{"id":1993,"date":"2013-02-06T21:22:52","date_gmt":"2013-02-06T21:22:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/?p=1993"},"modified":"2013-02-06T21:22:52","modified_gmt":"2013-02-06T21:22:52","slug":"dr-fernando-migallon-miembro-de-la-academia-mexicana-de-la-historia","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/dr-fernando-migallon-miembro-de-la-academia-mexicana-de-la-historia\/","title":{"rendered":"Dr. Fernando Migall\u00f3n, Miembro de la Academia Mexicana de la Historia."},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><strong>Discurso de Ingreso.\u00a0<\/strong><strong>Miembro Corresponsal.\u00a0<\/strong><strong>Academia Mexicana de la Historia.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><strong>Fernando Serrano Migall\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"center\"><strong>5 febrero 2013.<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\">\n<p align=\"center\"><strong>Tiempo de Centenarios.<\/strong><\/p>\n<p align=\"center\"><strong>Recuerdo, reelaboraci\u00f3n y memoria de la Historia<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\">\u00a0Antes de cumplir la grata obligaci\u00f3n que el estatuto de esta ilustre Academia impone a sus nuevos miembros, de comenzar sus tareas exponiendo un texto de su autor\u00eda, quiero cumplir con otro deber, si se puede a\u00fan m\u00e1s grato, que antecede a cualquier estatuto y constituye el cimiento de toda relaci\u00f3n humana: el rito del agradecimiento, aquello a lo que Mar\u00eda Zambrano llam\u00f3 el momento luminoso de la ofrenda, instante y actitud que hace visible y reconocible la primera deidad de la historia: la gratitud.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">Gracias a los miembros de la Academia Mexicana de la Historia que me han aceptado como uno m\u00e1s de los trabajadores de la memoria, gracias a\u00a0 don Miguel Le\u00f3n Portilla y a don Javier Garciadiego Dantan, quienes acogieron, desde hace ya m\u00e1s de un a\u00f1o, la causa de mi admisi\u00f3n como si de cosa propia se tratara y rindieron culto, as\u00ed, a otro de los dioses tutelares de la historia: la amistad.<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\">\u00a0Gracias a todos quienes se ponen al servicio de la m\u00e1s poderosa de las diosas patronas de la historia: la esperanza, que es, a decir de Goethe, otra forma, m\u00e1s cordial, de medir el tiempo.<\/p>\n<p>\u00a0Acaso por simple observaci\u00f3n o por impulso del esp\u00edritu humano, sin mayor autoridad que me respalde, he querido se\u00f1alar como manes inspiradores de la historia: la gratitud, la amistad y la esperanza.<\/p>\n<p>Quienes abrazamos la vocaci\u00f3n de recordar, mantener y estudiar el pasado lo hacemos siempre bajo la advocaci\u00f3n de estos tres augures; gratitud para quienes hicieron la historia y para quienes la narraron antes que nosotros, sin ellos nos quedar\u00edamos sin memoria, esto es, sin rostro que nos identifique. Amistad para con las mujeres y los hombres, que igual que nosotros, descubren piezas del pasado para compartirlas y formar, todos juntos, ese enorme y abigarrado mosaico al que llamamos ayer; y esperanza, deidad peque\u00f1a y ciega, pero poderosa, que transforma la labor del historiador, a trav\u00e9s del anhelo subjetivo del que recuerda hechos aparentemente inconexos, lo que hace de la lectura del pasado una promesa de porvenir.<\/p>\n<p>Quien se niega al amparo de esta trinidad de la historia, quien acude al pasado buscando las ra\u00edces de su rencor, quien mezcla la tinta con la cicuta, podr\u00e1 siempre hacer cr\u00f3nica o memoria, pero nunca escribir historia que es el m\u00e1s querido de los tesoros humanos y el m\u00e1s deseado de sus patrimonios.<\/p>\n<p><strong>1.<\/strong><strong> Tiempo de centenarios.<\/strong><\/p>\n<p>En 2010, los mexicanos entramos en un ciclo de reflexi\u00f3n que habr\u00e1 de extenderse por algunas d\u00e9cadas, hasta casi la mitad de este siglo. Al comenzar el centenario de la Revoluci\u00f3n mexicana, conmemoraremos en los a\u00f1os pr\u00f3ximos, los hechos que construyeron la ra\u00edz del M\u00e9xico actual y definieron la identidad de nuestro tiempo; en 2010, el estallido del movimiento revolucionario; en 2011, la asunci\u00f3n de Madero a la Presidencia y la proclamaci\u00f3n del Plan de Ayala, en 2012, los levantamientos de Pascual Orozco y F\u00e9lix D\u00edaz y, en este 2013, <em>annus horribilis<\/em>, obscuro y aciago, en que ocurrieron la Decena Tr\u00e1gica, el cuartelazo de Victoriano Huerta, los asesinatos de Madero y Pino Su\u00e1rez, pero tambi\u00e9n el inicio de la Revoluci\u00f3n constitucionalista de Venustiano Carranza.<\/p>\n<p>1913 aparece en la historiograf\u00eda mexicana como un a\u00f1o plagado de penalidades y desastres; un tiempo de violencia en que la arquitectura constitucional elaborada -como dir\u00eda Graci\u00e1n- con ma\u00f1a de artesano y paciencia de benedictino, fue destruida por las pesadas botas de militares aventureros, de nost\u00e1lgicos del pasado porfirista y conservador, por oportunistas de la sangre y de la venganza; pero es tambi\u00e9n el tiempo en el que la crisis y el ba\u00f1o de sangre prohijaron la rebeli\u00f3n de la voluntad nacional, la reivindicaci\u00f3n de los ind\u00edgenas, el surgimiento de los movimientos obrero y campesino, los movimientos democr\u00e1ticos, ciudadanos y culturales; las manifestaciones a favor de la legalidad y el inicio de la construcci\u00f3n de una nueva vida constitucional, adecuada y apta para construir el futuro de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>A\u00fan en el bando de los golpistas existieron contradicci\u00f3n y desencuentro; desde el venal y sanguinario Huerta, sin otra causa que el placer del poder y la perversa satisfacci\u00f3n del miedo, hasta el profesional de los juegos de guerra: Manuel Mondrag\u00f3n; desde el ambicioso y diminuto F\u00e9lix D\u00edaz, hasta el anacr\u00f3nico y rom\u00e1ntico Bernardo Reyes. No son todos lo mismo. Y no lo son, porque el cuartelazo de 1913, representa el estallido de las heridas purulentas que hab\u00eda maquillado el progreso de la paz porfiriana.\u00a0 No son todos lo mismo, porque cada uno representa mundos en pugna que aspiraban a dominarse unos a otros cuando falt\u00f3 la mano omnipotente y la mente omnisciente del dictador. En ese conjunto caben el militar ambicioso amparado por d\u00e9cadas de impunidad, el pol\u00edtico desplazado que vislumbr\u00f3 el momento de nuevos brillos, el viejo quijotesco que so\u00f1aba con el lema de poca pol\u00edtica y mucha administraci\u00f3n y el profesional de las armas aburrido ya de tantos a\u00f1os de hacer tareas polic\u00edacas.<\/p>\n<p>El a\u00f1o de la Decena Tr\u00e1gica, es el mismo de la Marcha de la Lealtad, es un a\u00f1o signado por el mito y el imaginario colectivo; Es verdad que muchas batallas de la Revoluci\u00f3n resultaron m\u00e1s sangrientas y m\u00e1s destructivas; los nombres de Torre\u00f3n, Zacatecas, Orend\u00e1in y Celaya, se\u00f1alan los hitos m\u00e1s violentos de nuestra guerra civil, pero s\u00f3lo la Decena Tr\u00e1gica trae consigo el apelativo \u201ctr\u00e1gico\u201d con que la recordamos y s\u00f3lo en esos breves diez d\u00edas de la historia se conjura el sentido completo del movimiento armado. La Revoluci\u00f3n ser\u00eda un movimiento liberador por la legalidad o no ser\u00eda sino una aventura como las antiguas asonadas del siglo XIX.<\/p>\n<p>Tiempo aquel de contradicciones y paradigmas opuestos. Frente al desprecio de Huerta por la Ley, se levanta la figura potente de Carranza; frente a los oligarcas avezados y ambiciosos, la imperecedera presencia de Zapata; frente a la brutalidad y frivolidad de F\u00e9lix D\u00edaz, la sensibilidad de Luis Cabrera o de Francisco J. M\u00fajica.<\/p>\n<p>Es el tiempo en el que, muy j\u00f3venes, y educados en el ritmo trepidante de la violencia revolucionaria, se integran a las filas los que devendr\u00edan constructores del M\u00e9xico futuro. Fue el tiempo, de la primera sangr\u00eda cultural de nuestra patria cuando salen al exilio empujados por la violencia y la atrocidad del destino algunos j\u00f3venes como Alfonso Reyes.<\/p>\n<p>La Decena Tr\u00e1gica, persiste en el imaginario colectivo, casi con independencia del resto del movimiento armado. Es su condici\u00f3n local, coyuntural y fechada lo que le da su car\u00e1cter universal y re\u00fane en su experiencia los temas eternos del traidor y del h\u00e9roe; la legalidad y la justicia; la muerte y la vida. Los hechos se superan a s\u00ed mismos para convertirse en s\u00edmbolo, en aquello que sin poder definir del todo, Napole\u00f3n comentaba a Goethe cuando le pidi\u00f3 escribir una tragedia sobre la figura de Julio C\u00e9sar: \u201cNada supera una tragedia. La tragedia, en cierto modo, est\u00e1 por encima de la historia\u201d.<\/p>\n<p>En el febrero de 1913, estos personajes y el pa\u00eds con ellos se encaminan a su destino, les acontecen hechos que superan su imaginaci\u00f3n y su capacidad de predicci\u00f3n, a veces parecen no comprender y en otras, sobrepuestos a su temor y a su propia condici\u00f3n vital, se engrandecen sobre el silencio del coro que es una sociedad aterrada por los demonios que se han desatado donde apenas unos a\u00f1os antes florec\u00eda una paz augusta; como si tanta grandeza tuviera que terminar en dolor y que despierta las c\u00f3leras y envidias tanto de los dioses como de los hombres. Lo mismo da la v\u00edspera de la ejecuci\u00f3n de Madero, las visitas que recibe y las condiciones de su encierro, que la marcha desastrosa que Bernardo Reyes cursa de la c\u00e1rcel militar de Santiago Tlatelolco hasta su final frente a la puerta Mariana de Palacio Nacional. Todo parece escrito desde antes por una pluma providencial, todo parece dirigido al encuentro del destino y al final, igual que sucede con los dioses griegos, nadie puede escapar a su destino, ni el gobierno leg\u00edtimo, ni los alzados y menos a\u00fan la Naci\u00f3n.<\/p>\n<p>La tragedia, insisto con Goethe, supera a la historia, le da forma, la mitifica y la convierte en s\u00edmbolo de los tiempos que habr\u00edan de venir; como si en s\u00f3lo diez d\u00edas tuviera que ser resuelto el dilema fundamental de la historia, de toda ella; de todo lo humano, el debate entre el protagonista individual que modifica la historia, o la naci\u00f3n que la determina.<\/p>\n<p>Enorme en su iniquidad y tambi\u00e9n en su hero\u00edsmo, el cuartelazo de 1913 represent\u00f3 para los mexicanos un parteaguas hist\u00f3rico, un momento brutal que, sin embargo, se engrandece todav\u00eda m\u00e1s por su funci\u00f3n cat\u00e1rtica y por su capacidad inspiradora pues puede ser le\u00edda a la luz de la f\u00f3rmula de Arist\u00f3teles que da por funci\u00f3n a la tragedia purificar las pasiones mediante la piedad y el terror. Por primera vez en nuestro entonces, ya largo devenir hist\u00f3rico, se presentaba la coyuntura no de elegir entre dos tendencias ideol\u00f3gicas o entre dos caudillos, sino optar entre la legalidad o su destrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>El Maderismo hab\u00eda puesto de relieve el surgimiento de un nuevo tipo de mexicano, ilustrado pero sin acceso a la toma de decisiones fundamentales; en torno a Francisco I. Madero militaron los representantes de esa nueva clase social, la burgues\u00eda de clase media que aspiraba a tomar parte activa en la vida pol\u00edtica de un pa\u00eds que en buena parte estaban construyendo.<\/p>\n<p>En su libro <em>La Sucesi\u00f3n Presidencial de 1910<\/em>, publicado en 1908, Madero no refleja la necesidad de un nuevo marco constitucional, antes bien, demanda la restauraci\u00f3n del orden democr\u00e1tico de la Constituci\u00f3n de 1857, particularmente en temas en los que dicha Constituci\u00f3n hab\u00eda avanzado significativamente: elecciones libres y libertades pol\u00edticas; de hecho la Plataforma pol\u00edtica del Partido Anti reeleccionista es recurrente en dichos temas a los que sumar\u00e1 el principio de no reelecci\u00f3n y la libertad de los municipios, para regresar con mayor energ\u00eda a tocar el tema de las garant\u00edas individuales.<\/p>\n<p>La destrucci\u00f3n y la muerte de cientos de personas, fieles al gobierno legal y leg\u00edtimo, implicaron una transformaci\u00f3n del movimiento que pens\u00f3, acaso con inocencia, que bastaba expulsar al dictador para crear la democracia, que creyeron en el ap\u00f3stol que, transportado por su creencia, confiaba en la bondad de todos los mexicanos para construir un sue\u00f1o de patria que no era posible ante tanta hambre, tanta injusticia y tanta exclusi\u00f3n. Alfonso Reyes lo recordar\u00eda a\u00f1os despu\u00e9s, ya en su retiro, cuando dec\u00eda que \u201cExpulsar al viejo Presidente parec\u00eda ser el problema de la Revoluci\u00f3n, y result\u00f3 lo m\u00e1s sencillo. Como siempre que se intenta apuntalar la tierra para evitar un terremoto o sacar cubas de lava para evitar la explosi\u00f3n de un volc\u00e1n, aquello de dar por hecha una Revoluci\u00f3n con s\u00f3lo la renuncia de un Presidente fue una quimera.\u201d<\/p>\n<p>Por su car\u00e1cter decididamente jur\u00eddico y pol\u00edtico, el Movimiento constitucionalista encabezado por Venustiano Carranza habr\u00eda de colocarse en la vanguardia de la lucha por la recuperaci\u00f3n de la normalidad legal. El Plan de Guadalupe, proclamado el 26 de marzo de 1913, no s\u00f3lo desconoci\u00f3 a Huerta, sino a los Poderes de la Federaci\u00f3n y a los Gobiernos de los Estados que permanecieran fieles al r\u00e9gimen del usurpador; estableci\u00f3 a Carranza como Primer Jefe del Ej\u00e9rcito Constitucionalista encargado interinamente del Poder Ejecutivo, hasta que pudiera convocar a elecciones generales, cuando las condiciones de paz fueran suficientes para garantizar la celebraci\u00f3n de la consulta. Sobre todo, se propuso la reinstauraci\u00f3n del orden constitucional vigente, el de 1857.<\/p>\n<p>Todos ten\u00edan conciencia de que \u00e9stas se ver\u00edan cumplidas no con arreglos pol\u00edticos temporales, sino con incorporaciones reales en los textos legislativos. De entre ellos, Carranza emerge con el texto constitucional de 1857, violentado y hasta olvidado, para ver en \u00e9l, en su reforma y, finalmente en su transformaci\u00f3n, el arreglo final de una lucha que hab\u00eda confiado en la Ley como manifestaci\u00f3n de la voluntad general. Debe decirse tambi\u00e9n, que a diferencia del movimiento encabezado por Madero en contra de D\u00edaz, en las expresiones populares y en el discurso pol\u00edtico, los movimientos que se levantaron contra Huerta, a\u00f1aden el ingrediente de un odio tel\u00farico, antiguo, de siglos de olvidos y postergaciones y ser\u00e1 la odiosa figura del traidor la que conjurar\u00e1 en su contra todas las violencias de que la mexicanidad fue capaz; ser\u00e1 \u00e9l, en su venalidad y falta de discurso, en su ausencia total de proyecto de Naci\u00f3n y de sentido humano, quien atraer\u00e1 como sol\u00edan atraer, en la tragedia griega, todos los males quienes se opon\u00edan al destino propio o al de sus semejantes.<\/p>\n<p>Ser\u00e1 Alfonso Reyes quien, a\u00f1os despu\u00e9s al recordar en busca de una catarsis para explicarse la muerte de su padre, lo que probablemente no encontr\u00f3, plantear\u00eda el espacio de la tragedia en estos t\u00e9rminos: \u201cEl general Bernardo Reyes, que en un tiempo parec\u00eda el sucesor natural de Porfirio D\u00edaz en la Presidencia de la Rep\u00fablica Mexicana y que concentraba en s\u00ed toda la simpat\u00eda y hasta la idolatr\u00eda del pueblo y del ej\u00e9rcito, no quiso ser desleal a Porfirio D\u00edaz y se neg\u00f3 a encabezar una revoluci\u00f3n, ausent\u00e1ndose del pa\u00eds. El primer hombre que hubo a la mano \u2014Madero\u2014 hizo entonces la Revoluci\u00f3n, que expuls\u00f3 del gobierno y del pa\u00eds a Porfirio D\u00edaz. Y como sucede siempre, el movimiento social fue dejando atr\u00e1s a sus iniciadores. Cuando el general Reyes volvi\u00f3 al pa\u00eds, su popularidad hab\u00eda desaparecido, y se encontr\u00f3, sin darse cuenta, convertido en representante de la reacci\u00f3n, y de los \u00faltimos elementos y despojos del r\u00e9gimen porfirista. Una serie de vicisitudes lo arrastran entonces de fracaso en fracaso hasta la prisi\u00f3n militar de Santiago, en la Ciudad de M\u00e9xico.\u201d<\/p>\n<p>Este tiempo de centenarios, en particular el de 1913 que durante este a\u00f1o deberemos reflexionar, representa la oportunidad de pensar sobre el papel de la violencia en la historia patria; de la forma en que los mexicanos asumimos el legado de la guerra y el recuerdo de las batallas; de la manera en que, finalmente, de aquellos hechos, hemos construido la identidad de un pueblo en tensi\u00f3n entre la legalidad y la impunidad, entre la fuerza y la norma, entre el l\u00edder y la sociedad. Pudimos generar, al fin, como sociedad pero sobre todo como Naci\u00f3n un arte propio y singular.<\/p>\n<p><strong>2.<\/strong><strong> D\u00edas de Ca\u00edn y de metralla: La oraci\u00f3n del 9 de febrero, Alfonso y Bernardo Reyes.<\/strong><\/p>\n<p><strong><\/strong>Se ha terminado ya el tiempo de los testigos. Quienes vivieron aquellos momentos atroces han partido, de ah\u00ed, que hayamos superado la etapa testimonial de la Revoluci\u00f3n escrita por los protagonistas, mayores y menores, etapa en la que se cre\u00f3 el ciclo enorme de la novela revolucionaria; hemos pasado tambi\u00e9n ya el periodo en que escribieron los testigos todav\u00eda j\u00f3venes y que la estudiaron como fen\u00f3meno social y cultural vigente; hemos entrado, desde hace varias d\u00e9cadas en el momento de reflexi\u00f3n, interpretaci\u00f3n y reinterpretaci\u00f3n de aquel pasado que nos construy\u00f3 y que nos justifica. Es este nuestro momento, como historiadores y memorialistas, de reconstruir los detalles de aquel pasado que dieron sentido a muchas otras manifestaciones de nuestra ciencia, pol\u00edtica, arte y cultura. Es el tiempo de explorar no s\u00f3lo los hechos, sino su significado y su alcance.<\/p>\n<p>Al marcar las diferencias entre los distintos actores del cuartelazo de 1913, se desprende de ellos, por su car\u00e1cter y raz\u00f3n, Bernardo Reyes. Lo hace, no s\u00f3lo por el distinto cariz de su presencia en los hechos, no s\u00f3lo por la causa que abraz\u00f3 y lo llev\u00f3 a lanzarse cabalgando a ciegas contra la metralla que proteg\u00eda la Puerta Mariana de Palacio Nacional; no s\u00f3lo por eso, sino por la manera en que esos d\u00edas son recordados y que nos muestran los distintos niveles por los que debe pasar la memoria antes de convertirse en historia. De ese instante del pasado Alfonso Reyes escribi\u00f3 unos de los versos m\u00e1s dram\u00e1ticos de la literatura mexicana y tambi\u00e9n, de los m\u00e1s logrados:<\/p>\n<p>\u201cFebrero de Ca\u00edn y de metralla:<\/p>\n<p>humean los cad\u00e1veres en pila.<\/p>\n<p>Los estribos y riendas olvidabas<\/p>\n<p>y Cristo militar, te nos mor\u00edas.\u201d<\/p>\n<p>La tragedia familiar del que parec\u00eda el sucesor natural de Porfirio D\u00edaz, los desencuentros entre Rodolfo, el pol\u00edtico y Alfonso, el intelectual, ambos hijos predilectos del Patriarca; son un ejemplo de la marca que la guerra dej\u00f3 en la sensibilidad art\u00edstica de Alfonso, la manera en que troc\u00f3 para siempre la carrera pol\u00edtica de Rodolfo y el modo en que desperdig\u00f3 por el mundo a aquella familia de j\u00f3venes\u00a0 prometidos a pertenecer a la \u00e9lite porfiriana, es un s\u00edmbolo de la transformaci\u00f3n y la tragedia que signific\u00f3 para M\u00e9xico el movimiento revolucionario.<\/p>\n<p>Es tambi\u00e9n esa tensi\u00f3n fraternal, la de Alfonso y Rodolfo, el s\u00edmbolo de un pa\u00eds envuelto en el fratricidio, se desconocen y se desencuentran aunque comparten pasado com\u00fan y el afecto de una vida; dir\u00e1 Alfonso alg\u00fan d\u00eda sobre la estrella del otro Reyes: \u201cMi hermano Rodolfo que, naturalmente acabar\u00eda por no entenderse con Huerta, y sali\u00f3 del Gabinete, asumi\u00f3 una actitud acusatoria en la C\u00e1mara, fue a dar a la c\u00e1rcel con todos los diputados y finalmente fue desterrado, se reuni\u00f3 conmigo en Par\u00eds\u201d.<\/p>\n<p>La historia tambi\u00e9n es as\u00ed, no s\u00f3lo el recuerdo de las batallas y de los momentos gigantescos, sino el s\u00edmbolo \u00edntimo de la tragedia humana; la exposici\u00f3n desnuda de la condici\u00f3n de los hombres frente a los hechos que los superan y que los transforman para hacer de ellos mucho m\u00e1s de lo que ser\u00edan en circunstancias habituales.<\/p>\n<p>Ante los ojos de Alfonso Reyes, la estatura de su padre aparece inmensa, m\u00edtica, geol\u00f3gica; narra la visita de Porfirio D\u00edaz a Monterrey pocos a\u00f1os antes de la ca\u00edda: \u201cAl fin el due\u00f1o de la pol\u00edtica vino en persona a presenciar el milagro: \u00b4As\u00ed se gobierna\u00b4, fue su dictamen. Y poco despu\u00e9s, el gobernador se encargaba del Ministerio de la Guerra, donde todav\u00eda tuvo ocasi\u00f3n de llevar a cabo otros milagros: el instaurar un servicio militar voluntario, el arrancar al pueblo a los vicios domingueros para volcarlo, por espont\u00e1neo entusiasmo, en los campos de maniobras; el preparar una disciplina colectiva que hubiera sido el camino natural de la democracia; el conciliar al ej\u00e9rcito con las m\u00e1s altas aspiraciones sociales de aquel tiempo; el sembrar confianza en el pa\u00eds cuando era la moda el escepticismo; el abrir las puertas a la esperanza de una era mejor. Al calor de este amor se fue templando el nuevo esp\u00edritu. Todos lo saben, y los que lo niegan saben que enga\u00f1an. Aquel amor llenaba un pueblo como si todo un campo se cubriera con una lujuriosa cosecha de claveles rojos.\u201d<\/p>\n<p>A Alfonso Reyes la tragedia le marca la vida, la pasi\u00f3n por el padre se transformar\u00e1 en motivo para su literatura, pero ser\u00e1, al igual que la actuaci\u00f3n de Rodolfo, una causa para su rechazo por la pol\u00edtica de la que, sin embargo, nunca pudo desligarse como diplom\u00e1tico y luego como autoridad cultural; ser\u00e1 en \u00e9l s\u00edmbolo de contradicci\u00f3n y de dolor y, por lo tanto, enorme fuerza creativa. Alfonso termina su soneto \u201c9 de febrero de 1913\u201d, con una declaraci\u00f3n de principios que ser\u00e1 v\u00e1lida durante toda su existencia:<\/p>\n<p>\u201cDesde entonces mi noche tiene voces,<\/p>\n<p>hu\u00e9sped mi soledad, gusto mi llanto.<\/p>\n<p>Y si segu\u00ed viviendo desde entonces<\/p>\n<p>es porque en m\u00ed te llevo, en m\u00ed te salvo,<\/p>\n<p>y me hago adelantar como a empellones,<\/p>\n<p>en el af\u00e1n de poseerte tanto.\u201d<\/p>\n<p>El soneto est\u00e1 fechado en 1932, en Rio de Janeiro; dos a\u00f1os antes, en 1930, el d\u00eda que su padre hubiera cumplido los ochenta a\u00f1os y diecisiete despu\u00e9s de su muerte, Reyes escribe la <em>Oraci\u00f3n del 9 de febrero<\/em>, que habr\u00eda de permanecer in\u00e9dita hasta que en 1963 la diera a conocer su viuda. En ese texto, explicaci\u00f3n del papel que la violencia tuvo en su vida, Reyes presenta su impotencia frente al destino que su padre se hab\u00eda fijado y que recib\u00eda el aliento y acicate de su hermano Rodolfo; en su memorial de los d\u00edas terribles de la muerte de su padre, Alfonso recuerda como \u201ctodav\u00eda el Presidente Madero &#8211; a trav\u00e9s de Alberto J. Pani y por mediaci\u00f3n de Mart\u00edn Luis Guzm\u00e1n &#8211; lleg\u00f3 a ofrecerme la libertad del general Reyes, si yo le daba mi palabra de que se retirar\u00eda a la vida privada. Pero yo no pude hacerlo, porque no era mi opini\u00f3n, -dada mi extrema juventud- la que pod\u00eda dominar otras influencias y otros compromisos que arrastraban a mi pobre padre.\u201d<\/p>\n<p>Su confusi\u00f3n y dolor ante el mundo que se ven\u00eda abajo sin saber qu\u00e9 derroteros le deparaba el que entonces nacer\u00eda de las cenizas de aquel momento hist\u00f3rico, clava en su esp\u00edritu, como una met\u00e1fora de la vida nacional, el dardo penetrante de la pena. Ya escritor en madurez, Alfonso dijo: \u201cAqu\u00ed mor\u00ed yo y volv\u00ed a nacer, y el que quiera saber qui\u00e9n soy que le pregunte a los hados de Febrero. Todo lo que salga de m\u00ed, en bien o en mal, ser\u00e1 imputable a ese amargo d\u00eda\u201d. Sin saberlo, sin propon\u00e9rselo siquiera, Alfonso Reyes se convierte as\u00ed, en ese instante, en s\u00edmbolo de un pa\u00eds que nace y muere en un mismo momento, cuando sus instituciones son destruidas y los movimientos revolucionarios asumen la responsabilidad; todo cuanto somos deviene de esa apuesta hist\u00f3rica, la legalidad o la fuerza, para bien o para mal, es imputable tambi\u00e9n a esos amargos d\u00edas.<\/p>\n<p><strong>3.<\/strong><strong> Reconstrucci\u00f3n y Constituci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n<p>Si aquel tiempo de centenarios est\u00e1 tachonado de sangre y tragedia, tambi\u00e9n lo est\u00e1 de luz y de esperanza.<\/p>\n<p>El constitucionalismo nace como una respuesta al cuartelazo y a su ausencia total de programa, legalidad y sistema; se constituye como un retorno al orden y a la institucionalidad; para el momento en que Carranza toma el estandarte de la lucha por la recuperaci\u00f3n del orden constitucional, M\u00e9xico es ya un pa\u00eds devastado no s\u00f3lo por cuanto la ola destructiva del furor revolucionario, las bandas fuera de todo control, la abundancia de caudillos aut\u00e1rquicos y la brutal represi\u00f3n de la dictadura, actuar\u00e1n en una espiral de violencia sin l\u00f3gica alguna, privada de todo marco jur\u00eddico efectivo, la sociedad y el Estado compart\u00edan la orfandad que s\u00f3lo se tiene cuando la ley ha muerto.<\/p>\n<p>La reconstrucci\u00f3n de la patria pensada por Carranza aspira, en un primer momento, a recuperar el orden perdido y que s\u00f3lo es posible en la legalidad; llegada su hora, se convertir\u00e1 no s\u00f3lo en reconstrucci\u00f3n, sino en aut\u00e9ntico surgimiento por la educaci\u00f3n, las garant\u00edas sociales, el derecho al trabajo, a la salud, a la sindicalizaci\u00f3n, en fin, la b\u00fasqueda para moderar la riqueza y luchar contra la miseria, en la b\u00fasqueda del equilibrio, siempre fr\u00e1gil y casi siempre inaprensible, entre el derecho del sujeto y el derecho de la sociedad.<\/p>\n<p>En 1959, un sobresaliente protagonista de la vida cultural mexicana, Fernando Ben\u00edtez, public\u00f3 <em>El Rey viejo<\/em>, una de las \u00faltimas novelas del ciclo revolucionario en que narra el sacrificio de Venustiano Carranza. Los hechos de Tlaxcalantongo, de 1920, vienen a cerrar el ciclo de destrucci\u00f3n y muerte que se abrieron con el episodio de la Decena Tr\u00e1gica. En ambos, la muerte del presidente responde a intereses espurios, a la espiral extral\u00f3gica de la violencia y tambi\u00e9n, a la encrucijada que deb\u00eda resolver el movimiento revolucionario; legalidad o caudillismo; instituciones o sujetos.<\/p>\n<p>El revolucionario constitucionalista aparece as\u00ed, como otra de las figuras tit\u00e1nicas del movimiento armado, su estela de fuerza y legalidad, le atrajeron la fidelidad de inteligencias y sensibilidades como la de Isidro Fabela, o como la de Francisco L. Urquizo que mantuvieron siempre una lealtad indeclinable por Carranza.<\/p>\n<p>Carranza enfrenta al usurpador Huerta con una sola bandera, inmensa e impecable, la Constituci\u00f3n. El prop\u00f3sito de Carranza no era establecer un nuevo orden constitucional; ve\u00eda en la Constituci\u00f3n liberal e individualista de 1857, el legado hist\u00f3rico de una patria ya formada; sin embargo, el fragor de las batallas, la participaci\u00f3n del pueblo y el desarrollo de la Asamblea constituyente de 1916 &#8211; 1917, dejaron claro que el momento de la Rep\u00fablica era otro. Nuevos actores presentaron nuevas demandas y, finalmente, luego de casi quinientos\u00a0 a\u00f1os de historia, la Naci\u00f3n y el Estado se presentaban de cuerpo entero, sin exclusiones y sin ausencias.<\/p>\n<p>Esta vez, y para siempre, la Patria en formaci\u00f3n hab\u00eda hecho crisis para constituirse toda en un nuevo texto constitucional en el que se pod\u00eda albergar un nuevo sue\u00f1o de Naci\u00f3n y un nuevo proyecto de Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Carranza, al igual que Bernardo Reyes, pertenec\u00eda a aquella casta de gobernadores porfirianos que prefer\u00edan la administraci\u00f3n a la pol\u00edtica; incluso, las ligas de aprecio y colaboraci\u00f3n entre ambos gobernadores fincaron conjuntamente, las bases de una buena parte de la prosperidad del norte mexicano.<\/p>\n<p>Igual que Bernardo Reyes, Carranza era hijo de un liberal prominente, pero a diferencia del neoleon\u00e9s, nunca aspir\u00f3 a la presidencia y supo leer, acaso con mejor precisi\u00f3n, los vientos que se iban con el Ypiranga y aquellos que soplaban desde los \u00e1ridos desiertos que gobernaba; tolerante pero no comprometido con el Maderismo, lleg\u00f3 a su l\u00edmite con el cuartelazo de Huerta y, entonces, m\u00e1s que ning\u00fan otro por su programa de acci\u00f3n y sus ideas definidas, encarn\u00f3 un movimiento cuyo cu\u00f1o revolucionario puede ser debatido, pero cuyo sello de legalidad, orden e institucionalidad son incuestionables.<\/p>\n<p>Para Carranza, la revoluci\u00f3n significaba legalidad; revoluci\u00f3n significaba reconstrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>La muerte del general Bernardo Reyes no fue s\u00f3lo un destino tr\u00e1gico para s\u00ed mismo, lo fue tambi\u00e9n para su\u00a0 hijo Alfonso, que en los siguientes cincuenta a\u00f1os nos legar\u00eda una patria escrita. Al crear esa patria Alfonso Reyes cumple en el terreno de la cultura lo que Carranza propone en el terreno c\u00edvico. Hoy, cien a\u00f1os despu\u00e9s, nuestro pa\u00eds es muy distinto.<\/p>\n<p>Para el momento de creaci\u00f3n del nuevo orden constitucional, la historia mexicana hab\u00eda llegado a un punto de maduraci\u00f3n en el que los elementos del Estado se hab\u00edan establecido de manera casi definitiva; la lucha armada de 1910, por su parte, habr\u00eda de terminar la tarea de consolidaci\u00f3n de la identidad que se hab\u00eda iniciado con la restauraci\u00f3n republicana y el movimiento de reforma. A los datos de nuestra identidad republicana, federal y laica, iban a a\u00f1adirse el sentido popular, representativo y social que caracteriza al Estado mexicano; de ah\u00ed que pueda decirse que la Constituci\u00f3n de 1917 opera como resumen de la historia nacional.<\/p>\n<p>La Constituci\u00f3n se convirti\u00f3 as\u00ed en la s\u00edntesis de la vida de M\u00e9xico;\u00a0 de quienes en medio del fragor de la conquista, comprendieron que no era la destrucci\u00f3n lo que podr\u00eda forjar una Naci\u00f3n, de los confundidos e idealistas hombres del XIX, que se vieron forzados a imaginar una patria donde s\u00f3lo hab\u00eda dispersi\u00f3n; de aquellos que buscan la justicia social que caracteriz\u00f3 a la revoluci\u00f3n, los mismos que aspiraron a un Estado constitucional de derecho que pudieran legar a sus hijos como \u00fanica garant\u00eda de permanencia. Somos todo eso y tambi\u00e9n lo que nuestros sucesores construyan para labrar su presente y su futuro.<\/p>\n<p>Se\u00f1ores acad\u00e9micos.<\/p>\n<p>Vuelvo al inicio de estas palabras que generosamente han escuchado. Vuelvo a invocar las deidades dom\u00e9sticas de la historia: la gratitud, la amistad y la esperanza. Lo que esta Academia realiza constantemente, no es s\u00f3lo recordar un pasado sino mirar en el ayer las fuentes de nuestro ma\u00f1ana, ese proyecto siempre por hacer y siempre por encontrar, al que llamamos Patria, al que llamamos nuestro y al cual todos nos debemos.<\/p>\n<p>Gabriela Mistral, al final de sus d\u00edas y decepcionada con todo o con casi todo afirm\u00f3: \u201cA medida que envejezco a m\u00ed me importa m\u00e1s y m\u00e1s la geograf\u00eda y menos la historia, el suelo mejor que el habitante\u201d. Sin querer, por supuesto, polemizar con tan grande pensadora y poetisa, despu\u00e9s de ver la labor y la lucha del pueblo mexicano, mi confianza aumenta en el hombre y espero que alcance el futuro que se merece.<\/p>\n<p>Muchas gracias.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;<br \/>\nDiscurso de Ingreso.\u00a0Miembro Corresponsal.\u00a0Academia Mexicana de la Historia.<br \/>\nFernando Serrano Migall\u00f3n.<br \/>\n5 febrero 2013.<\/p>\n<p>Tiempo de Centenarios.<br \/>\nRecuerdo, reelaboraci\u00f3n y memoria de la Historia<br \/>\n\u00a0Antes de cumplir la grata obligaci\u00f3n que el estatuto de esta ilustre Academia impone a sus nuevos miembros, de comenzar sus tareas exponiendo un texto de su autor\u00eda, quiero cumplir con otro deber, si se puede [&#8230;]<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"inline_featured_image":false,"_mi_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[4,16,5],"tags":[110],"class_list":["post-1993","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-eventos","category-galeria","category-noticias","tag-6-de-febrero-de-2013"],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1993","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1993"}],"version-history":[{"count":1,"href":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1993\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1994,"href":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1993\/revisions\/1994"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1993"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1993"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1993"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}