El Instituto Hispano-Mexicano Ruiz de Alarcón: Una escuela poco conocida del exilio.

A México vinieron muchos españoles y desde luego muchos de ellos eran maestros y muy pronto de su llegada se fundaron centros de enseñanza como lo fueron el Colegio Madrid, el Instituto Luis Vives y así también el Instituto Hispano-Mexicano Ruiz de Alarcón fundado en 1939, que nace con claridad de propósitos: formar al estudiante y al hombre.

A diferencia de otras escuelas creadas por transterrados, el Ruiz de Alarcón es creado con recursos mexicanos. Lázaro Cárdenas, que tanto ayudó a los republicanos, proporciona los fondos con que se funda el Instituto.

El instituto organizó su estructura en todos los niveles de la enseñanza; jardín de niños, primaria, secundaria, preparatoria y dos secciones especiales: la de estudios jurídicos y la de estudios mercantiles. Contó también con una escuela de música con notables maestros como Jesús Dopico Ferreiro, Manuel Barajas, Rodolfo Halffter y Simón Tapia Colman.

La corta duración del Instituto no impide que puedan verse en la estructura y en los fines que han sido comunes en estos centros de enseñanza.

Referencia bibliográfica: Escuelas maestros y pedagogos, Juan José Reyes . El Exilio Español en México (1939-1982)

Así somos en el Madrid.

En el presente se continua la riquísima obra cultural y educativa que han realizado en México los transterrados, así como el largo trayecto del Colegio Madrid.

En 1941 el Madrid se forma bajo los auspicios de la Junta de Auxilio de los Republicanos Españoles (JARE): Su propósito primordial coincide con el de otras instituciones formadas a raíz del exilio; dar atención a los hijos de los refugiados, por un lado y gracias a esa amplia atención, dar oportunidad a los padres para que puedan integrarse a la vida mexicana.

Desde aquellos primeros días el Madrid posee un nivel académico extraordinario, por lo que atañe a su cuadro de profesores, hoy en día sigue siendo una institución educativa de calidad, pero por la contingencia de la pandemia de CoviD-19 se ha visto afectada ye es por ello por lo que los invitamos a unirse a su campaña “Así somos en el Madrid” y contribuir en su causa educativa.

El Instituto Luis Vives

En agosto de 1939 el Comité Técnico de Ayuda a los Españoles en México funda el Instituto, aunque siempre se ha reconocido como verdadero fundador a Lázaro Cárdenas, en unión de Fabela y Silva Herzog, con un propósito inmediato: convertirse en un centro estable de trabajo para todos aquellos maestros que habían venido de España.

Así como el Ruiz de Alarcón, el Colegio Madrid y la Academia Hispano- Mexicana, el Instituto Luis Vives conto desde su fundación con extraordinarios profesores. Rápidamente el Vives ganó prestigio y se sintió capaz de ir hacia adelante, de ampliar su obra. En 1942 el Instituto podía enorgullecerse de su corto pasado y confiar en un amplio futuro. Dos hechos hacían pensar así a sus autoridades; El aumento de matricula y el excelente profesorado que tenían y seguían admitiendo.

El cuerpo de profesores del Instituto reunía a figuras de primera línea. El presidente de su Patronato fue Pedro Carrasco, muy distinguido científico: los vocales fueron: Isidro Fabela, brillante internacionalista mexicano que dio numerosas batallas contra el fascismo; Jesús Silva Herzog, amigo de todos los españoles del exilio, maestro, economista, fundador de Cuadernos Americanos; Joaquín Xirau, el gran filosofo que tanto hizo en México desde su llegada hasta su sorpresiva muerte; Agustín Millares Carlo, historiador y bibliógrafo español: Felipe Teixidor, a quien nuestro país le debe el impulso de la indispensable colección “Sepan cuentos…” de la editorial Porrúa, critico y escritor; Enrique Rioja, biólogo de la Universidad de Madrid; Rubén Landa, uno de los grandes directores del Luis Vives; y Pedro  Pareja Herrero, director de la primaria del Instituto.

 

Instituto Luis Vives, 1939. Trabajos de acondicionamiento Archivo General de la Nación (México) Fondo Hermanos Mayo Foto tomada del libro, El Exilio Español en la Ciudad de México.

 

Referencia bibliográfica: “Escuelas, maestros y pedagogos, Juan Jóse Reyes. El Exilio Español en México (1939-1982).

 

Los Maestros Ballesteros.

Callada, siempre discreta, la labor del maestro no muchas veces es reconocida públicamente. La calidad de un centro de enseñanza depende en fundamental medida de la calidad de sus maestros.

Antonio Ballesteros Usano y Emilia Elisa Ballesteros, se conocieron mientras estudiaban ambos en la Escuela Superior del Magisterio de España. Brillantes alumnos fueron Antonio y Emiliana que pronto fueron enviados a cumplir con labores de alta responsabilidad. Ya eran novios cuando ambos viajaron a diferentes destinos para cumplir su labor, sin embargo, buscaron reunirse. Consiguieron dos clases en Segovia, donde se casaron y tuvieron a sus tres hijos.

Durante el periodo de 1931-1939 la República estableció la escuela laica y los programas para educación integral del alumno. Los maestros Ballesteros se incorporaron inmediatamente a la aplicación de estos principios pedagógicos, que no estaban desligados de los principios políticos. Emilia perteneció por esos años al comité Nacional de Mujeres Antifascistas y participo en la organización de mítines de izquierda.

Al sobrevivir el triunfo de la dictadura, los Ballesteros migraron a México. Llegan a Veracruz a bordo del Sinaia. Venían llenos de incertidumbre, pero pronto se entregaron a su labor y pronto fue apreciada la calidad de su magisterio.

Antonio Ballesteros y Emilia Ballesteros.

 

Referencia bibliográfica:  “Escuelas, maestros y pedagogos, Juan Jóse Reyes. El Exilio Español en México (1939-1982).

 

La música en el exilio español en México.

El fenómeno del destierro manifiesta en este arte resultados que difícilmente se igualan en otros aspectos de la cultura. Acerca de esta compenetración ejemplar. José Antonio Alcaraz, en una entrevista concedida a Josefina Estrada en 1979, opinaba que la aportación musical de los españoles refugiados era fundamental y fructífera, particularmente en el nivel de la enseñanza:

“La música mexicana -dice el escritor-, sin lugar a duda influencio a los españoles en formas muy variadas, lo mismo por aceptación que por rechazo, por interés directo que por confrontación. Habría que analizar cada una de las cosas para saber como fue esto: de lo que si estoy seguro es que ellos se volvieron importantes dentro de la vida musical mexicana”.

Llego a México una generación de músicos que provenían de los mas intensos centros culturales de España: Madrid y Barcelona. La mayor parte iniciados a la vida artística en los años veinte, experimentaron aquí una extraordinaria evolución de su vida profesional. Así, entre los que llegan a México Simón Tapia, Rodolfo Halffter, Adolfo Salazar, por mencionar algunos.

La industria cinematográfica, en los años cuarenta, estaba en México en un periodo de auge, ofrecía múltiples oportunidades de trabajo a músicos, escritores, escenógrafos. Entre los compositores que escribieron música de fondo para diversas películas están Gustavo Pittaluga, Rodolfo Halffter y etc.

La actividad de los músicos españoles en México ha sido muy variada. Se perfila así mismo en diferentes niveles: desde la música popular hasta la música clásica y la música experimental, tanto en el aspecto individual como el colectivo.

 

 

Referencia bibliográfica: Libro “El exilio Español en México. 1939-1982 -Música y Danza, Arturo Souto- ”

 

“Un mal día”. Golpe de Estado del 18 de julio de 1936

El 18 de julio de 1936 un grupo de militares perpetró su ansiado golpe de Estado contra el Gobierno democrático de la Segunda República Española. Secciones del ejército encabezadas por los generales fascistas se levantaron en armas. Los golpistas pensaban que triunfarían rápidamente y desde el inicio intentaron tomar la capital española para controlar el país, pero se encontraron con una defensa férrea que no esperaban. El pueblo español salió a las calles para salvaguardar la República de las fuerzas fascistas e hizo de la consigna “¡No pasarán!” el lema internacional de la lucha contra el fascismo. La Guerra Civil duró tres años, de 1936 a 1939.

Texto: Ramón Troncoso, en La Segunda República Española, surgimiento, caída y exilio, Ateneo Español de México, México, 2017.

Imágen: Fidel Cuesta Ruiz, “Un mal día. Alzamiento nacional”, 2017.

Los hermanos Mayo

Hacia los años veinte, Francisco Mayo se había iniciado en España como fotógrafo de aviación en el aeródromo militar de Cuatro Vientos. Sus ideas liberales y su pasión por la fotografía lo llevarían a ser testimonio objetivo de las grandes crisis históricas que culminarían en la guerra de 1939, como fue por ejemplo la sublevación de Asturias en 1934. Envuelta España al poco tiempo en la Guerra Civil, Francisco Mayo, a quien se unirían sus hermanos julio y Cándido como corresponsables grafico de guerra, captaría mediante sus fotografías muchos más de los dramáticos episodios del frente de Madrid.

El desenlace adverso de la guerra para el Gobierno Republicano, llevo a los hermanos mayo a los campos de concentración franceses, de los que fueron liberados por la ayuda de México.

Para México en el campo de la fotografía, la aportación de los hermanos Mayo es una de las mas importantes entre las realizadas en México por los refugiados españoles. Corresponsales gráficos de El popular y La Prensa durante la primera Fase de su estancia en México, ampliaron después sus actividades a un gran numero de revistas y diarios. Sus fotografías han aparecido en el Tiempo, Esto, Mañana, El Día, los múltiples diarios de la cadena García, Valseca, hasta llegar a convertirse en un registro documental de primer orden para quien quiera conocer la historia grafica de México de esos entonces.

Tan importante fue el papel que desempeñaron en el desarrollo de la fotografía mexicana que el año 2007 fueron declarados Premio Nacional de Periodismo de México en la categoría de trayectoria periodística.

El exilio republicano español en México

Embarque de Refugiados desde Francia, 1939. Salida desde el puerto Séttes a bordo del Sinaia, en el que viajo hacia México la primera expedición masiva. Archivo General de la Nación (México) Colección Promotora Cultural Fernando Gamboa. Fotografía tomada del libro “El exilio español en la Ciudad de México”.

 

La República en guerra solo contó con la solidaridad de hombres y mujeres antifascistas de diversas procedencias, como lo fueron, la Unión Soviética y tres países de América Latina; Chile, República Dominicana y México.

De ellos, México abrió las puertas y ofreció su ayuda material y diplomática de manera generosa. El presidente Cárdenas dio muy pronto instrucciones a sus representantes diplomáticos en Francia para que se ocuparan de los refugiados y prepararán su emigración a México. Las instrucciones que recibió el embajador en Francia, Narciso Bassols, fue que el 60% de los emigrantes deberían ser agricultores, el 30% artesanos y técnicos calificados y el 10% intelectuales por convenir así la realidad de la época.

La estancia de los refugiados en la Ciudad de México puede dividirse en dos etapas, el exilio provisional y el exilio organizado. “Provisional” por que en ella prevaleció la convicción de que el destierro seria transitorio. Y “organizada” por que durante este periodo desempeñaron un papel fundamental los organismos de ayuda que se encargaron de dar a los recién llegados techo, comida y subsidios, de crear empresas para ofrecerles empleo y de fundar instituciones que cubrieran muchas de sus necesidades.

El establecimiento de los refugiados en México fue afortunado para ambos. La mayoría de estos españoles encontraron en el país, además de paz y libertad, un terreno fructífero que les perito desarrollar sus múltiples capacidades. Y México, el desarrollo de diversos aspectos de la vida mexicana, tanto en las actividades productivas como en los ámbitos de cultura, la ciencia y el arte.

 

Referencia bibliográfica: Libro “El exilio español en la Ciudad de México” Documento que puedes adquirir en el Ateneo Español de México.

La España que sí estuvo en la creación de la ONU

 

Fotografía cedida por la ONU donde aparece el ex ministro de la República española, Julio Álvarez Del Vayo (d), y Herbert Vere Evatt, de Australia (c), mientras hablan con otras personas durante una celebración del aniversario del Pacto anglo-ruso el 25 de mayo de 1945 en el Hotel Mark Hopkins en San Francisco, California (EE.UU.). EFE

Eldiario.es

Hace justo 75 años, 50 naciones se dieron cita en San Francisco para firmar el tratado fundacional de la ONU. Allí no estaba España, bajo el franquismo, pero sí el exilio republicano, que aunque logró aislar temporalmente a la dictadura, nunca vio cumplirse las grandes expectativas que había puesto en la histórica cita.

Con la Alemania nazi y la Italia fascista derrotadas, aquellos eran los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial y los Aliados se preparaban para forjar un nuevo orden internacional, que tendría a Naciones Unidas en su centro.

Para las autoridades republicanas españolas, San Francisco debía ser el principio del fin del régimen de Francisco Franco, al que señalaban como una “creación” de Hitler y Mussolini, y por tanto, enemigo natural de los vencedores de la Guerra.

La ciudad californiana se convirtió durante unas semanas en el centro absoluto de la política internacional, con una reunión multilateral sin precedentes: 850 delegados, unas 3.500 personas participando directamente en la cita y más de 2.500 periodistas y observadores de distintas organizaciones.

Allí desembarcaron también las principales figuras del exilio: Indalecio Prieto, Álvaro de Albornoz, Félix Gordón Ordás, Antonio María Sbert, Juan Negrín y Julio Álvarez del Vayo, entre otros, formaron parte de una amplia delegación en la que estaban representadas casi todas las tendencias.

FRANCO, FUERA DE LA ONU

Sus argumentos eran claros: si la ONU iba a ser el hogar de todas las naciones amantes de la paz, en ella no tenía cabida la España de Franco, pero sí una España liberada de la dictadura.

“España -la auténtica, cuya representación no puede ostentar el actual Gobierno tiránico, impuesto por armas extranjeras- es un pueblo amante de la paz. Si estuviese libre, colaboraría con tanta sinceridad como quien más en la desaparición de las causas políticas, económicas y sociales de la guerra. El problema, pues, para que esa colaboración pueda ser efectiva, consiste en que España recobre su libertad”.

Así lo explicaba en un amplio memorando preparado de cara a la Conferencia de San Francisco la Junta Española de Liberación (JEL), la alianza del exilio republicano que había sido fundada en 1943 en México.

La JEL -con el respaldo de las autoridades mexicanas, con amplias simpatías alrededor del mundo y con una efectiva campaña de comunicación en Estados Unidos- fue capaz de influir de forma muy importante en San Francisco.

La Conferencia aprobó la llamada moción Quintanilla -por el nombre del delegado mexicano en la reunión- en la que, sin mencionar directamente a España, los países de la ONU acordaron vetar el ingreso de regímenes totalitarios implantados con el apoyo de “Estados que combatieron a las Naciones Unidas”.

“Este es el principal triunfo de la delegación republicana en la Conferencia de San Francisco”, explica a Efe el actual embajador español ante Naciones Unidas, Agustín Santos.

El primer objetivo del exilio republicano estaba conseguido, pues Franco no iba a ser admitido en la nueva organización. Era el principio de la llamada “Cuestión española”, bajo la cual durante los siguientes años se buscó desde la ONU aislar al régimen con una incansable labor diplomática de figuras como el socialista Fernando de los Ríos.

En 1946, la Asamblea General llegó a aprobar una resolución que recomendaba la retirada de embajadores de Madrid y vetaba a España el ingreso en organismos creados por Naciones Unidas.

Los éxitos, sin embargo, no fueron mucho más lejos, dado que el exilio republicano no logró un reconocimiento claro por parte del resto del mundo.

Desde Francia, una facción liderada por el Partido Comunista había buscado antes del fin de la Segunda Guerra Mundial abrir una campaña militar contra Franco para poder sentarse a negociar como un aliado más al acabar el conflicto, pero fracasó en su invasión del Valle de Arán. Mientras, la brecha dentro del PSOE entre el Gobierno de Juan Negrín en Londres y la corriente de Indalecio Prieto en México mantuvo abierta una división institucional en el peor momento posible.

DIVISIÓN REPUBLICANA

Esa división republicana es para muchos historiadores la clave que explica por qué las promesas que se abrían en San Francisco -principalmente que los vencedores de la Guerra reconocieran a un Gobierno republicano, forzaran la caída del franquismo y la vuelta de la democracia a España- nunca llegaron a materializarse.

“Para entender el fracaso de los representantes de la España republicana en San Francisco, puede haber otros matices, pero la clave sin duda es la fuerte división entre Prieto y Negrín”, apunta a Efe David Jorge, profesor e investigador del Colegio de México y especialista en la crisis de entreguerras y en la dimensión exterior de la guerra española.

Según recuerda, incluso en San Francisco hubo varios intentos de reunir a los dos líderes socialistas, que finalmente fracasaron por la negativa de Prieto.

A juicio de este historiador español, “el no presentar claramente una posición claramente unitaria al final de la Segunda Guerra Mundial fue trágico para las posibilidades de una restauración republicana”.

El rápido paso a un contexto de Guerra Fría, con España en la zona de influencia Occidental, hizo el resto. Para potencias como Estados Unidos o el Reino Unido, sin Hitler y Mussolini, Franco ya no suponía una amenaza y sí un posible escudo ante el avance del comunismo.

Así, poco a poco fueron buscando un acercamiento con Madrid y en 1950 la Asamblea General de la ONU aprobaba una nueva resolución que daba marcha atrás al veto contra España y a la recomendación de aislarla diplomáticamente que se había aprobado en 1946.

Cinco años después, el 14 de diciembre de 1955, España ingresaba en Naciones Unidas como miembro de pleno derecho.

Natalicio de Antonio Rodríguez Luna

Antonio Rodríguez Luna nace el 22 de junio de 1910 en Montoro, Córdoba, España, desde pequeño desbordo talento e interés por la pintura. A los 10 años se dirigió a Sevilla para estudiar pintura, en 1929 muestra su obra individual en el Ateneo de Madrid y al año siguiente le adquirieron una obra para el Museo de Arte Moderno de Madrid.

La Guerra Civil Española y sus pinturas son dos hilos que se entrelazan de una forma compleja, por un lado, esta una larga línea pintores que forman su educación artística, y por otro el contexto social en el que fueron desarrolladas sus obras. Por lo que a los años 30 se consolida como un gran artista, al expresar una idea social y revolucionaria en cada una de sus pinturas desde una perspectiva surrealista de lo que fue para él la guerra.

En el Ateneo Español de México contamos con algunas de sus obras que fueron donadas por Arregui-Puche.

“Danza de los concheros”, s. f. / Reproducción litográfica, 40 x 31.5 cm / Por Antonio Rodríguez Luna / Obra que forma parte de la colección plástica del Ateneo Español de México.

 

Referencia: “El exilio Español de México 1939-1982.” documento que pertenece a la Biblioteca del Exilio del Ateneo Español de México.

 

 

Apoyo a la comunidad del Colegio Madrid

La pandemia del COVID-19 ha impactado a toda la comunidad del Colegio. Entre otros efectos, el programa de becas se vio severamente afectado por la cancelación de La Verbena y de La Comida de Exalumnos, que cada año generan la mayor parte de los recursos de dicho programa.

Si te interesa ayudar, da clic en la siguiente imagen y obtén mas información:

REDES OFICIALES DEL COLEGIO MADRID

PÁGINA WEB – https://colegiomadrid.edu.mx/
FACEBOOK – https://www.facebook.com/ColegioMadridMX/
INSTAGRAM – https://www.instagram.com/colegiomadridmx
TWITTER – https://twitter.com/ColegioMadridMX
YOUTUBE – Colegio Madrid MX – https://www.youtube.com/channel/UCp56zD8gM2YGJPNCWPRMVvg
LINKEDIN – https://www.linkedin.com/company/colegiomadridmx
MADRID COMUNICA – https://www.madridcomunica.com/

Viaje en el Sinaia. 81º aniversario. 3ra y última parte.

Recibimiento en Veracruz. Foto: Hermanos Mayo. Archivo del Ateneo Español de México.

También se desarrolló entre los pasajeros del Sinaia una vinculación responsable con el pueblo que los acogería, por lo cual tenían la firme decisión de responder a la hospitalidad que México y su Gobierno les otorgaba.

Uno de los tantos instantes emotivos que recuerda Adolfo Sánchez Vázquez es cuando una mañana en la bodega que compartía con Juan Rejano y Pedro Garfias, este último “saltó de su litera y empezó a recitar el poema que había concebido y gestado durante toda la noche”[1] se refería a “Entre España y México”, del cual este filósofo y escritor destacó el siguiente fragmento:

Como en otro tiempo por la mar salada

te va un río español de sangre roja,

de generosa sangre desbordada..

Pero eres tú, esta vez quien nos conquista

y para siempre, ¡Oh vieja y nueva España![2]

En los relatos se repite otro recuerdo y es la escala en Puerto Rico, el día 6 de junio. Se dio la instrucción de no dejar bajar a los pasajeros, excepto a dos, para que fueran entrevistados por unos periodistas, éstos fueron Adolfo Vázquez Humasqué y Antonio Zozaya; a pesar de las prohibiciones de descender, los lugareños les hicieron llegar frutas, caramelos y cigarros, también les realizaron una recepción, “con centenares de miembros del Frente Popular Español de Puerto Rico”[3].

Conforme se iban acercando a su destino las indicaciones para el desembarco comenzaron a proporcionarse, se dio aviso de que todos debían contar con una ficha médica en orden y, si no contaban con las vacunas, tenían que acudir a aplicárselas. También debían llenar sus fichas profesionales y se les comunicó que el descenso se realizaría por familias con la ya mencionada ficha médica y su pasaporte en mano.

Por lo tanto, en tierras mexicanas también se encontraban organizando los preparativos para el arribo de los pasajeros del Sinaia y su destino en territorio mexicano; Francisco Méndez Aspe, miembro del Gobierno de Negrín, traía instrucciones y recursos económicos para este grupo de refugiados.

Para ocuparse de los detalles de la admisión, desembarque y alojamiento provisional, se creó el Comité Técnico de Ayuda a los Refugiados Españoles, para trabajar en conjunto con las autoridades mexicanas para el registro de los pasajeros, además de proporcionar medios para su manutención y alojamiento y así no generar un gasto económico al gobierno de México.

El buque Sinaia entró a la bahía de Veracruz a las cinco de la mañana el día 13 de junio de 1939, tapizado con carteles que proclamaban Viva México, Viva España, ¡Viva Cárdenas! ¡Viva Negrín!, ¡Negrín tenía razón!, La Juventud Española saluda a México[4], a las seis horas el buque atracó en el muelle, a las nueve de la mañana subió el doctor Negrín, quien estuvo con ellos alrededor de tres horas, a las diez de la mañana le siguió Vicente Lombardo Toledano, presidente de la Confederación de Trabajadores de México, junto con Fernando Casas Alemán, gobernador de Veracruz; el secretario de gobernación Ignacio García Téllez y Alejandro Gómez Maganda quien iba en representación del presidente Lázaro Cárdenas[5].

A las 11 de la mañana se inició el descenso. Sánchez Vázquez recuerda el momento de pisar tierra firme, sentir la emoción en todo el cuerpo al ver y escuchar a los miles de obreros que saludaban desde el muelle agitando sus brazos, alzando sus estandartes y pancartas y lanzando entusiastas consignas[6] “para recibir a los heroicos defensores de la República”[7]. Se inició un mitin en el puerto que culminó en el Palacio Municipal, plaza en la cual se dio la recepción oficial, García Téllez, Gómez Maganda y Lombardo Toledano dirigieron a los recién llegados discursos de bienvenida, la Agrupación Musical Madrid (Antigua Banda del Quinto Regimiento Español), interpretó los himnos de España y México, piezas mexicanas como la Adelita, la Cucaracha. El acto culminó pasada la una de la tarde, momento en el que comenzó la distribución para alojar a los refugiados, en la bodega La Terminal los hombres solos, en la Escuela Naval familias de personas con profesiones intelectuales; en la escuela Prevocacional, en la Escuela Cantoral y en el Vapor Manuel Arnus, otras familias. Dada la organización previa, estos lugares ya se encontraban adaptados para albergar a los exiliados con agua potable, servicios sanitarios y camas[8].

Según la información que refiere el Documento Quintanilla, el estado civil de los pasajeros fue de 847 casados, 452 solteros, 253 menores, 44 viudos y 3 divorciados; con un sorprendente índice de analfabetismo de 1.1%; de las más diversas profesiones entre las cuales podemos mencionar médicos, abogados, químicos, veterinarios, peritos, agrónomos, profesores y catedráticos, siendo estos últimos la cantidad mayor de profesionistas que vinieron en esta embarcación con 88 personas. En cuanto a otros oficios, hubo de igual forma una gran variedad: ebanistas, alpargateros, carniceros, militares, pescadores y, en mayor cantidad, los agricultores, con 172 personas.[9]

Es así como la llegada del Sinaia a Veracruz marcó el comienzo de la larga marcha del exilio en México. Paradójicamente, un final y un comienzo, ya que este viaje significó la esperanza ante el porvenir, pero también significó el abandono de su patria[10] para empezar una vida nueva en otro territorio, reivindicar los ideales republicanos, mantener una cohesión como comunidad para enaltecer su cultura hispánica.

Investigación: Ariadna Lilián Rodríguez Argueta, responsable de Archivo y Biblioteca del Ateneo Español de México.

[1] Sánchez Vázquez, Adolfo, “Recordando al Sinaia” en: Del Exilio en México. Recuerdos y reflexiones, Grijalbo, México, 1991, p. 26.

[2] Ibídem.

[3] Matesanz, José Antonio, “Con México presente en la esperanza” en: Raíces del exilio. Mexico ante la guerra civil española 1936-1939, Colmex – UNAM, México, 1999, p. 422.

[4] Ibíd., p. 446.

[5] Ibíd., p. 447.

[6] Sánchez Vázquez, Ibíd., p. 26-27.

[7] Ibíd., p. 446.

[8] Ruiz Funes, Concepción y Tuñón, Enriqueta, Palabras del Exilio. Final y comienzo Sinaia, INAH – SEP, México, 1982, p. 188.

[9] “Llegada del Vapor Sinaia” en Quintanilla, Patricio, Memoria de las Actividades realizadas por la Delegación de Veracruz. Comité Técnico de Ayuda a los Españoles en México, México, 1939. Fondo Histórico del Ateneo Español de México, caja 29, fojas 32-38.

[10] Ruiz Funes y Tuñón, Op. Cit. p. 14.