El teatro del exilio.

La guerra y el exilio inhibieron el poderoso impulso que llevaba el teatro español hacia 1936. Paralelamente al renacimiento de la lírica que se producía con la generación del 27, en contra del realismo, el teatro de Unamuno, de Valle-Inclán, de Azorín, García Lorca, experimentales y vanguardistas, fueron sin duda una ventana abierta a extensas posibilidades futuras.

A la vez que se presentaban obras escritas para una minoría, se volvía a la secular tradición lopesca de la comedia para el pueblo.

La Barraca fundada en 1931 por García Lorca y Eduardo Ugarte, llevo las obras clásicas del teatro español a los mas apartados pueblos y en muchos casos con efectos sorprendentes en cuanto a la sensibilidad de los que hasta entonces habían sido desperdiciados por la aristocracia intelectual.

Con todo, pasados los horrores de la lucha, del éxodo y de los campos de concentración, parte del impulso inicial logro conservarse en el exilio. En México concretamente, debe recordarse a Cipriano Rivas Cherif, que fundo el Teatro Español de América (1948); a Álvaro Custodio, director del Teatro Clásico de México (1953); a Álvaro Arauz, no solo traductor y adaptador, sino también autor de obras originales. A pesar de todo ello, las dificultades materiales del arte teatral no permitieron la existencia de dramaturgos profesionales dedicados por entero a él.

Los autores mexicanos tenían así mismo grandes problemas para llevar a la escena sus obras. De ahí que en el exilio se haya producido mas de una literatura dramática que teatral y pese a todo, se logro realizar obras considerables, de las que podemos mencionar algunas como: “El Misterio de Quanaxhuata (1943), sobre una leyenda otomí, de Josep Carner; “La Manzana” (1954) y “El Juglarón”  (1957), de León Felipe, así como su versión de Shakespeare: “No es cordero que es cordera”; “La niña Guerrillera”  (1945) de José Bergamín; “Media palabras” (1965), de Álvaro Arauz, primera pieza de una trilogía sobre la Guerra de España; así como las obras con tema mexicano de José María Camps: “ Caseria de un hombre”; “Columbus 1916”; “El gran tianguis. A la abundante ora en prosa de Max Aub, se añade también numerosas obras de teatro.

 

Castelao: Foto tomada de farodevigo.es

 

Referencia bibliográfica: Letras, Arturo Souto: El Exilio Español en México 1939-1982.

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