{"id":1647,"date":"2012-09-21T05:13:33","date_gmt":"2012-09-21T05:13:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/?p=1647"},"modified":"2013-01-18T03:13:41","modified_gmt":"2013-01-18T03:13:41","slug":"de-marsella-a-veracruz","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.ateneoesmex.com\/inicio\/de-marsella-a-veracruz\/","title":{"rendered":"De Marsella a Veracruz"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"http:\/\/www.revistadelauniversidad.unam.mx\/autores\/semo_enrique.html\"><em>Enrique Semo<\/em><\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"right\"><em>La ocupaci\u00f3n nazi en Francia es el punto de partida para que el historiador Enrique Semo recuerde la dif\u00edcil traves\u00eda durante su infancia cuando, frente a la barbarie, miles de jud\u00edos salieron huyendo de Europa.<\/em><\/p>\n<p>Corr\u00eda el mes de mayo de 1940. En Par\u00eds, la primavera terminaba y el verano se anunci\u00f3 con una onda de calor sofocante. Yo ten\u00eda diez a\u00f1os, y estaba recluido en un internado en el cual cursaba el tercer a\u00f1o de <em>\u00e9cole primaire. <\/em>Los jueves y los domingos eran d\u00edas de asueto y para mi gran alivio, mi padre ven\u00eda a recogerme para pasar el d\u00eda con la familia. Mi estancia en Par\u00eds, que dur\u00f3 menos de un a\u00f1o, estuvo marcada por una serie de cambios que me produjeron una angustia cr\u00f3nica. Mi familia eran jud\u00edos sefaraditas b\u00falgaros, empujados por la guerra a emigrar de su pa\u00eds. El abandono de mi ciudad natal Sofia, y el cambio de idioma me dejaron con una sensaci\u00f3n comparable a un salto en el vac\u00edo que nunca terminaba. El paso de la confortable seguridad de los tiempos de paz a la sensaci\u00f3n de desamparo que acompa\u00f1a las constantes conversaciones sobre la guerra y las medidas contra los ataques a\u00e9reos en la Ciudad Luz multiplicaban mi inseguridad.<\/p>\n<p>El internado en nada contribu\u00eda en contrarrestar mis aprensiones. En primer lugar, ten\u00eda hambre y se los dije varias veces a mis padres, pero ellos no me cre\u00edan, suponiendo simplemente que deseaba regresar a la casa. La pareja de viejos, due\u00f1a del internado que fung\u00eda tambi\u00e9n como maestros principales en la escuela, ahorraba en la comida de los internos. Y eso no contribu\u00eda a darme la seguridad robada: era la primera vez que conoc\u00ed el hambre. Hasta el estallido de la guerra yo hab\u00eda sido un ni\u00f1o feliz, quiz\u00e1 sobreprotegido por una madre que me consideraba \u201cdelicado de salud\u201d. Ahora, todo hab\u00eda cambiado y frecuentemente en las noches me despertaba, lleno de miedo y ba\u00f1ado en sudor.<\/p>\n<p>Por fin a principios de junio se hizo claro que la guerra iba muy mal y que las divisiones panzer de la wehrmacht estaban triturando todo lo que se les opon\u00eda. Holanda y B\u00e9lgica ya hab\u00edan capitulado y el ej\u00e9rcito franc\u00e9s se replegaba en una retirada que pronto se volvi\u00f3 desbandada. Se dec\u00eda que los bombardeos eran inminentes, que Par\u00eds ser\u00eda arrasado, que los nazis no perdonaban a la poblaci\u00f3n civil. Los sucesos fueron tan r\u00e1pidos, tan inesperados, tan inexplicables que crearon un p\u00e1nico incontrolable en la poblaci\u00f3n. Para mi familia, ya en 1940, las cosas eran m\u00e1s simples, la presencia de los nazis no pod\u00eda presagiar nada bueno para los jud\u00edos. Quince d\u00edas antes de que los alemanes entraran a la capital francesa se inici\u00f3 el \u00e9xodo. Los que quer\u00edan salir abarrotaban las estaciones de ferrocarril y las salidas por las carreteras que iban hacia el sur. La gente se movilizaba como pod\u00eda, con lo que ten\u00eda, en coche, en bicicleta, a pie, dejando atr\u00e1s sus trabajos, pertenencias y peque\u00f1as preocupaciones, sobrecogida por el miedo ante lo desconocido. Francia hab\u00eda vivido ya una gran guerra que se libr\u00f3 en buena parte en su territorio, pero nunca algo parecido a lo que suced\u00eda ahora. La ofensiva alemana apenas hab\u00eda comenzado el 10 de mayo y un mes despu\u00e9s estaba a las puertas de Par\u00eds. Nada de guerra de trincheras, de l\u00edneas de defensa fijas: tanques, aviones, paracaidistas, infanter\u00eda motorizada que avanzaban a cuarenta kil\u00f3metros por hora, rompiendo todos los frentes planeados y las estrategias elaboradas durante a\u00f1os por los mandos superiores aliados.<\/p>\n<p>Parad\u00f3jicamente, para m\u00ed, salir del internado fue una alegr\u00eda y en la casa nunca hubo s\u00edntomas de p\u00e1nico. El mundo a mi alrededor se ca\u00eda en pedazos pero mis padres manten\u00edan una aparente calma y cumpl\u00edan con todos sus actos cotidianos sin olvidar la limpieza y las buenas costumbres tradicionales en el comer, el vestir, el hablar y el saludar. Eran mi refugio de la angustia cotidiana, lo conocido y lo aceptado desde antes de que mi yo despertara. Se hicieron las valijas, con nuestras pocas pertenencias, una por cabeza, incluyendo mis numerosos soldados de plomo que mi padre se resist\u00eda a llevar, pero cedi\u00f3 ante una mirada de mi madre. Ten\u00edamos boletos para el tren que iba a Tours. Era todo lo que mi padre hab\u00eda logrado conseguir. La estaci\u00f3n estaba abarrotada, el tren estaba repleto, casi no se pod\u00eda circular en los pasillos.<\/p>\n<p>Mi terror era perderme en medio de la multitud extra\u00f1a y as\u00eda la mano de mi madre con tanta fuerza que me dijo riendo: \u201cHijo, te estas volviendo muy fuerte, pero me lastimas, no tengas miedo, no te voy a dejar\u201d. Como siempre me tranquiliz\u00f3, con esa maravillosa capacidad de adivinar mis estados de \u00e1nimo y mis miedos. Por fin, nos sentamos en nuestro compartimiento. Frente a nosotros se sentaron dos soldados franceses ni muy j\u00f3venes ni muy viejos. M\u00e1s tarde, ya en M\u00e9xico, mi madre me cont\u00f3 lo que recordaba de la conversaci\u00f3n. Uno de los dos le dec\u00eda al otro: \u201c\u00a1Qu\u00e9 desastre, nunca llegamos a resistir, como se debe, llegaban de todas las direcciones!\u201d. \u201cS\u00ed, dijo el otro, ves esta funda, jam\u00e1s hubo una pistola adentro, nos entrenaron con fusiles de madera, y despu\u00e9s nos mandaron al matadero\u201d. En Tours, logramos conseguir un peque\u00f1o cuarto de hotel, y mis padres salieron para ver qu\u00e9 pod\u00edan arreglar para seguir el viaje, ya que no est\u00e1bamos suficientemente lejos de los alemanes y no pod\u00edamos fijarnos una meta clara. Yo acept\u00e9 quedarme solo en el cuarto si desempacaban mis soldados, y me qued\u00e9 jugando a la guerra en medio de la guerra, imitando con mi voz estallidos, tiros y movimientos de blindados\u2026 Las eternas guerras de la humanidad que en mi mente infantil se confund\u00edan con el hero\u00edsmo. Despu\u00e9s hab\u00eda de aprender que en la guerra hay dos caras: matar y morir, pero tambi\u00e9n la causa, la solidaridad, la camarader\u00eda, aprender a mandar y a obedecer, y que una no se puede separar de la otra. Eso es lo que hace a los adolescentes y j\u00f3venes tan vulnerables a la propaganda b\u00e9lica.<\/p>\n<p>No fue sino poco a poco y despu\u00e9s de conocer las condiciones del armisticio que dividi\u00f3 a Francia en dos partes, una ocupada y otra \u201clibre\u201d bajo el gobierno t\u00edtere de Petain y Laval, que mis padres decidieron ir a Marsella, el punto m\u00e1s alejado de la frontera con la Francia ocupada. La huida sigui\u00f3 acompa\u00f1ada a veces por las sirenas de los <em>stukas<\/em> alemanes que ametrallaban a las largas filas de refugiados y el sordo fragor de ca\u00f1onazos lejanos. El trayecto final lo hicimos por carretera en un taxi que mi padre logr\u00f3 alquilar a precio de oro en Toulouse.<\/p>\n<p>Marsella se encontraba, es verdad, en la \u201czona libre\u201d de Francia, pero hay que decirlo, el gobierno de Vichy y la polic\u00eda francesa de Marsella trabajaban junto y para los ocupantes. Sus absurdas exigencias y su constante hostigamiento llevaron al suicidio a varios intelectuales alemanes como Walter Benjamin, Ernest Weiss, Carl Einstein y Walter Hasenclever.<\/p>\n<p>La vida de los refugiados, como se les llamaba entonces en Marsella, era muy precaria. Problemas de papeles y de trabajo eran asuntos cotidianos. De la noche a la ma\u00f1ana surgi\u00f3 en ese puerto acostumbrado a las mafias, el contrabando y las conspiraciones durante siglos, un enorme mercado negro de certificados de residencia y de sus renovaciones. M\u00e1s caro y peligroso era el ligado a la b\u00fasqueda de visas de destino y de tr\u00e1nsito para salir del \u00faltimo rinc\u00f3n libre del Occidente de Europa y un negocio turbio no menos farragoso era conseguir una botella de aceite, un poco de mantequilla, un conejo o cualquier otro alimento racionado. Nadie viv\u00eda totalmente en la legalidad, todo lo prohibido era comprado y vendido y participar en el torbellino no causaba ning\u00fan problema de conciencia.<\/p>\n<p>En los m\u00faltiples caf\u00e9s de tipo oriental, que abundaban en la ciudad, es donde se consegu\u00eda todo: el resello de un certificado de residencia, una cita en una embajada, la compra de una visa, y sobre todo, los permisos de tr\u00e1nsito por la Espa\u00f1a de Franco, el Portugal de la dictadura de <a href=\"http:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Ant%C3%B3nio_de_Oliveira_Salazar\"><strong>Oliveira Salazar<\/strong><\/a> y la famosa Casablanca, de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Recuerdo que mi padre se pasaba muchas horas en el caf\u00e9 tejiendo relaciones sociales, usando sus conocimientos del franc\u00e9s y los rudimentos de muchos otros idiomas que como cambista, conoc\u00eda. Su encanto balc\u00e1nico le ayudaba para relacionarse con franceses y norafricanos, con mafias e intermediarios de todo tipo.<\/p>\n<p>Revista de la Universidad Nacional. N\u00ba 103, septiembre de 2012. (p. 29-33).<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enrique Semo<br \/>\nLa ocupaci\u00f3n nazi en Francia es el punto de partida para que el historiador Enrique Semo recuerde la dif\u00edcil traves\u00eda durante su infancia cuando, frente a la barbarie, miles de jud\u00edos salieron huyendo de Europa.<br \/>\nCorr\u00eda el mes de mayo de 1940. 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