Aniversario luctuoso de Juan Ramón Jiménez

El 29 de mayo de 1958 falleció Juan Ramón Jiménez, poeta español exiliado, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1956. Hoy recordamos su óbito con su poema:

“Retorno Fugaz”

¿Cómo era, Dios mío, cómo era?
¡Oh corazón falaz, mente indecisa!
¿Era como el pasaje de la brisa?
¿Como la huida de la primavera?

Tan leve, tan voluble, tan lijera
cual estival villano… ¡Sí! Imprecisa
como sonrisa que se pierde en risa…
¡Vana en el aire, igual que una bandera!

¡Bandera, sonreír, vilano, alada
primavera de junio, brisa pura…
¡Qué loco fue tu carnaval, qué triste!

Todo tu cambiar trocóse en nada
¡memoria, ciega abeja de amargura!
¡No sé cómo eras, yo qué sé qué fuiste!

Pablo Casals de Balbino Giner

PABLO CASALS
Autor: Balbino Giner
Tinta sobre papel, 37 x 31 cm, 1950.

Pablo Casals, con su música y extraordinaria sensibilidad representó durante muchos años el espíritu de la música libre en los escenarios del mundo, y fue una de las figuras más queridas del exilio republicano.

Antonio Machado, por Cristóbal Ruiz

Retrato de Antonio Machado, por Cristóbal Ruiz.
Este cuadro ha estado presente en el Ateneo Español de México en sus tres sedes. El poeta autor de “Los Complementarios” se volvió así un símbolo de la institución.
Machado murió en 1939, pocos días después de haber cruzado la frontera, en Colliure, Francia.

Óleo sobre tela, 2.23 x 1.66, 1923.

4° Feria del Libro Federico García Lorca en conmemoración de la instauración de la Segunda República Española

Feria del Libro invitaciónEl Ateneo Español de México conmemora el LXXXIV aniversario de la instauración de la Segunda República Española e invita a la 4° Feria del Libro Federico García Lorca el domingo 12 de abril a partir de las 11 horas.

12:00 hrs. – Apertura oficial de los festejos
13:00 hrs – Presentación de libro “Arquitectos españoles exiliados en México” de Juan Ignacio del Cueto Ruiz-Funes.
15:00 hrs – Conferencia “El marxismo crítico de Adolfo Sánchez Vasquez” por Gabriel Vargas Lozano. 
 
– Servicio de alimentos y bebidas
– Venta de libros de diversas editoriales.

La Doctora Julia Tagüeña llega al Conacyt

 Llega Julia Tagüeña al Conacyt

Julia Tagüeña busca concretar una política que genere conocimiento básico propio, lo traduzca en aplicaciones y busque el apoyo de empresas.

    REFORMA/Redacción

Ciudad de México  (1 abril 2013).- Julia Tagüeña Parga asumió la Dirección Adjunta de Desarrollo Científico del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), luego de ser invitada por el director general de ese organismo, Enrique Cabrero Mendoza.

Tagüeña Parga sustituirá en el cargo a Leticia Torres Guerra y dijo a la Academia Mexicana de Ciencias, de la que es miembro, que sus acciones como titular de esta Dirección Adjunta, estarán orientadas a fortalecer las actividades de los científicos, tanto en las áreas básicas como aplicadas, para que todos alcancen relevancia internacional, así como propiciar que la innovación esté basada en ciencia.

“La Dirección Adjunta de Desarrollo Científico tiene una serie de programas, como el propio Sistema Nacional de Investigadores, a los que hay que darles continuidad y seguimiento. El primer paso es, junto con la comunidad académica, afinar los diagnósticos ya realizados”, agregó la investigadora.

Tagüeña es doctora en Física y estuvo encargada de la dirección del Instituto de Energías Renovables de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), que el pasado 25 de enero adquirió el nivel de Instituto luego de ser el Centro de Investigación en Energía.

    “Me parece muy importante siempre reconocer los méritos y logros anteriores, para construir sobre ellos nuevos pasos. Me consta el entusiasmo y entrega de la directora anterior, la doctora Leticia Torres”, apuntó.

    La Dirección Adjunta se apoyará cada vez más en el trabajo colegiado de los científicos y sus procesos para la toma de decisiones serán cada vez más transparentes. También se buscará, apuntó, comunicar el conocimiento que se desarrolla en nuestro país para contribuir a la apropiación de la ciencia y la tecnología por la sociedad.

    Entre sus objetivos Tagüeña destacó aumentar la inversión en el sector de ciencia y tecnología bajo una normatividad adecuada y concretar una política pública eficaz.

“(Una política) que genere conocimiento básico propio, lo traduzca en aplicaciones y busque el apoyo de empresas. Se trata de crear una red que una a gobierno, academia, empresarios y sociedad. Quiero resaltar la importancia de la cultura científica, la que enriquece al ciudadano. La ciencia es un proceso social de aprendizaje a través de la experiencia y esto la hace diferente”, reportó la AMC.

Tagüeña Parga apuntó asimismo que los esfuerzos del Conacyt estarán enfocados en los programas anunciados por el gobierno federal: El Consejo, como lo ha comentado su director el doctor Enrique Cabrero, tomará como plataforma los compromisos relacionados con la ciencia y la tecnología contenidos en el Pacto por México y en la Agenda Nacional para la Ciencia y la Tecnología, firmada por las diversas instituciones y asociaciones participantes en el sector.

Un barco cargado de… Cecilia García de Guilarte

Estudiosa del Exilio Español, Mónica Jato publicó el libro titulado Un barco cargado de… Cecilia García de Guilarte. Posteriormente, confeccionó un extraordinario documental que circula ya en el ciberespacio.

Un barco cargado de…  ofrece un capítulo inolvidable del exilio republicano español y cuenta las aventuras y tragedias de un grupo de refugiados republicanos que, en junio de 1940, se embarcan rumbo a Santo Domingo.

Consulten la información completa en: http://www.youtube.com/watch?v=YSakPuOCnXU&feature=youtu.be

http://unbarcocargadode.wordpress.com/

Celebración de la vida y obra de Tomás Segovia.

Apreciables socios y amigos:

El Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Fundación para las Letras Mexicanas y Ediciones sin nombre nos invitan a la celebración de la vida y obra de Tomás Segovia con la presentación de los libros El tiempo en los brazos y Apalabrarse. Conversaciones con Tomás Segovia.

La cita es hoy martes 12 de febrero en punto de las siete de la noche en la Casa Refugio, sita en Citlaltépetl 25, colonia Hipódromo Condesa.

Cien años de Juan de Oyarzábal en Radio Educación

CIEN AÑOS DE JUAN DE OYARZÁBAL EN RADIO EDUCACIÓN
10 de febrero de 20:00 a 22:00 hrs. en el 1060 de AM

ARMANDO PONCE
 
Don Juan de Oyarzábal y Orueta. 
Foto: Tomada de Internet

Radio Educación 1060 AM festejará este domingo de las 20:00 a las 22:00 horas a don Juan de Oyarzábal y Orueta, marino leal a la República española que llegó a México transterrado y se graduó de físico en la UNAM. Su capacidad intelectual, su inimitable personalidad, su humanismo y amor a la familia hicieron de él una persona muy querida. Enseñaba el esperanto en su afán por lograr un mundo unido. Empiezan a llegar decenas de mensajes de felicitación de quienes fueron sus alumnos en la Facultad de Ciencias (www.radioeducacion.edu.mx). En uno de ellos, Francisco Prieto señala que fue un gusto y un honor haber estudiado física con don Juan. El programa de la emisora consiste en una curaduría musical de canciones de marinos a cargo de Rodrigo de Oyarzábal, en un homenaje singular a su padre.

Dr. Fernando Migallón, Miembro de la Academia Mexicana de la Historia.

 

Discurso de Ingreso. Miembro Corresponsal. Academia Mexicana de la Historia.

Fernando Serrano Migallón.

5 febrero 2013.

Tiempo de Centenarios.

Recuerdo, reelaboración y memoria de la Historia

 Antes de cumplir la grata obligación que el estatuto de esta ilustre Academia impone a sus nuevos miembros, de comenzar sus tareas exponiendo un texto de su autoría, quiero cumplir con otro deber, si se puede aún más grato, que antecede a cualquier estatuto y constituye el cimiento de toda relación humana: el rito del agradecimiento, aquello a lo que María Zambrano llamó el momento luminoso de la ofrenda, instante y actitud que hace visible y reconocible la primera deidad de la historia: la gratitud.

Gracias a los miembros de la Academia Mexicana de la Historia que me han aceptado como uno más de los trabajadores de la memoria, gracias a  don Miguel León Portilla y a don Javier Garciadiego Dantan, quienes acogieron, desde hace ya más de un año, la causa de mi admisión como si de cosa propia se tratara y rindieron culto, así, a otro de los dioses tutelares de la historia: la amistad.

 Gracias a todos quienes se ponen al servicio de la más poderosa de las diosas patronas de la historia: la esperanza, que es, a decir de Goethe, otra forma, más cordial, de medir el tiempo.

 Acaso por simple observación o por impulso del espíritu humano, sin mayor autoridad que me respalde, he querido señalar como manes inspiradores de la historia: la gratitud, la amistad y la esperanza.

Quienes abrazamos la vocación de recordar, mantener y estudiar el pasado lo hacemos siempre bajo la advocación de estos tres augures; gratitud para quienes hicieron la historia y para quienes la narraron antes que nosotros, sin ellos nos quedaríamos sin memoria, esto es, sin rostro que nos identifique. Amistad para con las mujeres y los hombres, que igual que nosotros, descubren piezas del pasado para compartirlas y formar, todos juntos, ese enorme y abigarrado mosaico al que llamamos ayer; y esperanza, deidad pequeña y ciega, pero poderosa, que transforma la labor del historiador, a través del anhelo subjetivo del que recuerda hechos aparentemente inconexos, lo que hace de la lectura del pasado una promesa de porvenir.

Quien se niega al amparo de esta trinidad de la historia, quien acude al pasado buscando las raíces de su rencor, quien mezcla la tinta con la cicuta, podrá siempre hacer crónica o memoria, pero nunca escribir historia que es el más querido de los tesoros humanos y el más deseado de sus patrimonios.

1. Tiempo de centenarios.

En 2010, los mexicanos entramos en un ciclo de reflexión que habrá de extenderse por algunas décadas, hasta casi la mitad de este siglo. Al comenzar el centenario de la Revolución mexicana, conmemoraremos en los años próximos, los hechos que construyeron la raíz del México actual y definieron la identidad de nuestro tiempo; en 2010, el estallido del movimiento revolucionario; en 2011, la asunción de Madero a la Presidencia y la proclamación del Plan de Ayala, en 2012, los levantamientos de Pascual Orozco y Félix Díaz y, en este 2013, annus horribilis, obscuro y aciago, en que ocurrieron la Decena Trágica, el cuartelazo de Victoriano Huerta, los asesinatos de Madero y Pino Suárez, pero también el inicio de la Revolución constitucionalista de Venustiano Carranza.

1913 aparece en la historiografía mexicana como un año plagado de penalidades y desastres; un tiempo de violencia en que la arquitectura constitucional elaborada -como diría Gracián- con maña de artesano y paciencia de benedictino, fue destruida por las pesadas botas de militares aventureros, de nostálgicos del pasado porfirista y conservador, por oportunistas de la sangre y de la venganza; pero es también el tiempo en el que la crisis y el baño de sangre prohijaron la rebelión de la voluntad nacional, la reivindicación de los indígenas, el surgimiento de los movimientos obrero y campesino, los movimientos democráticos, ciudadanos y culturales; las manifestaciones a favor de la legalidad y el inicio de la construcción de una nueva vida constitucional, adecuada y apta para construir el futuro de la República.

Aún en el bando de los golpistas existieron contradicción y desencuentro; desde el venal y sanguinario Huerta, sin otra causa que el placer del poder y la perversa satisfacción del miedo, hasta el profesional de los juegos de guerra: Manuel Mondragón; desde el ambicioso y diminuto Félix Díaz, hasta el anacrónico y romántico Bernardo Reyes. No son todos lo mismo. Y no lo son, porque el cuartelazo de 1913, representa el estallido de las heridas purulentas que había maquillado el progreso de la paz porfiriana.  No son todos lo mismo, porque cada uno representa mundos en pugna que aspiraban a dominarse unos a otros cuando faltó la mano omnipotente y la mente omnisciente del dictador. En ese conjunto caben el militar ambicioso amparado por décadas de impunidad, el político desplazado que vislumbró el momento de nuevos brillos, el viejo quijotesco que soñaba con el lema de poca política y mucha administración y el profesional de las armas aburrido ya de tantos años de hacer tareas policíacas.

El año de la Decena Trágica, es el mismo de la Marcha de la Lealtad, es un año signado por el mito y el imaginario colectivo; Es verdad que muchas batallas de la Revolución resultaron más sangrientas y más destructivas; los nombres de Torreón, Zacatecas, Orendáin y Celaya, señalan los hitos más violentos de nuestra guerra civil, pero sólo la Decena Trágica trae consigo el apelativo “trágico” con que la recordamos y sólo en esos breves diez días de la historia se conjura el sentido completo del movimiento armado. La Revolución sería un movimiento liberador por la legalidad o no sería sino una aventura como las antiguas asonadas del siglo XIX.

Tiempo aquel de contradicciones y paradigmas opuestos. Frente al desprecio de Huerta por la Ley, se levanta la figura potente de Carranza; frente a los oligarcas avezados y ambiciosos, la imperecedera presencia de Zapata; frente a la brutalidad y frivolidad de Félix Díaz, la sensibilidad de Luis Cabrera o de Francisco J. Mújica.

Es el tiempo en el que, muy jóvenes, y educados en el ritmo trepidante de la violencia revolucionaria, se integran a las filas los que devendrían constructores del México futuro. Fue el tiempo, de la primera sangría cultural de nuestra patria cuando salen al exilio empujados por la violencia y la atrocidad del destino algunos jóvenes como Alfonso Reyes.

La Decena Trágica, persiste en el imaginario colectivo, casi con independencia del resto del movimiento armado. Es su condición local, coyuntural y fechada lo que le da su carácter universal y reúne en su experiencia los temas eternos del traidor y del héroe; la legalidad y la justicia; la muerte y la vida. Los hechos se superan a sí mismos para convertirse en símbolo, en aquello que sin poder definir del todo, Napoleón comentaba a Goethe cuando le pidió escribir una tragedia sobre la figura de Julio César: “Nada supera una tragedia. La tragedia, en cierto modo, está por encima de la historia”.

En el febrero de 1913, estos personajes y el país con ellos se encaminan a su destino, les acontecen hechos que superan su imaginación y su capacidad de predicción, a veces parecen no comprender y en otras, sobrepuestos a su temor y a su propia condición vital, se engrandecen sobre el silencio del coro que es una sociedad aterrada por los demonios que se han desatado donde apenas unos años antes florecía una paz augusta; como si tanta grandeza tuviera que terminar en dolor y que despierta las cóleras y envidias tanto de los dioses como de los hombres. Lo mismo da la víspera de la ejecución de Madero, las visitas que recibe y las condiciones de su encierro, que la marcha desastrosa que Bernardo Reyes cursa de la cárcel militar de Santiago Tlatelolco hasta su final frente a la puerta Mariana de Palacio Nacional. Todo parece escrito desde antes por una pluma providencial, todo parece dirigido al encuentro del destino y al final, igual que sucede con los dioses griegos, nadie puede escapar a su destino, ni el gobierno legítimo, ni los alzados y menos aún la Nación.

La tragedia, insisto con Goethe, supera a la historia, le da forma, la mitifica y la convierte en símbolo de los tiempos que habrían de venir; como si en sólo diez días tuviera que ser resuelto el dilema fundamental de la historia, de toda ella; de todo lo humano, el debate entre el protagonista individual que modifica la historia, o la nación que la determina.

Enorme en su iniquidad y también en su heroísmo, el cuartelazo de 1913 representó para los mexicanos un parteaguas histórico, un momento brutal que, sin embargo, se engrandece todavía más por su función catártica y por su capacidad inspiradora pues puede ser leída a la luz de la fórmula de Aristóteles que da por función a la tragedia purificar las pasiones mediante la piedad y el terror. Por primera vez en nuestro entonces, ya largo devenir histórico, se presentaba la coyuntura no de elegir entre dos tendencias ideológicas o entre dos caudillos, sino optar entre la legalidad o su destrucción.

El Maderismo había puesto de relieve el surgimiento de un nuevo tipo de mexicano, ilustrado pero sin acceso a la toma de decisiones fundamentales; en torno a Francisco I. Madero militaron los representantes de esa nueva clase social, la burguesía de clase media que aspiraba a tomar parte activa en la vida política de un país que en buena parte estaban construyendo.

En su libro La Sucesión Presidencial de 1910, publicado en 1908, Madero no refleja la necesidad de un nuevo marco constitucional, antes bien, demanda la restauración del orden democrático de la Constitución de 1857, particularmente en temas en los que dicha Constitución había avanzado significativamente: elecciones libres y libertades políticas; de hecho la Plataforma política del Partido Anti reeleccionista es recurrente en dichos temas a los que sumará el principio de no reelección y la libertad de los municipios, para regresar con mayor energía a tocar el tema de las garantías individuales.

La destrucción y la muerte de cientos de personas, fieles al gobierno legal y legítimo, implicaron una transformación del movimiento que pensó, acaso con inocencia, que bastaba expulsar al dictador para crear la democracia, que creyeron en el apóstol que, transportado por su creencia, confiaba en la bondad de todos los mexicanos para construir un sueño de patria que no era posible ante tanta hambre, tanta injusticia y tanta exclusión. Alfonso Reyes lo recordaría años después, ya en su retiro, cuando decía que “Expulsar al viejo Presidente parecía ser el problema de la Revolución, y resultó lo más sencillo. Como siempre que se intenta apuntalar la tierra para evitar un terremoto o sacar cubas de lava para evitar la explosión de un volcán, aquello de dar por hecha una Revolución con sólo la renuncia de un Presidente fue una quimera.”

Por su carácter decididamente jurídico y político, el Movimiento constitucionalista encabezado por Venustiano Carranza habría de colocarse en la vanguardia de la lucha por la recuperación de la normalidad legal. El Plan de Guadalupe, proclamado el 26 de marzo de 1913, no sólo desconoció a Huerta, sino a los Poderes de la Federación y a los Gobiernos de los Estados que permanecieran fieles al régimen del usurpador; estableció a Carranza como Primer Jefe del Ejército Constitucionalista encargado interinamente del Poder Ejecutivo, hasta que pudiera convocar a elecciones generales, cuando las condiciones de paz fueran suficientes para garantizar la celebración de la consulta. Sobre todo, se propuso la reinstauración del orden constitucional vigente, el de 1857.

Todos tenían conciencia de que éstas se verían cumplidas no con arreglos políticos temporales, sino con incorporaciones reales en los textos legislativos. De entre ellos, Carranza emerge con el texto constitucional de 1857, violentado y hasta olvidado, para ver en él, en su reforma y, finalmente en su transformación, el arreglo final de una lucha que había confiado en la Ley como manifestación de la voluntad general. Debe decirse también, que a diferencia del movimiento encabezado por Madero en contra de Díaz, en las expresiones populares y en el discurso político, los movimientos que se levantaron contra Huerta, añaden el ingrediente de un odio telúrico, antiguo, de siglos de olvidos y postergaciones y será la odiosa figura del traidor la que conjurará en su contra todas las violencias de que la mexicanidad fue capaz; será él, en su venalidad y falta de discurso, en su ausencia total de proyecto de Nación y de sentido humano, quien atraerá como solían atraer, en la tragedia griega, todos los males quienes se oponían al destino propio o al de sus semejantes.

Será Alfonso Reyes quien, años después al recordar en busca de una catarsis para explicarse la muerte de su padre, lo que probablemente no encontró, plantearía el espacio de la tragedia en estos términos: “El general Bernardo Reyes, que en un tiempo parecía el sucesor natural de Porfirio Díaz en la Presidencia de la República Mexicana y que concentraba en sí toda la simpatía y hasta la idolatría del pueblo y del ejército, no quiso ser desleal a Porfirio Díaz y se negó a encabezar una revolución, ausentándose del país. El primer hombre que hubo a la mano —Madero— hizo entonces la Revolución, que expulsó del gobierno y del país a Porfirio Díaz. Y como sucede siempre, el movimiento social fue dejando atrás a sus iniciadores. Cuando el general Reyes volvió al país, su popularidad había desaparecido, y se encontró, sin darse cuenta, convertido en representante de la reacción, y de los últimos elementos y despojos del régimen porfirista. Una serie de vicisitudes lo arrastran entonces de fracaso en fracaso hasta la prisión militar de Santiago, en la Ciudad de México.”

Este tiempo de centenarios, en particular el de 1913 que durante este año deberemos reflexionar, representa la oportunidad de pensar sobre el papel de la violencia en la historia patria; de la forma en que los mexicanos asumimos el legado de la guerra y el recuerdo de las batallas; de la manera en que, finalmente, de aquellos hechos, hemos construido la identidad de un pueblo en tensión entre la legalidad y la impunidad, entre la fuerza y la norma, entre el líder y la sociedad. Pudimos generar, al fin, como sociedad pero sobre todo como Nación un arte propio y singular.

2. Días de Caín y de metralla: La oración del 9 de febrero, Alfonso y Bernardo Reyes.

Se ha terminado ya el tiempo de los testigos. Quienes vivieron aquellos momentos atroces han partido, de ahí, que hayamos superado la etapa testimonial de la Revolución escrita por los protagonistas, mayores y menores, etapa en la que se creó el ciclo enorme de la novela revolucionaria; hemos pasado también ya el periodo en que escribieron los testigos todavía jóvenes y que la estudiaron como fenómeno social y cultural vigente; hemos entrado, desde hace varias décadas en el momento de reflexión, interpretación y reinterpretación de aquel pasado que nos construyó y que nos justifica. Es este nuestro momento, como historiadores y memorialistas, de reconstruir los detalles de aquel pasado que dieron sentido a muchas otras manifestaciones de nuestra ciencia, política, arte y cultura. Es el tiempo de explorar no sólo los hechos, sino su significado y su alcance.

Al marcar las diferencias entre los distintos actores del cuartelazo de 1913, se desprende de ellos, por su carácter y razón, Bernardo Reyes. Lo hace, no sólo por el distinto cariz de su presencia en los hechos, no sólo por la causa que abrazó y lo llevó a lanzarse cabalgando a ciegas contra la metralla que protegía la Puerta Mariana de Palacio Nacional; no sólo por eso, sino por la manera en que esos días son recordados y que nos muestran los distintos niveles por los que debe pasar la memoria antes de convertirse en historia. De ese instante del pasado Alfonso Reyes escribió unos de los versos más dramáticos de la literatura mexicana y también, de los más logrados:

“Febrero de Caín y de metralla:

humean los cadáveres en pila.

Los estribos y riendas olvidabas

y Cristo militar, te nos morías.”

La tragedia familiar del que parecía el sucesor natural de Porfirio Díaz, los desencuentros entre Rodolfo, el político y Alfonso, el intelectual, ambos hijos predilectos del Patriarca; son un ejemplo de la marca que la guerra dejó en la sensibilidad artística de Alfonso, la manera en que trocó para siempre la carrera política de Rodolfo y el modo en que desperdigó por el mundo a aquella familia de jóvenes  prometidos a pertenecer a la élite porfiriana, es un símbolo de la transformación y la tragedia que significó para México el movimiento revolucionario.

Es también esa tensión fraternal, la de Alfonso y Rodolfo, el símbolo de un país envuelto en el fratricidio, se desconocen y se desencuentran aunque comparten pasado común y el afecto de una vida; dirá Alfonso algún día sobre la estrella del otro Reyes: “Mi hermano Rodolfo que, naturalmente acabaría por no entenderse con Huerta, y salió del Gabinete, asumió una actitud acusatoria en la Cámara, fue a dar a la cárcel con todos los diputados y finalmente fue desterrado, se reunió conmigo en París”.

La historia también es así, no sólo el recuerdo de las batallas y de los momentos gigantescos, sino el símbolo íntimo de la tragedia humana; la exposición desnuda de la condición de los hombres frente a los hechos que los superan y que los transforman para hacer de ellos mucho más de lo que serían en circunstancias habituales.

Ante los ojos de Alfonso Reyes, la estatura de su padre aparece inmensa, mítica, geológica; narra la visita de Porfirio Díaz a Monterrey pocos años antes de la caída: “Al fin el dueño de la política vino en persona a presenciar el milagro: ´Así se gobierna´, fue su dictamen. Y poco después, el gobernador se encargaba del Ministerio de la Guerra, donde todavía tuvo ocasión de llevar a cabo otros milagros: el instaurar un servicio militar voluntario, el arrancar al pueblo a los vicios domingueros para volcarlo, por espontáneo entusiasmo, en los campos de maniobras; el preparar una disciplina colectiva que hubiera sido el camino natural de la democracia; el conciliar al ejército con las más altas aspiraciones sociales de aquel tiempo; el sembrar confianza en el país cuando era la moda el escepticismo; el abrir las puertas a la esperanza de una era mejor. Al calor de este amor se fue templando el nuevo espíritu. Todos lo saben, y los que lo niegan saben que engañan. Aquel amor llenaba un pueblo como si todo un campo se cubriera con una lujuriosa cosecha de claveles rojos.”

A Alfonso Reyes la tragedia le marca la vida, la pasión por el padre se transformará en motivo para su literatura, pero será, al igual que la actuación de Rodolfo, una causa para su rechazo por la política de la que, sin embargo, nunca pudo desligarse como diplomático y luego como autoridad cultural; será en él símbolo de contradicción y de dolor y, por lo tanto, enorme fuerza creativa. Alfonso termina su soneto “9 de febrero de 1913”, con una declaración de principios que será válida durante toda su existencia:

“Desde entonces mi noche tiene voces,

huésped mi soledad, gusto mi llanto.

Y si seguí viviendo desde entonces

es porque en mí te llevo, en mí te salvo,

y me hago adelantar como a empellones,

en el afán de poseerte tanto.”

El soneto está fechado en 1932, en Rio de Janeiro; dos años antes, en 1930, el día que su padre hubiera cumplido los ochenta años y diecisiete después de su muerte, Reyes escribe la Oración del 9 de febrero, que habría de permanecer inédita hasta que en 1963 la diera a conocer su viuda. En ese texto, explicación del papel que la violencia tuvo en su vida, Reyes presenta su impotencia frente al destino que su padre se había fijado y que recibía el aliento y acicate de su hermano Rodolfo; en su memorial de los días terribles de la muerte de su padre, Alfonso recuerda como “todavía el Presidente Madero – a través de Alberto J. Pani y por mediación de Martín Luis Guzmán – llegó a ofrecerme la libertad del general Reyes, si yo le daba mi palabra de que se retiraría a la vida privada. Pero yo no pude hacerlo, porque no era mi opinión, -dada mi extrema juventud- la que podía dominar otras influencias y otros compromisos que arrastraban a mi pobre padre.”

Su confusión y dolor ante el mundo que se venía abajo sin saber qué derroteros le deparaba el que entonces nacería de las cenizas de aquel momento histórico, clava en su espíritu, como una metáfora de la vida nacional, el dardo penetrante de la pena. Ya escritor en madurez, Alfonso dijo: “Aquí morí yo y volví a nacer, y el que quiera saber quién soy que le pregunte a los hados de Febrero. Todo lo que salga de mí, en bien o en mal, será imputable a ese amargo día”. Sin saberlo, sin proponérselo siquiera, Alfonso Reyes se convierte así, en ese instante, en símbolo de un país que nace y muere en un mismo momento, cuando sus instituciones son destruidas y los movimientos revolucionarios asumen la responsabilidad; todo cuanto somos deviene de esa apuesta histórica, la legalidad o la fuerza, para bien o para mal, es imputable también a esos amargos días.

3. Reconstrucción y Constitución.

Si aquel tiempo de centenarios está tachonado de sangre y tragedia, también lo está de luz y de esperanza.

El constitucionalismo nace como una respuesta al cuartelazo y a su ausencia total de programa, legalidad y sistema; se constituye como un retorno al orden y a la institucionalidad; para el momento en que Carranza toma el estandarte de la lucha por la recuperación del orden constitucional, México es ya un país devastado no sólo por cuanto la ola destructiva del furor revolucionario, las bandas fuera de todo control, la abundancia de caudillos autárquicos y la brutal represión de la dictadura, actuarán en una espiral de violencia sin lógica alguna, privada de todo marco jurídico efectivo, la sociedad y el Estado compartían la orfandad que sólo se tiene cuando la ley ha muerto.

La reconstrucción de la patria pensada por Carranza aspira, en un primer momento, a recuperar el orden perdido y que sólo es posible en la legalidad; llegada su hora, se convertirá no sólo en reconstrucción, sino en auténtico surgimiento por la educación, las garantías sociales, el derecho al trabajo, a la salud, a la sindicalización, en fin, la búsqueda para moderar la riqueza y luchar contra la miseria, en la búsqueda del equilibrio, siempre frágil y casi siempre inaprensible, entre el derecho del sujeto y el derecho de la sociedad.

En 1959, un sobresaliente protagonista de la vida cultural mexicana, Fernando Benítez, publicó El Rey viejo, una de las últimas novelas del ciclo revolucionario en que narra el sacrificio de Venustiano Carranza. Los hechos de Tlaxcalantongo, de 1920, vienen a cerrar el ciclo de destrucción y muerte que se abrieron con el episodio de la Decena Trágica. En ambos, la muerte del presidente responde a intereses espurios, a la espiral extralógica de la violencia y también, a la encrucijada que debía resolver el movimiento revolucionario; legalidad o caudillismo; instituciones o sujetos.

El revolucionario constitucionalista aparece así, como otra de las figuras titánicas del movimiento armado, su estela de fuerza y legalidad, le atrajeron la fidelidad de inteligencias y sensibilidades como la de Isidro Fabela, o como la de Francisco L. Urquizo que mantuvieron siempre una lealtad indeclinable por Carranza.

Carranza enfrenta al usurpador Huerta con una sola bandera, inmensa e impecable, la Constitución. El propósito de Carranza no era establecer un nuevo orden constitucional; veía en la Constitución liberal e individualista de 1857, el legado histórico de una patria ya formada; sin embargo, el fragor de las batallas, la participación del pueblo y el desarrollo de la Asamblea constituyente de 1916 – 1917, dejaron claro que el momento de la República era otro. Nuevos actores presentaron nuevas demandas y, finalmente, luego de casi quinientos  años de historia, la Nación y el Estado se presentaban de cuerpo entero, sin exclusiones y sin ausencias.

Esta vez, y para siempre, la Patria en formación había hecho crisis para constituirse toda en un nuevo texto constitucional en el que se podía albergar un nuevo sueño de Nación y un nuevo proyecto de República.

Carranza, al igual que Bernardo Reyes, pertenecía a aquella casta de gobernadores porfirianos que preferían la administración a la política; incluso, las ligas de aprecio y colaboración entre ambos gobernadores fincaron conjuntamente, las bases de una buena parte de la prosperidad del norte mexicano.

Igual que Bernardo Reyes, Carranza era hijo de un liberal prominente, pero a diferencia del neoleonés, nunca aspiró a la presidencia y supo leer, acaso con mejor precisión, los vientos que se iban con el Ypiranga y aquellos que soplaban desde los áridos desiertos que gobernaba; tolerante pero no comprometido con el Maderismo, llegó a su límite con el cuartelazo de Huerta y, entonces, más que ningún otro por su programa de acción y sus ideas definidas, encarnó un movimiento cuyo cuño revolucionario puede ser debatido, pero cuyo sello de legalidad, orden e institucionalidad son incuestionables.

Para Carranza, la revolución significaba legalidad; revolución significaba reconstrucción.

La muerte del general Bernardo Reyes no fue sólo un destino trágico para sí mismo, lo fue también para su  hijo Alfonso, que en los siguientes cincuenta años nos legaría una patria escrita. Al crear esa patria Alfonso Reyes cumple en el terreno de la cultura lo que Carranza propone en el terreno cívico. Hoy, cien años después, nuestro país es muy distinto.

Para el momento de creación del nuevo orden constitucional, la historia mexicana había llegado a un punto de maduración en el que los elementos del Estado se habían establecido de manera casi definitiva; la lucha armada de 1910, por su parte, habría de terminar la tarea de consolidación de la identidad que se había iniciado con la restauración republicana y el movimiento de reforma. A los datos de nuestra identidad republicana, federal y laica, iban a añadirse el sentido popular, representativo y social que caracteriza al Estado mexicano; de ahí que pueda decirse que la Constitución de 1917 opera como resumen de la historia nacional.

La Constitución se convirtió así en la síntesis de la vida de México;  de quienes en medio del fragor de la conquista, comprendieron que no era la destrucción lo que podría forjar una Nación, de los confundidos e idealistas hombres del XIX, que se vieron forzados a imaginar una patria donde sólo había dispersión; de aquellos que buscan la justicia social que caracterizó a la revolución, los mismos que aspiraron a un Estado constitucional de derecho que pudieran legar a sus hijos como única garantía de permanencia. Somos todo eso y también lo que nuestros sucesores construyan para labrar su presente y su futuro.

Señores académicos.

Vuelvo al inicio de estas palabras que generosamente han escuchado. Vuelvo a invocar las deidades domésticas de la historia: la gratitud, la amistad y la esperanza. Lo que esta Academia realiza constantemente, no es sólo recordar un pasado sino mirar en el ayer las fuentes de nuestro mañana, ese proyecto siempre por hacer y siempre por encontrar, al que llamamos Patria, al que llamamos nuestro y al cual todos nos debemos.

Gabriela Mistral, al final de sus días y decepcionada con todo o con casi todo afirmó: “A medida que envejezco a mí me importa más y más la geografía y menos la historia, el suelo mejor que el habitante”. Sin querer, por supuesto, polemizar con tan grande pensadora y poetisa, después de ver la labor y la lucha del pueblo mexicano, mi confianza aumenta en el hombre y espero que alcance el futuro que se merece.

Muchas gracias.

 

Puesta en escena de: “De algún tiempo a esta parte”, monólogo de Max Aub. Con Esther Lázaro.

 De un tiempo a esta parte, de Max Aub /Esther Lázaro.

Esther Lázaro, joven actriz española, representará “De algún tiempo a esta parte”, monólogo de Max Aub, en el Ateneo Español de México. Los esperamos el próximo 5 de febrero a las 19:00 hrs. Hamburgo 6, esquina Berlín. Col. Juárez.

“Esther Lázaro, además de sensibilidad y talento posee una cualidad juvenil envidiable que abunda muy poco entre los veinteañeros: el entusiasmo. Lectora voraz de Max Aub y mujer de teatro entre otras pasiones, ha decidido unir ambas y regalarnos el monólogo de Max Aub”, Manuel Aznar Soler, Catedrático de literatura española contemporánea de la Universidad Autónoma de Barcelona y patrono de la Fundación Max Aub.

Mexicanos en los campos nazis

 Mexicanos en los campos nazis

Yetlaneci  Alcaraz

 Al menos cinco mexicanos estuvieron recluidos en campos de concentración de la Alemania nazi. Sus nombres y nacionalidad aparecen en registros de ingreso rescatados por dos organizaciones europeas que intentan preservar la memoria de las víctimas del régimen de Hitler. Los mexicanos no eran judíos ni gitanos ni homosexuales ni “antisociales” –objetivos de la persecución nazi–, sino “prisioneros políticos” deportados de Francia por la Gestapo. Al parecer fueron detenidos por su participación en la resistencia contra la ocupación alemana, o simplemente estaban en el lugar y en el momento equivocados.

BERLÍN (Proceso).- Un día de invierno de 1944 el mexicano Joseph Salazar llegó, junto con otros mil 943 hombres, al campo de concentración de Buchenwald, en la Alemania nazi. Viajó en un tren que dos días antes había salido, repleto de prisioneros políticos, de la ciudad francesa de Compiègne. A bordo iban en su mayoría franceses y españoles, pero también italianos, holandeses, belgas, polacos, suizos y Salazar, oriundo de Guadalajara.

Las pertenencias de Salazar eran unos calzoncillos, una camisa, un suéter, tres chaquetas, una bufanda, dos pañuelos, un par de calcetines, unos lentes, dos cepillos de dientes, papeles, dos libros y un bolígrafo. Ante las autoridades alemanas declaró haber nacido el 13 de enero de 1910, ser mexicano, estar casado, tener dos hijos y ser mecánico.

Todo ello quedó registrado en su ficha de ingreso al campo, así como el número de matrícula 40113 que se le asignó junto con el típico triángulo invertido que portaban todos los prisioneros. En el caso de Salazar, en el centro de su triángulo había una “M”, de mexicano.

No era judío, gitano, homosexual ni antisocial. No encajaba en ninguno de los grupos que los nazis tenían en la mira. ¿Qué hacía entonces un mexicano en un campo de concentración? De acuerdo con la investigación realizada por la reportera hubo cuando menos otros cuatro mexicanos en los campos nazis. Cuatro personas cuyas existencias apenas pueden ser conocidas porque quedaron plasmadas en archivos donde se afirma que nacieron en México. No más.

“Sobre el motivo de las detenciones sólo es posible hacer conjeturas, ya que mucha información fue destruida por los nazis ante las inminentes liberaciones de los campos. De los documentos que existen se deduce que los presos (mexicanos) fueron detenidos en Francia y, como prisioneros políticos, deportados a los campos de concentración. Por alguna razón que no podemos saber con precisión llamaron la atención de las fuerzas alemanas de ocupación en Francia. Quizá se debió a que participaron activamente en la resistencia”, señala el jefe de Comunicación y Relaciones Públicas de la Fundación Memorial de Brandenburgo, Horst Seferens.

En Europa hay cuando menos dos instituciones, una francesa y otra alemana, que por separado se han dado a la tarea de investigar y conservar la memoria de las víctimas de la persecución nazi. En los archivos de ambas se encuentran las huellas y registros del paso de mexicanos por los campos de concentración.

La Fundación para la Memoria de la Deportación (Fondation Pour la Memoire de la Deportation), con sede en París, publicó en 2004 los resultados de un proyecto de investigación con el título Livre-Memorial, cuyo objetivo consistió en identificar a todos los deportados desde la Francia ocupada, presentar las listas de sus nombres y el medio en que se les transportó, por orden cronológico.

Esa base de datos sigue en permanente actualización y entre los más de 86 mil nombres que contiene aparecen los de los mexicanos Joseph Salazar, Juan del Pierro y Luis Moch Pitiot. Los dos primeros realizaron trabajos forzados en el campo de Buchenwald, en Alemania, y el último en el de Mauthausen, Austria.

Por su parte el Servicio de Investigación Internacional (Der Internationaler ­Suchtdienst), con sede en Bad Arolsen, Alemania, posee también un enorme archivo que documenta el destino de las millones de víctimas de la persecución nazi, cuyos nombres y memoria se busca preservar.

En este acervo están las actas y archivos personales de los mexicanos mencionados, así como dos nombres adicionales: José Sánchez Moreno, quien también estuvo en Mathausen, y Fernando Conzález (presumiblemente González), recluido en el campo de Sachsenhausen, Alemania. Sin embargo en la mayoría de los casos se trata de datos escuetos y aislados que impiden reconstruir las vidas de estos hombres.

La excepción es Salazar. A partir de los documentos encontrados es posible saber quién fue este mexicano, quien al igual que millones padeció los horrores de la persecución en la Alemania de Hitler.

Huellas

En julio de 1937 comenzó a operar el campo de concentración de Buchenwald. Fue uno de los más grandes en territorio alemán y estaba a nueve kilómetros de la ciudad de Weimar, cuna de Goethe y lugar donde se reunió la asamblea constituyente para proclamar la Constitución que entró en vigor en agosto de 1919, luego de la Primera Guerra Mundial.

Aunque el campo fue concebido para prisioneros políticos, también hubo homosexuales, testigos de Jehová y, por supuesto, judíos. Con el inicio de la guerra, en septiembre de 1939, y el avance del ejército alemán, la población del campo se internacionalizó. Llegaron checos, eslovacos, polacos, holandeses, belgas… y mexicanos.

Datos de la Fundación para la Memoria de la Deportación muestran que en las deportaciones masivas procedentes de la Francia ocupada hubo muchos extranjeros. Se trataba de hombres que radicaban en este país o estaban de paso al momento de las redadas.

“Entre los detenidos extranjeros se encontraban también los que formaron parte de los movimientos y redes de la resistencia francesa. La fundación logró censar a 11 mil 727 deportados (de Francia) de nacionalidad extranjera, de los cuales 6 mil 693 fueron republicanos españoles”, indica la información.

La fundación ha ubicado 52 nacionalidades diferentes entre los deportados y aparecen, sorprendentemente, además de mexicanos, brasileños, cubanos, jamaiquinos, argentinos, chilenos y uruguayos.

El mediodía del 19 de enero de 1944 llegó al campo Joseph Salazar. En el mismo tren viajaba Feliciano Catalán, cuyo lugar de nacimiento, según las listas de la Fundación para la Memoria de la Deportación, habría sido Guadalajara, Jalisco, pero según las actas originales de Buchenwald, consultadas por la reportera, era de nacionalidad española y habría nacido en la ciudad de Guadalajara, pero en España. En sus declaraciones Catalán confirmó que era español y que participó como combatiente republicano en la guerra civil española. Su detención ocurrió en Burdeos, donde vivía luego de haber huido de España; se le acusó de realizar actividades antinazis.

Pero Salazar sí era mexicano. Su traslado al campo de concentración duró dos días en condiciones extremas –hacinado con cientos de presos en cada vagón, sin comida ni agua y soportando temperaturas bajo cero–, desde Compiègne hasta Buchenwald. No obstante su historia con los nazis no comenzó ahí, sino meses atrás.

Radicaba en la ciudad portuaria de Lorient, departamento de Morbihan, en Francia. Según su declaración era mecánico. El 29 de marzo de 1943 fue detenido por la Gestapo en la ciudad de Perpiñán, en el otro extremo del país, cerca de la frontera con Cataluña, España. Nadie sabe por qué estaba ahí.

Dos años después, ante el comité del ejército estadunidense, Salazar dijo que lo detuvieron por perpetrar un ataque contra el ejército alemán y por espionaje. Se ignora si los cargos fueron verdaderos o inventados.

Las actas revelan un dato interesante. Salazar no sólo era mecánico, sino también oficial del Ejército Mexicano. En el documento con folio MG/PS/G/14 correspondiente al cuestionario que el “gobierno militar de Alemania” aplicó a los presos en el campo de concentración antes de su liberación, Salazar declaró que perteneció al Ejército Mexicano y entre los nombres que ofreció como garantes una vez que fuera liberado se encontraba el de Francisco Guerrero, “oficial de artillería”.

Luego de su arresto en Perpiñán, el mexicano fue trasladado al campo de Compiègne, donde permaneció de abril de 1943 a enero de 1944. El 17 de ese mes salió el transporte que lo condujo, junto con otros mil 943 prisioneros, a Buchenwald. Durante todo ese tiempo fue víctima de golpizas de los miembros de las SS.

Además de Salazar, en Buchenwald estuvo otro mexicano: Juan del Pierro. De 28 años, formó parte del grupo de mil 583 hombres trasladados de Compiègne a Buchenwald el 27 de enero de 1944. En esta “remesa” venían integrantes de la resistencia de regiones muy diversas en Francia. Por ello es posible suponer que el joven formaba parte de esos grupos o simplemente se encontró en el momento y lugar equivocados. En Buchenwald le asignaron el número 45025. Se desconoce cuál fue su destino.

El infierno de los mexicanos en el campo de concentración de Buchenwald terminó el 11 de abril de 1945, cuando lo ocupó y liberó el ejército estadunidense. El 5 de mayo de 1945 fue expedida la orden de liberación de Salazar. Manifestó que deseaba volver a México, vía Francia, y reunirse con su familia, cuya dirección era el número 125 de la calle de Independencia, en El Paso, México (sic). De su destino posterior no quedó huella.

Dos infiernos

A 34 kilómetros de Berlín se construyó el campo de Sachsenhausen. En un principio esta prisión fue diseñada para albergar prisioneros políticos. Más tarde, como en casi todos los casos, alojó víctimas de todo tipo: homosexuales, judíos, testigos de Jehová, gitanos y soldados rusos.

El 2 de julio de 1944 el mexicano Fernando González fue recluido en el bloque 1 del anexo de Falkensee, dentro de Sachsenhausen. Tenía 30 años y en su ficha de internamiento se indica que nació en Tehuacán, México, y que era leñador.

Al igual que a los demás, a González lo arrestaron y deportaron desde Burdeos. El 7 de junio de 1944 lo ingresaron en el campo de concentración de ­Neuengamme, cerca de Hamburgo. Ahí permaneció menos de un mes y luego fue trasladado a Sachsenhausen, donde le asignaron el número 84467 y se le catalogó como preso político.

Muchos de los prisioneros de este campo fueron empleados como mano de obra esclava para la industria armamentista instalada en la región de Berlín. Al ser ingresado a Falkensee se puede suponer que González fue obligado a realizar trabajos forzados de este tipo. Sin embargo no existe algún otro documento que arroje datos sobre su suerte.

Ante la inminente derrota, a finales de abril de 1945 los nazis desalojaron el campo. El Ejército Rojo liberó a los presos el 2 de mayo y de González ya no había rastro.

Mauthausen, en la Austria anexada, fue construido en una colina desde la cual se dominaba el Danubio, a unos 20 kilómetros de Linz. Tenía el aspecto de una fortaleza con un muro de granito y torres de vigilancia. Inició sus operaciones en agosto de 1938 y a partir de 1940 comenzaron a llegar los prisioneros extranjeros. Primero fueron polacos y luego republicanos españoles.

En esta prisión hay registro de por lo menos dos mexicanos: Luis Moch Pitiot, número de preso 5035, y José Sánchez Moreno, número 4944. Si bien la lista de la Fundación para la Memoria de la Deportación ubica a estos hombres como nacidos en México, el banco de datos de Mathausen los tiene registrados como españoles. En ambos casos se establece que el motivo de la detención fue por ser rotspanier, esto es españoles “rojos” o socialistas. No se sabe si sobrevivieron a los trabajos forzados del campo o si fueron liberados.

Como en los otros casos, sólo se conoce su existencia por los registros de las prisiones donde vivieron el terrible episodio de la historia protagonizado por el nazismo y porque sus nombres quedaron vinculados a México.

Publicado en el número 1891 del semanario Proceso. (Enero, 2013).

 

 

 

Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad (1930-1980)

Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad (1930-1980)

La exposición organizada por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED, es un recorrido por los objetos, audiovisuales y documentos que marcaron la vida de las mujeres en el siglo XX. En la Sala Prado del Ateneo de Madrid hasta el 10 de febrero.

Las comisarias de la exposición Mujeres bajo sospecha. Memoria y sexualidad (1930-1980) son la Doctora en Sociología y profesora de Sociología del Género de la UNED,Raquel Osborne y María Rosón que nos proponen un recorrido temático y no lineal entre lo íntimo y lo público, lo popular y las élites, lo anónimo y los personajes con nombre y apellidos.

La muestra se divide en cinco áreas temáticas
– Las modernas
– Individuas de dudosa moral
– Las domesticadoras
– Las decentes
– ¿Las liberadas?

En la década de los 30 del siglo XX las mujeres comienzan a acceder al espacio público y a romper moldes. Cantantes, deportistas, artistas o escritoras fueron pioneras en cortarse el pelo, utilizar pantalones, fumar y conducir vehículos. Impulsaron ideas y cambios sociales que nos acercaron a la modernidad.

El cuerpo de las mujeres fue considerado en el franquismo, con la ayuda de la ideología católica, un elemento contaminado y pecaminoso. Se utilizaron todo tipo de recursos para castigar, someter, reeducar e invisibilizar a estas individuas de dudosa moral. Es la época de estudios psiquiátricos sobre la perversión moral y la naturalización de la sumisión femenina, pero también de otros sobre la vida sexual secreta en las mujeres de la posguerra, con datos sobre masturbación, relaciones extramatrimoniales y homosexualidad femenina.

Tras la guerra civil, el papel social y cultural de las mujeres registra un retroceso. La dictadura propugna dos estereotipos: las mujeres honradas y las mujeres caídas. Para domesticar a las niñas precisamente utiliza a mujeres: monjas y falangistas, que utilizan para la educación el mando, la acción y la masculinidad, unos valores muy alejados de los tradicionales que promulgaban.

Durante la dictadura, se diseñó y trató de implantar un modelo de mujer doméstica al alcance de todas las clases sociales donde la maternidad era concebida como un servicio a la patria: ser buenas y sacrificadas madres constituirá la misión principal de las mujeres decentes. Para tal fin se utilizaron todos los medios: publicidad, manuales, películas prensa y literatura.

http://portal.uned.es/portal/page?_pageid=93%2C25977198&_dad=portal&_schema=PORTAL

Los 33 días del Guernica. Entrevista con Carlos Saura.

En el número 107 de la Revista de la Universidad se publicó una entrevista a Carlos Saura, uno de los máximos exponentes del cine español.

Entrevista con Carlos Saura
Los 33 días del Guernica

Guadalupe Alonso

La fascinación y el diálogo entre el cine y la pintura han dado como resultado múltiples obras célebres. Guadalupe Alonso entrevista a Carlos Saura ―uno de los máximos representantes del cine español― acerca de su próximo proyecto: la filmación de cómo Picasso pintó el célebre Guernica, una de las obras maestras del arte pictórico en el siglo XX, al tiempo que, en su conversación, surgen la sombra del franquismo, la impronta de Buñuel y las relaciones entre el arte y la política.

“Flamenco”, “El jardín de las delicias” y “Cría cuervos”, entre una extensa filmografía, han sido quizá las películas que definieron el carácter cinematográfico de uno de los directores españoles más reconocidos: Carlos Saura (Huesca, 1932). Su relación con México es añeja. Aquí filmó Antonieta, la inquietante historia de Antonieta Rivas Mercado. Una y otra vez ha vuelto a este país; su más reciente visita fue en 2011 para recibir el doctorado Honoris Causa por la UNAM. “Es un gran honor”, comenta Saura, “quiero mucho a México, lo digo de verdad y me parece estupendo que se hayan acordado de mí para este reconocimiento”. La charla con él fue precisamente en este marco. Un día antes de la ceremonia nos encontramos en el vestíbulo de un hotel en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Había llegado la noche anterior desde España y para el mediodía llevaba ya varias horas atendiendo a los medios; no obstante, conservaba el buen humor y la elocuencia. Comenzamos por hablar sobre su próximo trabajo, una película sobre el Guernica, de Picasso.

Un proyecto que me parece muy interesante. Me lo han propuesto españoles y franceses. Trata de los treinta y tres días que tardó Picasso en pintar el Guernica. También sobre su relación con Dora Maar y, en fin, todo el proceso que consumió Picasso en pintar un cuadro que le había sido encargado por la República española. Por eso la pintura está ahora en España. Había estado en Nueva York y cuando Franco murió el gobierno español lo reclamó y vino a España. Dora Maar juega un papel importante. Era una fotógrafa estupenda, una mujer muy interesante. Fue la única que registró todo el proceso delGuernica y los diseños de la obra. Eso consta, existen las fotografías.

Saura comenzará a rodar esta película en febrero de 2013 en el País Vasco y Francia.

Es una ficción, aunque más bien está dentro de ese terreno que a mí me gusta mucho que ya no sabemos lo que es, si documental o ficción pura. Hay una historia en proceso, una evolución de Picasso, de sus amores. También de los republicanos que había en ese momento en París: Luis Bergamín, Juan Larrea, Max Aub, que luego estuvieron aquí en México.¿Qué significado ha adquirido el Guernica con el paso del tiempo? ¿Qué representa para la España contemporánea?

El Guernica ya ha pasado de lo que podía ser un cuadro sobre la guerra española. Ha pasado ese umbral y se ha convertido en el símbolo contemporáneo, el único, el más fuerte, el más potente sobre los desastres de la guerra, siguiendo el tema de Goya. He leído que ahora se está poniendo una muestra muy interesante de Munch, con El grito. Y es lo mismo, hay imágenes que pertenecen ya a la humanidad, que corresponden a esa especie de angustia de guerra, de la brutalidad de la guerra. Creo que el Guernica ya no pertenece a ningún partido, es simplemente un cuadro maravilloso sobre la guerra.

¿Qué significó dirigir cine en la España franquista?

La entrevista completa está en:
http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs/files/journals/1/articles/233/public/233-1645-1-PB.pdf

 

 

Cincuenta años de Joaquín Mortiz. Una aventura intelectual

 En la edición de la Revista de la Universidad que está en circulación (Enero, 2013. Nº 107) aparece un interesante reportaje sobre la editorial Joaquín Mortiz y Joaquín Díez-Canedo, su fundador.

Cincuenta años de Joaquín Mortiz 
Una aventura intelectualVíctor RonquilloNo se podría comprender la literatura mexicana contemporánea sin la editorial Joaquín Mortiz, fundada por Joaquín Díez-Canedo Manteca. Con testimonios de diversos autores y editores, Víctor Ronquillo recorre el medio siglo de la existencia de un sello canónico para las letras mexicanas.

I
Para definir lo que Joaquín Mortiz representa para la literatura mexicana, puede imaginarse lo que sería ésta sin obras de autores como Paz, Del Paso, Ibargüengoitia, Arreola, Xirau, Sabines, Elizondo, Leñero… Cinco décadas después de su fundación puede decirse que la apuesta de Joaquín Díez-Canedo por la literatura mexicana resultó ganada.

Vicente Leñero se encuentra frente a su máquina de escribir, una pequeña, portátil. Ésta luce en el corazón de su estudio de veterano escritor, en su casa de San Pedro de los Pinos, en la Ciudad de México. Lo que le ocurrió a Leñero es una experiencia similar a la de muchos lectores de los libros publicados por Joaquín Mortiz: un libro resultó crucial en su vida. Fue a finales de 1963. El joven escritor llamado Vicente Leñero llegó a las oficinas de la editorial con una de sus más representativas novelas, Los albañiles, bajo el brazo; venía de sufrir una decepción. Después de un año de espera, la novela, en la que había trabajado por un año con el apoyo del Centro Mexicano de Escritores, había sido rechazada por el Fondo de Cultura Económica. Tiempo después, cuando se publicó como ganadora del premio Biblioteca Breve de Seix Barral, uno de los más importantes de entonces, todo cambió, y no sólo en la vida de Leñero, también en la literatura mexicana contemporánea.

El texto completo está en:
http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs/files/journals/1/articles/241/public/241-1709-1-PB.pdf

El doctor Agustín Rayo impartirá la Cátedra José Gaos 2013 en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM

CÁTEDRA JOSÉ GAOS 2013
“La construcción del espacio de posibilidad”
Agustín Rayo
Instituto de Investigaciones Filológicas (UNAM).El doctor Agustín Rayo (del MIT) impartirá la Cátedra José Gaos 2013 los lunes y miércoles de enero.Los esperamos en la Sala José Gaos, del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM a las 12:00 hrs.

El enfoque central de las conferencias será el ‘espacio de posibilidad’, es decir, el conjunto de alternativas con las que trabajamos cuando nos preguntamos cómo es el mundo. Defenderé la tesis de que nuestra concepción del espacio de posibilidad no es independiente de nuestras mejores hipótesis acerca de cómo es el mundo. Parte de lo que hacemos cuando investigamos el mundo es desarrollar una concepción del espacio de posibilidad.

Uno de los hilos conductores del proyecto es la oposición entre realismo y anti-realismo. Argumentaré que hay un hecho objetivo acerca de cómo es el mundo, pero que no es claro que tenga sentido hablar de objetividad sin antes haber tomado una decisión práctica acerca de qué concepción del espacio de posibilidad adoptar.

– P r o g r a m a –

Lunes 14
Sesión 1 Introducción
¿Qué es el espacio de posibilidad, y en qué sentido lo construimos?

Miércoles 16
Sesión 2 Lenguaje y mundo
¿Qué tipo de correspondencia existe entre nuestro lenguaje y la realidad que representa?

Lunes 21
Sesión 3 El espacio de posibilidad
¿Cómo debemos escoger entre diferentes concepciones del espacio de posibilidad?

Miércoles 23
Sesión 4 Las matemáticas y el espacio de posibilidad
¿Es correcto pensar en las proposiciones matemáticas como descripciones del mundo?

Lunes 28
Sesión 5 Cómo creer en verdades necesarias
¿Cómo podríamos modelar logros cognitivos que no dividan al espacio de posibilidad?

Miércoles 30
Sesión 6 Mundos posibles
¿Cómo podríamos recuperar un espacio de mundos posibles a partir de nuestro espacio de posibilidad?

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El caso de las víctimas del franquismo

La España olvidada:

EL CASO DE LAS VÍCTIMAS DEL FRANQUISMO

Guiomar Acevedo López

Hablar de las víctimas de la Guerra Civil Española y del franquismo en el año 2012, lamentablemente nos obliga a hablar de la instrumentalización del olvido y la ausencia de justicia en España durante casi ochenta años.

Que el que triunfo militar del franquismo supuso un golpe terrible para España y cuatro décadas de atroz represión, es bien sabido. Pero, ¿por qué es que casi cuarenta años después de terminada la dictadura franquista continúan impunes los crímenes de este régimen autoritario?

Resultaría impensable que en Alemania algún político se declarase heredero del nazismo; la capitulación de la Segunda Guerra Mundial “significó un castigo implacable para la Alemania nazi, la Italia de Mussolini y el Japón post-Hiroshima: reconfiguraciones territoriales, desmilitarización, desnazificación, democratización, imposición de zonas de ocupación aliada, instauración de tribunales para la persecución de criminales de guerra, reasentamiento de poblaciones en el exterior, pago de reparaciones por daños de guerra, rendiciones humillantes y la imposibilidad de reorganizar ejércitos, fueron sólo algunas de las sanciones impuestas. Sin embargo, ningún escarmiento similar le fue impuesto a la España franquista.”[1] Esto se explica de manera muy sencilla: Franco nunca fue derrotado y, por lo tanto, nunca tuvo que enfrentarse a ningún tipo de cuestionamiento o juicio, nacional o internacional.

En el caso de España, sólo un periodo de laxo aislamiento pretendió castigar al totalitarismo franquista y, aunque en varias ocasiones le fue negada a España la posibilidad de reintegrarse a la comunidad internacional, este desdén fue pronta e intencionalmente disuelto ante el imperativo geopolítico de oponerse al bloque comunista.[2]

Tras la muerte del dictador, los legados del franquismo se mantuvieron vigentes en las instituciones españolas y, hasta la fecha, los derechos a la justicia, a la verdad y la reparación de las víctimas de los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo continúan siendo denegados en España.

Elaborar un estado de la cuestión del caso de las víctimas del franquismo, requiere, en primera instancia, tomar en cuenta que, tras el golpe militar del 18 de julio de 1936 España quedó dividida en dos bloques: los territorios donde triunfó la sublevación y los territorios donde fracasó. Es decir, en media España no hubo realmente una guerra civil, sino únicamente el golpe militar y la subsecuente represión; por lo tanto, las víctimas fueron de un solo bando.[3]

En las provincias, ciudades o pueblos en los que triunfó el golpe militar franquista la represión fue establecida desde el primer momento. Cabe recordar que, por ejemplo, el asesinato del poeta Federico García Lorca ocurrió tan sólo a un mes de la sublevación franquista.

Esta estrategia represiva tenía como propósito el férreo control de la población en un contexto en el que los franquistas se sabían minoría, por lo que decidieron ejecutar un plan de exterminio sistemático de la oposición: no es fortuito que los territorios donde triunfó la sublevación sean en los que actualmente se localizan la mayoría de los casos de búsqueda de desaparecidos y de fosas comunes no identificadas.[4]

La división de España por bandos, por lo tanto, significó que desde un principio hasta la actualidad, el trato que recibieron las víctimas de cada bando fue totalmente distinto y con el triunfo definitivo de Franco esta situación sólo podía empeorar: el régimen franquista se dedicó a callar las voces republicanas y opositoras supervivientes en España vía la implementación de mecanismos de represión “legal” que incluían la tortura, la exclusión y la discriminación social, ejecuciones extrajudiciales, prisión política, depuraciones, internamiento en campos de concentración y control, trabajo forzado y exilio. Durante los casi cuarenta años de dictadura franquista, oficialmente sólo hubo muertos de un lado, sólo se reconocieron las fosas comunes de los caídos por “Dios y por España” y sólo se recordó la violencia revolucionaria infringida por los “rojos”.[5]

Para 1975, Francisco Franco había permanecido en el poder durante más de tres décadas gracias al equilibrio de intereses nacionales e internacionales y a la implementación de una represión constante. Tras la muerte de Franco, las principales instituciones del régimen no sólo no fueron purgadas, sino que fueron heredadas a la Transición; tampoco se crearon Comisiones de la Verdad, ni fueron juzgados los responsables de las torturas, las desapariciones, los asesinatos y otras violaciones a los Derechos Humanos cometidos durante la Guerra Civil o la dictadura. Sin embargo, el éxito del “modelo reformista” de la Transición democrática española ha sido explicado como el resultado de un supuesto “sentimiento de culpabilidad colectiva por las atrocidades de la guerra, sin el cual no se puede entender la amnistía mutua y recíproca que acaban concediéndose los contendientes políticos, esto es, la ausencia de justicia política”.[6]

Esta ausencia de justicia durante la Transición implicó que, al momento de negociar las bases del nuevo régimen, las definiciones jurídicas con las que se registraron los hechos acometidos sesenta años antes procurarán correr un tupido velo sobre los crímenes del franquismo para favorecer la permanencia del estatus quo. Por ejemplo, todavía después de 1978, en los registros de defunciones “se sigue poniendo como causa de fallecimiento: ‘A consecuencia de la guerra civil de 1936-1939’ o ‘Acción directa de la Guerra Civil Española’ y […] siguiendo el artículo 277 de la Ley de Registro Civil, se especifica que se evite ‘que se refleje en la inscripción que la muerte se causó en ejecución de la pena capital’, dándose con ello a vulgares asesinatos cometidos por bandas fuera de la Ley la condición de ‘ejecución de la pena capital’. Así, quien se acerque a esos libros, leerá que las víctimas de la represión franquista murieron a causa de ‘hechos violentos de la guerra civil española de 1936 a 1939’.“[7] Estas tergiversaciones jurídicas, así como la aplicación de mecanismos de memoria selectiva y de olvido por conveniencia tornaron impugnables los crímenes del franquismo.

En octubre de 1977, como preludio a la Constitución de 1978, el gobierno de la Transición hizo entrar en vigor la Ley de Amnistía con la aprobación de la gran mayoría de los grupos parlamentarios. La ley de Amnistía hizo posible, por una parte, la liberación de los presos políticos que habían poblado las cárceles franquistas desde 1939, pero, por otra, significó la exculpación absoluta de todos aquellos que fueron parte del régimen franquista, pues dicha ley, en tanto que ley de punto final para el franquismo, contiene dos artículos que explícitamente impiden perseguir a los torturadores del régimen y a todos aquellos que hubieran cometido abusos de poder durante la dictadura.[8]

En 1999, Fernando Álvarez Miranda, ex Defensor del Pueblo de España, comentaba en entrevista con El mundo que “en la transición se pagó un precio muy duro […] En este país hubo gente que sufrió tantas injusticias, que pasó tanto, tanto, sin darles la satisfacción del reconocimiento de lo que habían sido esos crímenes y abusos. Porque no nos olvidemos de que el general Franco hizo una cosa que fue la Causa General. Un estudio hecho desde el Ministerio de Justicia en el que se consignaron todos los crímenes cometidos en la zona republicana. Este libro está ahí, y se publicó ¿Y la Causa General de la otra parte? ¿Por qué no se hace? […] ¿Por qué se niega a los españoles el conocer las muchas atrocidades que se cometieron durante el franquismo? […] Ni la magistratura, ni el Ejército, ni las Fuerzas de Seguridad sufrieron una transformación democrática como el resto de la sociedad.”[9]

Las reparaciones a las víctimas del franquismo han sido tardías, escasas e incompletas. No fue hasta el 17 de marzo de 2006, que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa aprobó un texto en el que condenaba las “graves violaciones de Derechos Humanos cometidas en España entre los años 1939 y 1975” y exhortaba al gobierno español a establecer mecanismos estatales para responsabilizar a los victimarios y resarcir daños a las víctimas.[10] Obligada por la Comunidad Europea, España tuvo que volver la mirada hacia su pasado y el 31 de octubre de 2007 aprobó la Ley de Memoria Histórica.

Los más de treinta años de retraso de la Ley de Memoria Histórica han sido justificados por la dificultad que suponía compensar materialmente a víctimas de crímenes perpetuados hace tantos años. Víctimas que, precisamente, por la larga duración del régimen, en muchos de los casos ya habían muerto o se encentraban en el exilio.[11]

Sin embargo, y pese a que la Ley de Memoria Histórica continúa sin representar un verdadero resarcimiento de daños para las víctimas del franquismo, las nuevas generaciones se niegan a aceptar el pacto de silencio y desmemoria de la Transición. En palabras de Lourenzo Fernández Prieto, “el pasado se hace presente porque siempre estuvo ahí. […] La recuperación de la memoria histórica de los vencidos de la guerra, además de una Asociación que merece reconocimiento, es un estado de ánimo histórico.”[12]

El afán de recuperación de la memoria histórica, dentro y fuera de España, ha logrado, entre otras cosas, que se documente y divulgue el desinterés en investigar los crímenes del franquismo y resarcir los daños a las víctimas, pues, al día de hoy, las denuncias de las víctimas y sus familiares continúan siendo desestimadas en el Tribunal Supremo español: en mayo de 2012, la sección española de Amnistía Internacional reportaba que había detectado “una lamentable evolución en los criterios utilizados por los jueces españoles para desestimar los casos. […] El Tribunal Supremo sostiene que la ausencia de tipificaciones de los crímenes de derecho internacional en España cuando ocurrieron los hechos, impide su enjuiciamiento debido al llamado “principio de irretroactividad de la ley penal” (es decir, que las leyes penales sólo producirían efectos a partir de su entrada en vigor). Siguiendo este razonamiento, el Tribunal Supremo estima, entre otros argumentos, que la costumbre internacional era demasiado vaga para ser vinculante. [Sin embargo], para el derecho internacional la ausencia de codificación por un Estado de los crímenes de derecho internacional al tiempo de su comisión no es en absoluto un obstáculo que permita eludir la obligación de investigarlos.”[13]

Por otra parte, las conductas que constituyen crímenes de guerra fueron previstas por las Convenciones de La Haya de 1899 y de 1907, por lo que, en el momento en el que se cometieron los crímenes del franquismo, tales conductas ya constituían crímenes según el derecho internacional.[14]

Además, el Estatuto Militar Internacional de Nuremberg de 1945, si bien sólo recogió por escrito conductas que ya eran consideradas criminales por la costumbre internacional, las circunscribió a un límite temporal que incluyó el periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo, los crímenes contra la humanidad, son definidos como “los actos inhumanos cometidos contra la población civil antes de la guerra o durante la misma”.[15] Esto quiere decir que, la represión franquista podría incluso ser juzgada en el marco de la legislación internacional sobre crímenes de guerra y contra la humanidad resultante de los procesos de Nuremberg.

En este sentido, la negativa del Tribunal Supremo de España a reconocer e investigar los crímenes del franquismo, denota que el sistema actúa como juez y parte, busca esconder la continuidad, tanto en leyes como en individuos, del régimen franquista en las instituciones gubernamentales de la España actual y ha dejado a las víctimas en el desamparo judicial. Esto obliga a reconocer que la única vía alternativa para garantizar la reparación de daños y los derechos a la justicia y a la verdad de las víctimas y de sus familiares, es que la comunidad internacional asuma su responsabilidad y ejerza el principio de jurisdicción universal para investigar los crímenes de derecho internacional cometidos en España durante la Guerra Civil Española y la dictadura franquista.

NOTAS

[1] Acevedo López, Guiomar, Entre memoria y olvido: ochenta años del pasado contemporáneo español, Limusa-Morados, México, 2011, p. 141.

[2] Ídem.

[3] Cf. Francisco Espinosa Maestre: “La memoria de la represión y la lucha por su reconocimiento (En torno a la creación de la Comisión Interministerial)”, HISPANIA NOVA, Número 6, 2006, p. 8.

[4] Cf. Ibidem, p. 8-9.

[5] Cf. Acevedo, op. cit., p. 110.

[6] Aguilar, Paloma: “Justicia, política y memoria: los legados del franquismo en la transición española”, Estudio/Working Paper, Universidad Nacional de Educación a Distancia, 2001, p. 12.

[7] Espinosa, op. cit., p. 18.

[8] Cf. Aguilar, op. cit., p. 19.

[9] Palabras de Fernando Álvarez Miranda, ex Defensor del Pueblo, entrevista en El Mundo del 5 de diciembre de 1999, p. 8.

[10] Cf. El País (18/10/2007): “Claves para entender una ley histórica”. [En línea.] Disponible en:

http://www.elpais.com/articulo/espana/Claves/entender/ley/historica/elpepiesp/20071018elpepinac_2/Tes?print=1. Fecha de acceso: octubre 20, 2007.

[11] Cf. Acevedo, op. cit., p. 128.

[12] Fernández Prieto, Lourenzo. Facendo historia con memoria, tresCtres, La Coruña, 2009, p. 55.

[13] Sección española de Amnistía Internacional: “Casos cerrados, heridas abiertas. El desamparo de las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo en España”, Resumen ejecutivo, Madrid, 2012, p. 7.

[14] Cf. Ídem.

[15] Estatuto Militar Internacional de Nuremberg de 1945. [En línea.] Disponible en: http://www.ehu.es/ceinik/tratados/7TRATADOSRELATIVOSACRIMENESDEGUERRA/CG73.pdf

Fecha de acceso: noviembre 9, 2012.

Promueve el Aktives Museum de Berlín que una calle de esta ciudad lleve el nombre de Gilberto Bosques

La dignidad diplomática

Yetlaneci Alcaraz.

 Berlín.- Que el Aktives Museum de Berlín promueva una iniciativa para que una calle de esta ciudad lleve el nombre de Gilberto Bosques es una forma de honrar la memoria del diplomático mexicano que en una Europa convulsionada por la Segunda  Guerra Mundial rescató de la muerte a cerca de 49 mil hombres, mujeres y niños.

“La exposición sobre Gilberto Bosques es un primer paso para reconocer su labor y esperamos que tenga éxito el proyecto para que una calle de Berlín lleve su nombre”, comenta en entrevista Cristine Fischer-Defoy, curadora de la exposición Última huida a México. Gilberto Bosques y el exilio alemán, 1939.

Con el apoyo de diversas instituciones y personas, entre ellas Laura, hija del diplomático, el Aktives Museum de Berlín reconstruyó para el público alemán la labor diplomática de Bosques durante los duros años del nazismo.

El trabajo de Bosques en Europa, junto con el de un grupo de diplomáticos mexicanos, se circunscribió a las directrices de la política exterior del gobierno de Lázaro Cárdenas, quien abrió las puertas de México a los republicanos españoles y a los perseguidos políticos de los gobiernos fascistas de la época, sobre todo el alemán.

Es conocido el apoyo que Cárdenas brindó a más de 25 mil españoles que huyeron a Francia luego de la derrota republicana. Se sabe menos del que México dio a cientos de alemanes y austriacos, en su mayoría políticos y artistas, perseguidos y amenazados por el régimen de Hitler.  En ambos casos la figura de Bosques fue determinante.

En enero de 1939 el diplomático mexicano llegó a París en una Europa convertida en un polvorín. Poco después ocurrió la derrota de la República Española. En unas cuantas semanas medio millón de republicanos cruzaron la frontera con Francia como refugiados. Entonces comenzó el trabajo de los diplomáticos mexicanos, cuya cabeza en ese momento era el embajador Narciso Bassols.

Figura salvadora

En el verano de 1949 Bosques se convirtió en un protagonista de la historia cuando el ejército alemán ocupó gran parte de Francia. La embajada mexicana se estableció en Vichy y el consulado general en Marsella.

“Por órdenes del gobierno mexicano Bosques se ocupó no sólo de brindar apoyo y protección a más de 10 mil refugiados españoles sino también a todos los perseguidos políticos y por motivos de raza del fascismo. Alrededor de mil refugiados germanoparlantes recibieron por parte de él una visa de entrada a México. El cónsul general se convirtió para los perseguidos en una figura salvadora en la que depositaron sus esperanzas”, se indica en la exposición.

En 1993 Bosques, con 101 años, concedió una entrevista a la periodista alemana Sybille Flaschka. En ella narró sus vicisitudes para cumplir con el objetivo que le encomendó Cárdenas.

—¿Es cierto que comenzó el trabajo el trabajo en un garage? —le preguntó Flaschka.

— “Sí, desde las cinco de la mañana comenzábamos a distribuir los vales para la comida y el hospedaje en hoteles. La gente recibía estas cartitas para tener algo que comer ante las difíciles condiciones en que vivían. Más tarde tuvimos la posibilidad de mudarnos a espacios mucho más grandes, en donde el consulado general pudo retomar su actividad diaria y organizarse para brindar apoyo en todas las áreas que consideramos importantes como alimentación, hospedaje y documentos.

Los espacios grandes a los que se refirió Bosques son un par de castillos La Reynard y Montgrand, que la representación mexicana rentó para dar cobijo a los refugiados españoles y realizar el trabajo burocrático que significaba dotar de documentos legales para su salida a México a más de 20 mil personas.

“En Reynard estuvieron un promedio de 850 a 900 hombres. Algunas veces la cifra subió a más de mil. A un lado se encontraba el castillo de Montgrand para mujeres y niños, donde naturalmente otros aspectos eran los más importantes. Los niños eran alimentados con comida saludable y muy buena. Había una escuela y se tenían actividades culturales. También contábamos con pediatras. Montgrand representó, sobre todo para los niños pobres, un gran cambio porque pudieron tener de nuevo esperanzas dentro de una atmósfera amigable.

“Para algunos niños que fueron rescatados de campos de concentración y que presentaban anemia y desnutrición severa alquilamos en los Pirineos una casa de montaña. Los cuáqueros pusieron a nuestra disposición personal médico, trabajadores sociales y enfermeras. Nosotros asumimos los costos de la renta, alimentación y demás. Fueron cerca de 80 niños los que se hospedaron ahí y que lograron recuperarse a través de este programa especial. Más tarde, cuando fuimos deportados a Alemania, por lo menos tomamos provisiones para financiar un año más el programa”, recordó el diplomático. Entre toda la gente que recibió la ayuda coordinada por Bosques hubo austriacos y alemanes.

“Eran mujeres y hombres valientes que habían logrado escapar de la Gestapo (la policía secreta del Estado alemán) y que trabajaron mucho en la resistencia contra Hitler. En la regla se trató de miembros de los partidos socialista y comunista. Nuestro encargo fue protegerlos y apoyarlos. Teníamos que encontrar una solución razonable, en el sentido de brindarles a todos ellos como fuera posible una oportunidad”, dijo Bosques.

El diplomático y su equipo se ocuparon de conseguir hoteles para que pernoctaran los miembros de las Brigadas Internacionales que combatieron en la Guerra Civil española. Muchos de estos personajes tenían que vivir en la clandestinidad y sólo podían acudir al consulado mexicano en las madrugadas para recoger sus visas o para la toma de fotografía que se requería para expedirles sus documentos.

“Algunos requerían ser maquillados a esas horas y venían con nombres falsos para poder salir del país. Para los españoles eso no fue el caso; pero sí para los refugiados de Alemania e Italia”, recordó.

Prisioneros de los nazis

La labor humanitaria de Bosques terminó en noviembre de 1942 con la ocupación del sur de Francia por las tropas alemanas. Al mismo tiempo México le declaró la guerra a Alemania, lo que significaba también la ruptura de relaciones diplomáticas con Francia. En su calidad de representante del gobierno mexicano, Bosques tuvo que comunicar tal decisión a las autoridades francesas. Éstas le negaron protección al diplomático mexicano y a su equipo; además los detuvieron en el balneario de Amélie-les-Bains para después, por orden del régimen nazi, ser deportados a Alemania, al pueblo de Bad Godesberg.

Las delegaciones mexicanas en Vichy y en Marsella fueron cerradas por los alemanes que apresaron a todo el personal de la embajada y consulado mexicanos, 43 personas. De febrero de 1943 a marzo de 1944 Bosques, su familia y los diplomáticos mexicanos vivieron recluidos en el Rheinhotel Dreesen. Sobre este momento de la historia Bosques recordó en la entrevista:

“Cuando llegamos a Bad Godesberg, el representante del gobierno alemán nos convocó a una reunión. En todo momento nos trató como representante de grupo y no como jefe de misión, pues no reconocían nuestro estatus como diplomático. Nos leyó el reglamento que debíamos seguir, el cual era muy estricto y no nos permitía ninguna libertad de movimiento. Tras la lectura insistí en una charla con el señor. Él se rió y dijo que no sabía de qué podíamos hablar.

“Le manifesté que todo el personal mexicano se sometería al reglamento que acababa de leernos porque México estaba en guerra con Alemania y por ello éramos prisioneros de guerra. Que podía estar seguro de que no pediríamos ninguna excepción, ninguna gracia sobre esas disposiciones, pero que tampoco aceptaríamos ningún trato vejatorio, como acostumbraban ellos con los prisioneros”.

Refirió que las condiciones de vida durante el tiempo  –más de un año–  que vivieron como prisioneros fueron difíciles. “No podíamos salir ni tampoco tener acceso a tratamiento médico sin la vigilancia de los soldados. La comida era muy mala. Cuando pienso en ello me acuerdo de las papas fritas que tenían muy poca grasa. (La comida consistía en) un solo plato con un pedacito de pan y media salchicha. Durante todo el tiempo que duró nuestro arresto comimos sólo una vez un huevo y una taza de café con consomé de pollo”.

Pese a todo, recordó, el grupo de mexicanos guardó en todo momento un comportamiento firme. “Tuvimos un comportamiento distante pero amable. No más. Nadie pidió nunca un favor y eso los alemanes también lo respetaron”.

Gracias a un acuerdo que alcanzó el presidente Manuel Ávila Camacho, Boques y el resto de los mexicanos fueron canjeados por prisioneros alemanes y volvieron a México en abril de 1944. A su llegada a la capital mexicana miles de refugiados españoles, alemanes y judíos los recibieron como un héroe.

Publicado en la revista Proceso. Nª 1888. Enero 6 de 2013. (Págs. 50-51).

 

 

 

 

 

 

 

José Pascual Buxó. La poética en la memoria.

José Pascual Buxó
La poética en la memoria

Françoise Perus

En este texto, leído el año pasado con motivo de los ochenta años de José Pascual Buxó, Françoise Perus destaca el diálogo que el catedrático hispanomexicano —entre cuyos títulos destacamos César Vallejo, crítica y contracrítica, Memoria de la poesía y Las figuraciones del sentido: ensayos de poética semiológica— ha sostenido, en su obra poética, crítica y académica, con la palabra a través del estudio y la imaginación.

El texto completo lo encuentran en: http://www.revistadelauniversidad.unam.mx/ojs/files/journals/1/articles/175/public/175-1270-1-PB.pdf

Día Internacional del Migrante. 18 de diciembre.

DÍA INTERNACIONAL DEL MIGRANTE

18 de diciembre de 2012

DECLARACIÓN INSTITUCIONAL

Aunque el movimiento ha sido una constante en el ser humano desde su nacimiento como especie y las migraciones son un fenómeno natural inherente a la humanidad, el reciente aumento de los flujos migratorios llevó en el año 2000  a la Asamblea General de las Naciones Unidas a proclamar el día 18 de diciembre como Día Internacional del Migrante.

España, como Estado miembro de la ONU en cuyo territorio viven más de 5 millones de personas extranjeras y con casi 2 millones de nacionales residentes en el exterior, se suma a la celebración de este Día Internacional del Migrante con el objetivo de contribuir a la toma de conciencia sobre los movimientos migratorios en un mundo global, informar sobre los derechos y libertades fundamentales de los migrantes, rescatar la memoria de sus experiencias e impulsar medidas de protección para aquellos que son más vulnerables.

Inmigración y emigración son anverso y reverso de un mismo fenómeno. Quienes son emigrantes para su país de origen son inmigrantes en el de acogida y todos, en mayor o en menor medida, fruto de su situación de partida, participan de semejantes anhelos. Como recuerda la ONU, las migraciones internacionales contribuyen al desarrollo de los países de origen y los países de destino, siempre y cuando se respeten los derechos y las libertades de todos los migrantes en un marco de cooperación internacional.

En el caso de España, en la actualidad confluyen varios factores en la configuración del perfil de los nuevos migrantes, que no pueden soslayarse en el momento de atender a sus demandas y necesidades: el incremento del protagonismo de la mujer, la existencia de un amplio colectivo de ciudadanos españoles nacidos fuera de España o en nuestro país de padres extranjeros (las llamadas segundas e incluso terceras generaciones), la difuminación de la frontera entre desplazados forzosos y migrantes voluntarios que llegan a nuestro país, la protección especial que requieren los menores y quienes son víctimas de violencia, la salida en busca de oportunidades laborales y mejoras profesionales de jóvenes altamente cualificados,…

Si facilitar la salida de quienes tienen el deseo o sienten la necesidad de emigrar, ayudar a quienes viven fuera y garantizar los derechos y la integración de quienes llegan son tareas irrenunciables, no lo es menos favorecer el retorno de quienes quieren volver, pues facilitar ese regreso es un acto de justicia y además quienes regresan, en igual medida que el resto de nuestra comunidad, constituyen un auténtico capital social que nuestro país no puede dilapidar, especialmente en el entorno de crisis económica en que nos desenvolvemos.

Para el Gobierno de España, tanto los emigrantes españoles, y sus descendientes, como los inmigrantes extranjeros son parte del presente de nuestro país y actores imprescindibles en la construcción de nuestro mejor futuro.

Y a ese objetivo dedicamos nuestro esfuerzo cada día los hombres y mujeres que trabajamos en la Secretaría General de Inmigración y Emigración, aunque lo recordemos de forma especial en este Día Internacional del Migrante.

Marina del Corral Téllez. 
Secretaria General de Inmigración y Emigración