seguían admitiendo.

El cuerpo de profesores del Instituto reunía a figuras de primera línea. El presidente de su Patronato fue Pedro Carrasco, muy distinguido científico: los vocales fueron: Isidro Fabela, brillante internacionalista mexicano que dio numerosas batallas contra el fascismo; Jesús Silva Herzog, amigo de todos los españoles del exilio, maestro, economista, fundador de Cuadernos Americanos; Joaquín Xirau, el gran filosofo que tanto hizo en México desde su llegada hasta su sorpresiva muerte; Agustín Millares Carlo, historiador y bibliógrafo español: Felipe Teixidor, a quien nuestro país le debe el impulso de la indispensable colección “Sepan cuentos…” de la editorial Porrúa, critico y escritor; Enrique Rioja, biólogo de la Universidad de Madrid; Rubén Landa, uno de los grandes directores del Luis Vives; y Pedro  Pareja Herrero, director de la primaria del Instituto.

 

Instituto Luis Vives, 1939. Trabajos de acondicionamiento Archivo General de la Nación (México) Fondo Hermanos Mayo Foto tomada del libro, El Exilio Español en la Ciudad de México.

 

Referencia bibliográfica: “Escuelas, maestros y pedagogos, Juan Jóse Reyes. El Exilio Español en México (1939-1982).

 

Los Maestros Ballesteros.

Callada, siempre discreta, la labor del maestro no muchas veces es reconocida públicamente. La calidad de un centro de enseñanza depende en fundamental medida de la calidad de sus maestros.

Antonio Ballesteros Usano y Emilia Elisa Ballesteros, se conocieron mientras estudiaban ambos en la Escuela Superior del Magisterio de España. Brillantes alumnos fueron Antonio y Emiliana que pronto fueron enviados a cumplir con labores de alta responsabilidad. Ya eran novios cuando ambos viajaron a diferentes destinos para cumplir su labor, sin embargo, buscaron reunirse. Consiguieron dos clases en Segovia, donde se casaron y tuvieron a sus tres hijos.

Durante el periodo de 1931-1939 la República estableció la escuela laica y los programas para educación integral del alumno. Los maestros Ballesteros se incorporaron inmediatamente a la aplicación de estos principios pedagógicos, que no estaban desligados de los principios políticos. Emilia perteneció por esos años al comité Nacional de Mujeres Antifascistas y participo en la organización de mítines de izquierda.

Al sobrevivir el triunfo de la dictadura, los Ballesteros migraron a México. Llegan a Veracruz a bordo del Sinaia. Venían llenos de incertidumbre, pero pronto se entregaron a su labor y pronto fue apreciada la calidad de su magisterio.

Antonio Ballesteros y Emilia Ballesteros.

 

Referencia bibliográfica:  “Escuelas, maestros y pedagogos, Juan Jóse Reyes. El Exilio Español en México (1939-1982).